La escueta e insulsa declaración final de la Cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía, dibuja un vínculo transatlántico puramente crematístico, lo que encaja a la perfección con las preferencias de Trump. Una Alianza cuyo espíritu aliado es cada vez más dudoso: ocupada y preocupada únicamente por lo que acontece en el este de Europa y Asia Occidental.. Sin perjuicio de que el primer párrafo de la Declaración de Ankara haga la mención de rigor a la defensa colectiva, lo cierto es que todo el mundo es consciente de que se trata de papel mojado. EE UU no está por la labor de defender a ningún país que no se pliegue a sus designios. El artículo 5 del Tratado de Washington parece quedar restringido al formalismo declarativo para aquellos gobiernos europeos que no acepten la senda armamentista estadounidense para Europa ni se subordinen a su agenda militarista en Asia Occidental.. Aunque el texto pactado en Turquía alude al enfoque 360 grados de la Alianza, es decir, al Flanco Sur, un área geográfica sensible desde la perspectiva de España, lo hace de una manera superficial que no puede entenderse como un éxito de la acción diplomática española. En este sentido, la crisis migratoria sufrida por Ceuta –transcurrido menos de un mes desde la celebración de la Cumbre de la OTAN, donde se habló de amenazas no convencionales– dista mucho de ser sorprendente. Lo que sorprende, en cualquier caso, es la disparidad en el nivel de implicación política de la OTAN y la UE respecto al apoyo brindado, por ejemplo, a Polonia cuando este país afrontó una situación similar en su frontera con Bielorrusia.. A diferencia de 2021, año en el que España, ante una crisis migratoria similar, recabó la solidaridad política aliada y el apoyo técnico de las instituciones comunitarias, en esta ocasión el gobierno nacional (el mismo que el de entonces) ha tenido que hacer frente a unos niveles insólitos de rechazo y aislamiento internacional por parte de los países aliados y los Estados miembros de la UE.. Con independencia de que las ciudades autónomas de Melilla y Ceuta se encuentren fuera del ámbito de la defensa colectiva, a ojos de España la ausencia de solidaridad aliada y comunitaria en Ceuta prueba que desde 2022 para la OTAN y la UE no hay más prioridad ni urgencia que las que provienen del Este de Europa. ¿Qué seguridad puede tener un aliado cuando la Alianza se muestra más accesible a brindar apoyo a países no aliados (Ucrania)?. El enfoque militarista de los países comunitarios del centro y del este de Europa es la tónica dominante tanto en la OTAN como en la UE. España es consciente de ello; como es consciente de que la actual carrera del «todos contra todos» que les plantea EE UU no solo supone la principal fuente de divergencias internas, sino que constituye el mayor factor de debilitamiento externo del bloque comunitario.. La Alianza Atlántica del futuro que traza la Declaración de Ankara no es más que un cascarón vacío. Para España, y para el resto de los países comunitarios, los acontecimientos que se desarrollan en Asia Occidental deberían prevenirles de seguir financiando el complejo militar estadounidense. La compra de armamento por parte de la UE a EE UU para luego destinarlo a Ucrania, por ejemplo, no es una decisión realista ni una solución práctica, sino una torpeza política y geopolítica.. Lo grave del caso no es que va en detrimento de las políticas sociales comunitarias, algo más que evidente. Lo preocupante es que a la larga terminará siendo el elemento que explique la expansión electoral de los partidos anti-UE. Aquellos que le hacen el juego a la Administración Trump, también en Ceuta. Sin embargo, a pesar de ello, el gobierno de España sigue dando pleno apoyo a la política de la Comisión Europea de financiar las compras de armamento para Ucrania.. Este factor hace aún menos entendible el talante insolidario exhibido por los socios y aliados europeos hacia España en la crisis migratoria de Ceuta. Es más: el «efecto cascada» de las declaraciones de reprobación de varios gobiernos comunitarios hacia el ejecutivo español, el regodeo de los representantes israelíes en la ONU y la atribución estadounidense de responsabilidad a las decisiones políticas nacionales por la entrada masiva de 80.000 migrantes desde Marruecos sugiere que el gobierno español está siendo objeto de un juego de pinzas, ad intra y ad extra.. Por último, Marruecos tiene derecho a reclamar que le sean reintegradas las «plazas de soberanía» española que considera territorio marroquí. En el ámbito de las relaciones internacionales, esto no constituye ninguna anomalía. Lo anómalo sería considerar que la presión migratoria deliberada es la vía adecuada para defender intereses nacionales y que, además, la carga de la responsabilidad recaiga sobre el Estado que ha visto sus fronteras desbordadas.. Youssef Louah Rouhhou es analista de asuntos internacionales.
EE UU no está por la labor de defender a ningún país que no se pliegue a sus designios
La escueta e insulsa declaración final de la Cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía, dibuja un vínculo transatlántico puramente crematístico, lo que encaja a la perfección con las preferencias de Trump. Una Alianza cuyo espíritu aliado es cada vez más dudoso: ocupada y preocupada únicamente por lo que acontece en el este de Europa y Asia Occidental.. Sin perjuicio de que el primer párrafo de la Declaración de Ankara haga la mención de rigor a la defensa colectiva, lo cierto es que todo el mundo es consciente de que se trata de papel mojado. EE UU no está por la labor de defender a ningún país que no se pliegue a sus designios. El artículo 5 del Tratado de Washington parece quedar restringido al formalismo declarativo para aquellos gobiernos europeos que no acepten la senda armamentista estadounidense para Europa ni se subordinen a su agenda militarista en Asia Occidental.. Aunque el texto pactado en Turquía alude al enfoque 360 grados de la Alianza, es decir, al Flanco Sur, un área geográfica sensible desde la perspectiva de España, lo hace de una manera superficial que no puede entenderse como un éxito de la acción diplomática española. En este sentido, la crisis migratoria sufrida por Ceuta –transcurrido menos de un mes desde la celebración de la Cumbre de la OTAN, donde se habló de amenazas no convencionales– dista mucho de ser sorprendente. Lo que sorprende, en cualquier caso, es la disparidad en el nivel de implicación política de la OTAN y la UE respecto al apoyo brindado, por ejemplo, a Polonia cuando este país afrontó una situación similar en su frontera con Bielorrusia.. A diferencia de 2021, año en el que España, ante una crisis migratoria similar, recabó la solidaridad política aliada y el apoyo técnico de las instituciones comunitarias, en esta ocasión el gobierno nacional (el mismo que el de entonces) ha tenido que hacer frente a unos niveles insólitos de rechazo y aislamiento internacional por parte de los países aliados y los Estados miembros de la UE.. Con independencia de que las ciudades autónomas de Melilla y Ceuta se encuentren fuera del ámbito de la defensa colectiva, a ojos de España la ausencia de solidaridad aliada y comunitaria en Ceuta prueba que desde 2022 para la OTAN y la UE no hay más prioridad ni urgencia que las que provienen del Este de Europa. ¿Qué seguridad puede tener un aliado cuando la Alianza se muestra más accesible a brindar apoyo a países no aliados (Ucrania)?. El enfoque militarista de los países comunitarios del centro y del este de Europa es la tónica dominante tanto en la OTAN como en la UE. España es consciente de ello; como es consciente de que la actual carrera del «todos contra todos» que les plantea EE UU no solo supone la principal fuente de divergencias internas, sino que constituye el mayor factor de debilitamiento externo del bloque comunitario.. La Alianza Atlántica del futuro que traza la Declaración de Ankara no es más que un cascarón vacío. Para España, y para el resto de los países comunitarios, los acontecimientos que se desarrollan en Asia Occidental deberían prevenirles de seguir financiando el complejo militar estadounidense. La compra de armamento por parte de la UE a EE UU para luego destinarlo a Ucrania, por ejemplo, no es una decisión realista ni una solución práctica, sino una torpeza política y geopolítica.. Lo grave del caso no es que va en detrimento de las políticas sociales comunitarias, algo más que evidente. Lo preocupante es que a la larga terminará siendo el elemento que explique la expansión electoral de los partidos anti-UE. Aquellos que le hacen el juego a la Administración Trump, también en Ceuta. Sin embargo, a pesar de ello, el gobierno de España sigue dando pleno apoyo a la política de la Comisión Europea de financiar las compras de armamento para Ucrania.. Este factor hace aún menos entendible el talante insolidario exhibido por los socios y aliados europeos hacia España en la crisis migratoria de Ceuta. Es más: el «efecto cascada» de las declaraciones de reprobación de varios gobiernos comunitarios hacia el ejecutivo español, el regodeo de los representantes israelíes en la ONU y la atribución estadounidense de responsabilidad a las decisiones políticas nacionales por la entrada masiva de 80.000 migrantes desde Marruecos sugiere que el gobierno español está siendo objeto de un juego de pinzas, ad intra y ad extra.. Por último, Marruecos tiene derecho a reclamar que le sean reintegradas las «plazas de soberanía» española que considera territorio marroquí. En el ámbito de las relaciones internacionales, esto no constituye ninguna anomalía. Lo anómalo sería considerar que la presión migratoria deliberada es la vía adecuada para defender intereses nacionales y que, además, la carga de la responsabilidad recaiga sobre el Estado que ha visto sus fronteras desbordadas.. Youssef Louah Rouhhou es analista de asuntos internacionales.
