En casi un día el decreto contra la crisis por la guerra se ha quedado viejo. El ministro Puente, poco a dado a estas exhibiciones de sinceridad, ha reconocido que ha faltado ambición en las ayudas a los transportistas y ha anunciado nuevas medidas. Así estamos. El oxígeno a los sectores afectados, poco o nada a los ciudadanos, ha llegado tarde y como un parche. Y como las desdichas nunca llegan solas y con el sanchismo es la tónica, los precios subieron un punto en marzo, hasta el 3,3%, su valor más alto desde junio de 2024, por el alza de los carburantes derivada del conflicto en Oriente Próximo. La previsión tampoco invita a la esperanza, sino al pánico. El Banco de España ha avisado de que la inflación puede acercarse al 6% si la guerra se prolonga y de una contracción en la intensidad del crecimiento. Pero el Gobierno insiste en no ajustar el IRPF para que sus arcas no se resientan a costa de los bolsillos de la gente.
El Gobierno insiste en no ajustar el IRPF para que sus arcas no se resientan a costa de los bolsillos de la gente.
En casi un día el decreto contra la crisis por la guerra se ha quedado viejo. El ministro Puente, poco a dado a estas exhibiciones de sinceridad, ha reconocido que ha faltado ambición en las ayudas a los transportistas y ha anunciado nuevas medidas. Así estamos. El oxígeno a los sectores afectados, poco o nada a los ciudadanos, ha llegado tarde y como un parche. Y como las desdichas nunca llegan solas y con el sanchismo es la tónica, los precios subieron un punto en marzo, hasta el 3,3%, su valor más alto desde junio de 2024, por el alza de los carburantes derivada del conflicto en Oriente Próximo. La previsión tampoco invita a la esperanza, sino al pánico. El Banco de España ha avisado de que la inflación puede acercarse al 6% si la guerra se prolonga y de una contracción en la intensidad del crecimiento. Pero el Gobierno insiste en no ajustar el IRPF para que sus arcas no se resientan a costa de los bolsillos de la gente.
