Salvador Correa patrulla desde la siete de la mañana. Es guardia civil, como su padre, de quien tomó el oficio y el nombre. Trabaja en la Unidad de Seguridad de Toledo y está preparando un puesto de control con su compañero, cerca de Illescas, cuando reciben un aviso: ha habido un alcance de dos trenes cerca de su posición. “No puede ser otro Adamuz”, se dicen entre ellos. Pero se mentalizan para un escenario como el de hace nueve meses. Se ponen dos pares de guantes cada uno, unos simples de látex y otros de material duro para evitar cortes. Tardan unos 20 minutos en llegar Urda. Desde el coche ven a gente caminar con maletas, como “en shock”. Hay efectivos que atienden a heridos atrapados dentro de los convoyes. “Allí olía a lo que había pasado, a los frenos”. Ellos se acercan a un vagón al que todavía no ha accedido nadie. El vehículo está volcado sobre el talud. No lo saben, pero es el más afectado del accidente, el vagón 1 del Iryo, que iba en la cola y fue engullido por el AVE. Muchos de los 69 fallecidos del accidente están dentro, ya sin vida. Salvador se adentra por el suelo, por un hueco de unos 40 centímetros. Tiene que quitarse el chaleco antibalas porque sino, no cabe. Dentro ve los cuerpos inertes. “Solo había silencio”.. Seguir leyendo
Salvador Correa patrulla desde la siete de la mañana. Es guardia civil, como su padre, de quien tomó el oficio y el nombre. Trabaja en la Unidad de Seguridad de Toledo y está preparando un puesto de control con su compañero, cerca de Illescas, cuando reciben un aviso: ha habido un alcance de dos trenes cerca de su posición. “No puede ser otro Adamuz”, se dicen entre ellos. Pero se mentalizan para un escenario como el de hace nueve meses. Se ponen dos pares de guantes cada uno, unos simples de látex y otros de material duro para evitar cortes. Tardan unos 20 minutos en llegar Urda. Desde el coche ven a gente caminar con maletas, como “en shock”. Hay efectivos que atienden a heridos atrapados dentro de los convoyes. “Allí olía a lo que había pasado, a los frenos”. Ellos se acercan a un vagón al que todavía no ha accedido nadie. El vehículo está volcado sobre el talud. No lo saben, pero es el más afectado del accidente, el vagón 1 del Iryo, que iba en la cola y fue engullido por el AVE. Muchos de los 69 fallecidos del accidente están dentro, ya sin vida. Salvador se adentra por el suelo, por un hueco de unos 40 centímetros. Tiene que quitarse el chaleco antibalas porque sino, no cabe. Dentro ve los cuerpos inertes. “Solo había silencio”.. Tratan de buscar a alguien con vida. Hablan a los pasajeros. Les tocan para que reaccionen. Nadie responde. De repente, sí. Una mujer que los escucha empieza a chillar. Se acercan. Es la única. Salvador cree recordar que estaba en el asiento 5. Está totalmente cubierta de fusejale. “Lo que tenía encima era el AVE”. En las fotografías posteriores al accidente se ve al vagón 1 del Iryo, el último, como si estuviera dentro del primero del AVE, que lo arremetió por detrás y se lo comió. Nunca antes en la alta velocidad española un tren había alcanzado a otro en el mismo cantón. Salvador sigue con la mujer. Solo ve su mano y apercibe una pulsera verde. Se la agarra. “Siempre hubo relevo con esa mano, esa mano nunca se soltó”.. Llegan tres bomberos. Entre todos se coordinan para ir agarrando su mano y para retirar el amasijo de hierro, aluminio, plástico… que la mujer tiene encima. Ella no puede moverse. Salvador empieza a ver las heridas en sus piernas. Lleva unos calcetines granates. Por fin su cara. “Tenía los ojos claros, azules”. Al guardia civil se le clava su mirada. Empiezan a hablar con ella. Es importante que siga hablando sin parar para no desfallecer. “Le dije que estuviese tranquila, que se relajase. En ese momento no sientes ni dolor, el cuerpo es inteligente”. Ella cuenta que se llama Almudena, que tiene 32 años y que la pulsera es de una hermandad de Sevilla.. Cuando creen que ya pueden sacarla, algo lo impide. Es su pelo, es lo último que sigue atrapado. Buscan unas tijeras. Ha pasado algo más de una hora desde que Salvador encontró a Almudena. En todo ese tiempo, el guardia civil no piensa “en nada”. Está con el piloto automático, deshaciendo el puzle del AVE que se ha formado sobre Almudena. “No recuerdo de qué color tenía el pelo”. Se lo cortan y unos sanitarios se la llevan en camilla por el hueco de 40 centímetros que queda entre el vagón 1 del Iryo y el suelo. Es la última vez que Salvador Correa ve a Almudena. No sabe si saldrá con vida.. Es en torno a mediodía. Salvador se desplaza hasta el vagón del AVE que arrasó con el vehículo del Iryo en el que iba Almudena. Ya han sacado a los pocos supervivientes que había. El trabajo del guardia civil consiste solo en extraer cuerpos. Así hasta las siete de la tarde. Cuerpos y más cuerpos. Salvador estuvo en la dana realizando funciones de seguridad. Aquello lo describe como una película, pero el accidente de Urda le impacta mucho más. Llega a casa por la tarde con la impotencia como una losa sobre su espalda. “¡He trabajado 12 horas y nadie ha vivido!“. Solo le queda la esperanza de haber ayudado a Almudena. Pero no sabe cuál ha sido su destino. Le atormenta. Tira de contactos en el hospital para localizarla. Solo tiene unos pocos datos: se llama Almudena, tiene 32 años, los ojos azules y una pulsera verde de una hermandad de Sevilla. De la angustia no consigue cenar. Angustia por todo que ha visto en los dos vagones con más víctimas mortales, que prefiere no describir. Y por Almudena. Recibe una llamada antes de irse a dormir. ¡Está viva!.. Al otro lado del teléfono habla Julio. Es el prometido de Almudena. “Solo lloraba, nos daba las gracias, nos decía que somos unos héroes, que habíamos salvado al amor de su vida”. Ella ha sido intervenida, pero “saldrá adelante”. Las 12 horas sin descanso de Salvador han tenido algo de sentido. Al día siguiente no trabaja; le toca descansar. Mantiene conversaciones con Julio. La pareja es de Sevilla, pero viven en Madrid. También los padres de Almudena. Ella viaja a la capital andaluza normalmente un par de veces en semana en tren por trabajo. Como el día del accidente. Desde que Salvador la saca del vagón 1 del Iryo y es trasladada por los sanitarios, está ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario de Toledo. Es uno de los ocho pacientes que continúa en la UCI de ese centro, a los que se suman otros siete en otros hospitales. Almudena tiene heridas y contusiones graves. “Pero se recupera”. Puede hablar, recuerda todo lo que pasó y sabe quién es Salvador.. Es viernes. Salvador ha vuelto a Urda por la mañana. Trabaja en funciones de seguridad en el dispositivo para retirar los trenes. Por la tarde ha quedado con Julio en visitar a la familia de Almudena en el hospital. La primera que lo ve es la hermana de la chica, a la que una enfermera le indica: “¡Este es el que ha salvado a tu hermana!“. Le da un gran abrazo, ella tiene que marcharse y le guía con el resto de la familia. El prometido de Almudena lo abraza también. Ambos lloran juntos. Salvador trae regalos y un mensaje para la mujer que rescató hace dos días del peor vagón de uno de los peores accidentes de trenes de España. “Que ha tenido una gran suerte, que da igual cómo esté ahora, que va a vivir, que se tome una cerveza cuando salga de allí para celebrarlo”. Quiere que Julio se lo diga a Almudena. También le ha traído regalos: varias pulseras y una camiseta de la Guardia Civil, además del parche del cuerpo que llevaba en la camisa el día del rescate.. La familia traslada a Salvador su agradecimiento con más abrazos y palabras de cariño. Él tiene 37 años y novia. Nació en Pamplona, creció en Málaga y, tras varios destinos, recaló en Toledo en 2023. El nombre y el oficio que tomó de su padre cobran hoy más sentido que nunca. “La madre de Almudena me ha dicho: ‘¡Salvador, eres el salvador de mi hija!”. El guardia civil está sentado delante del Hospital Universitario de Toledo. Julio le ha regalado la pulsera de la hermandad de Sevilla de parte de Almudena. La que tenía en la mano que no soltó en la hora de rescate. Tiene los ojos vidriosos mientras relata el encuentro que acaba de ocurrir junto a la UCI. No se explica por qué Almudena sobrevivió a la dramática suerte del vagón 1 del Iryo.. Un compañero ha contado a Salvador que otro hombre de ese vagón 1 del Iryo respondió después también y que fue llevado a un hospital. Este periódico no consigue dar con su paradero. Sí ha confirmado que Almudena iba en el vagón 1 del Iryo. Que tiene 32 años y vive en Madrid. Su familia no quiere hablar por ahora con la prensa. Salvador espera ver a Almudena cuando salga de la UCI.
Dos agentes fueron los primeros en acceder al vehículo de cola del tren que fue embestido en el grave choque. Allí escucharon solo los gritos de una mujer
