Álex Manrique (Santander, 25 años) cree que, tras una lesión medular como la suya, “te reinventas”. Lo cuenta en el acceso adaptado a la playa de los Peligros, en Santander, donde ha propuesto hacer la entrevista. Mientras el fotógrafo le encuadra, bromea: “Sácame guapo, a ver si me sale novia”. Este verano volverá a meterse en el mar por primera vez desde el accidente que, hace ahora tres años, lo dejó tetrapléjico. Seguir leyendo
Este santanderino estuvo a punto de morir en una playa y quedó tetrapléjico hace tres años. Ahora ha convertido su experiencia en un mensaje de prevención y en una reivindicación de una sociedad más accesible
Álex Manrique (Santander, 25 años) cree que, tras una lesión medular como la suya, “te reinventas”. Lo cuenta en el acceso adaptado a la playa de los Peligros, en Santander, donde ha propuesto hacer la entrevista. Mientras el fotógrafo le encuadra, bromea: “Sácame guapo, a ver si me sale novia”. Este verano volverá a meterse en el mar por primera vez desde el accidente que, hace ahora tres años, lo dejó tetrapléjico. Ocurrió el 8 de julio de 2023. Había pasado el día con unos amigos en la playa de Somo, al otro lado de la bahía, y decidieron darse un último baño. “Entramos corriendo con toda la ilusión del mundo”, recuerda. Cuando creyó que el agua cubría lo suficiente —le llegaba por encima de las rodillas—, se lanzó hacia delante, golpeó la cabeza contra la arena, se fracturó la quinta vértebra cervical y quedó inmóvil, boca abajo, flotando. “Empiezas a tragar agua y piensas que te vas, que nadie te ve”. Permaneció así cerca de un minuto hasta que uno de sus amigos comprendió la gravedad de la situación. Fue evacuado en helicóptero al Marqués de Valdecilla, donde llegó con hipotermia y al borde de una parada cardiaca. Tras una operación de urgencia y varias complicaciones respiratorias, sus padres se preparaban para lo peor. Un mes después, fue trasladado al Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde pasó casi un año. “Había visto la muerte muy de cerca y ahora solo tenía en mente superarme y aprender a vivir”, resume. Antes del accidente era comercial de seguros, portero de fútbol, entrenaba a niños y estaba a punto de independizarse. Hoy dedica gran parte de su tiempo a la rehabilitación y a concienciar sobre lesiones similares que se producen cada verano en playas y piscinas. Lo hace en redes sociales, colegios y conferencias, donde también muestra, sin recurrir a la queja, las barreras cotidianas de quien utiliza una silla de ruedas. Tras las fotos, una joven se acerca para decirle que sus vídeos hacen mucho bien a personas como ella, que participa en un ensayo clínico por una enfermedad. “Ya, si es que lo mío no es más importante que lo de nadie”, responde. Ha llegado solo, conduciendo su silla motorizada desde Peñacastillo, donde espera mudarse al piso adaptado que acaba de comprar. Reitera que, pese a todo, es “súper feliz”. Pregunta. Se cumplen tres años del accidente, ¿cómo se siente? Respuesta. Me siento afortunado, aunque tenga una tetraplejía. Afortunado de poder estar aquí, de poder venir solo, de llevarme un vaso a la boca o comer por mí mismo. He tenido compañeros incluso más jóvenes que necesitan un respirador toda la vida o a alguien que les dé de beber; o que vivían en un tercero sin ascensor y solo podían bajar a la calle una vez al mes cuando un amigo les ayudaba, porque no todas las familias pueden permitirse una silla. También por mi familia, porque sin ellos quizá no estaría aquí, y por mis amigos, que han estado desde
