Luis de la Fuente se inspira en los filósofos estoicos porque los estoicos hablaban de Luis de la Fuente sin saberlo. El estoicismo enseña a centrarse en lo que depende de uno mismo y olvidarse de lo que escapa al control de cada individuo, a controlar las emociones y a aceptar el destino. «Lo que es malo para el panal es malo para la abeja», dijo el seleccionador, citando a Marco Aurelio, antes de enfrentarse a Bélgica en los cuartos de final del Mundial. Lo que es malo para el grupo es malo para el individuo. Y así, con su teoría de que para la selección quiere futbolistas que también sean buenas personas, ha construido un grupo que ha permanecido unido hasta el final. Un equipo por encima de la selección. «Nos hemos enfrentado a la mejor selección del mundo, pero ellos tenían delante al mejor equipo», explicaba después de derrotar a Francia en las semifinales. Y lo repitió después de ganar el Mundial ante Argentina. «Esto demuestra que es posible y que la gente buena, solidaria, con valores, son capaces de formar una de las mejores selecciones del mundo, pero nosotros tenemos el mejor equipo del mundo y lo hemos demostrado. Este equipo se forma con gente buena y solidaria, gente con valores y principios que anteponen el bien común al bien particular. Con esas personas se puede viajar cómodamente. Así se puede viajar mejor y más seguro», afirma. Y De la Fuente se preocupa mucho por elegir bien a sus compañeros de viaje. Los titulares y los suplentes. «La salud de un equipo la determina la gente que juega menos», asegura Javier López Vallejo, el psicólogo de la selección. Y esa idea ha rondado la cabeza del seleccionador durante todo el torneo. «Quiero poner en valor la importancia de los que salen desde el banquillo», dijo después del gol de Mikel Merino a Portugal en cuartos. El jugador del Arsenal es el ejemplo, jugó diez minutos entre el partido de octavos y el de cuartos, dio dos toques en el área y marcó dos goles. Pero el seleccionador también se ocupa de los que no juegan nunca, de jugadores como Eric García y Martín Zubimendi, que vieron todo el Mundial desde el banquillo hasta que llegó su momento en la prórroga de la final. Estaban dispuestos para rendir y no permitieron que se notaran las ausencias de Rodri y de Laporte, los jugadores a los que habían sustituido. El caso de Eric, además, era especialmente doloroso. Ha estado en dos Mundiales y hasta su aparición en la final no había jugado ni un minuto entre los dos torneos. El seleccionador se ha ocupado de recuperar a futbolistas que corrían el riesgo de perderse anímicamente durante el torneo. Esperó a Merino a pesar de que apenas había jugado media hora después de su lesión y le fue dando minutos, aunque le costara coger el ritmo. El premio fueron los dos goles en los últimos minutos que clasificaron a España para cuartos y para semifinales. E insistió con Ferran, primero como titular y después entrando desde el banquillo a pe
El seleccionador se inspira en los filósofos estoicos para manejarse en la vida y para dirigir el destino de la Roja
Luis de la Fuente se inspira en los filósofos estoicos porque los estoicos hablaban de Luis de la Fuente sin saberlo. El estoicismo enseña a centrarse en lo que depende de uno mismo y olvidarse de lo que escapa al control de cada individuo, a controlar las emociones y a aceptar el destino. «Lo que es malo para el panal es malo para la abeja», dijo el seleccionador, citando a Marco Aurelio, antes de enfrentarse a Bélgica en los cuartos de final del Mundial. Lo que es malo para el grupo es malo para el individuo.Y así, con su teoría de que para la selección quiere futbolistas que también sean buenas personas, ha construido un grupo que ha permanecido unido hasta el final. Un equipo por encima de la selección. «Nos hemos enfrentado a la mejor selección del mundo, pero ellos tenían delante al mejor equipo», explicaba después de derrotar a Francia en las semifinales. Y lo repitió después de ganar el Mundial ante Argentina.«Esto demuestra que es posible y que la gente buena, solidaria, con valores, son capaces de formar una de las mejores selecciones del mundo, pero nosotros tenemos el mejor equipo del mundo y lo hemos demostrado. Este equipo se forma con gente buena y solidaria, gente con valores y principios que anteponen el bien común al bien particular. Con esas personas se puede viajar cómodamente. Así se puede viajar mejor y más seguro», afirma.Y De la Fuente se preocupa mucho por elegir bien a sus compañeros de viaje. Los titulares y los suplentes. «La salud de un equipo la determina la gente que juega menos», asegura Javier López Vallejo, el psicólogo de la selección. Y esa idea ha rondado la cabeza del seleccionador durante todo el torneo. «Quiero poner en valor la importancia de los que salen desde el banquillo», dijo después del gol de Mikel Merino a Portugal en cuartos. El jugador del Arsenal es el ejemplo, jugó diez minutos entre el partido de octavos y el de cuartos, dio dos toques en el área y marcó dos goles.Pero el seleccionador también se ocupa de los que no juegan nunca, de jugadores como Eric García y Martín Zubimendi, que vieron todo el Mundial desde el banquillo hasta que llegó su momento en la prórroga de la final. Estaban dispuestos para rendir y no permitieron que se notaran las ausencias de Rodri y de Laporte, los jugadores a los que habían sustituido. El caso de Eric, además, era especialmente doloroso. Ha estado en dos Mundiales y hasta su aparición en la final no había jugado ni un minuto entre los dos torneos.El seleccionador se ha ocupado de recuperar a futbolistas que corrían el riesgo de perderse anímicamente durante el torneo. Esperó a Merino a pesar de que apenas había jugado media hora después de su lesión y le fue dando minutos, aunque le costara coger el ritmo. El premio fueron los dos goles en los últimos minutos que clasificaron a España para cuartos y para semifinales. E insistió con Ferran, primero como titular y después entrando desde el banquillo a pesar d
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