El Gobierno empieza a ponerse, digamos, entre físico y filosófico. Mónica García soltó ayer tras el Consejo de ministros: «Somos átomos progresistas de izquierdas que nos agregamos para hacer una molécula que tiene hambre de victoria y de políticas progresistas transformadoras». Una pena que no lo soltara en la jornada de reflexión porque la progresía se habría salido de la tabla, pero para mal. Un ejemplo más de que nos gobierna un ejército de políticos haciéndonos creer que estamos en un mundo paralelo. Mónica García es la Trinity de «Matrix» masculinizada en chaqueta y pantalón. Esa fue la explicación ante las reiteradas preguntas sobre la lectura de las elecciones en Aragón y los movimientos en las izquierdas para aglutinarse o amotinarse, según se mire a la propia Mónica García o a Gabriel Rufián, el hombre que tan bien se lo pasa sexando nubes en el cielo de Madrid. La capital es tan chula que Barcelona puede esperar otro cuarto de hora. Lo adivinó Zapatero: «La Tierra es un planeta excepcional que no existe en ningún otro lugar del universo».. Todavía se preguntan por qué no retienen la ola derechista, ultraderechista, según ellos. Ultras son los demás; el demonio siempre son los otros. Mónica García, buena parte de su partido y de sus primos hermanos de Sumar son de extrema izquierda, pero apenas nadie dice: Más Madrid, el partido de extrema izquierda. Yolanda Díaz, comunista confesa, tampoco es radical porque, como todo el mundo sabe, se trata de una ideología muy moderada. Así que España se ha vuelto radical porque vira a la derecha, y también a la derecha del PP, pero cuando el subidón de Podemos aquello era progresismo. El átomo progresista es muy democrático, y no digamos la molécula, que somete a votación qué ínfimas partes del universo la componen. Esta Mónica García me recuerda a otra Mónica apodada «la chiclanera», una cantante que quiso ponerse tan fina que le dijo al técnico de la lavadora: «Mire usté, pulso el botón, alzo el botón y no pasa nada».
Mónica García es la Trinity de «Matrix» masculinizada en chaqueta y pantalón
El Gobierno empieza a ponerse, digamos, entre físico y filosófico. Mónica García soltó ayer tras el Consejo de ministros: «Somos átomos progresistas de izquierdas que nos agregamos para hacer una molécula que tiene hambre de victoria y de políticas progresistas transformadoras». Una pena que no lo soltara en la jornada de reflexión porque la progresía se habría salido de la tabla, pero para mal. Un ejemplo más de que nos gobierna un ejército de políticos haciéndonos creer que estamos en un mundo paralelo. Mónica García es la Trinity de «Matrix» masculinizada en chaqueta y pantalón. Esa fue la explicación ante las reiteradas preguntas sobre la lectura de las elecciones en Aragón y los movimientos en las izquierdas para aglutinarse o amotinarse, según se mire a la propia Mónica García o a Gabriel Rufián, el hombre que tan bien se lo pasa sexando nubes en el cielo de Madrid. La capital es tan chula que Barcelona puede esperar otro cuarto de hora. Lo adivinó Zapatero: «La Tierra es un planeta excepcional que no existe en ningún otro lugar del universo».. Todavía se preguntan por qué no retienen la ola derechista, ultraderechista, según ellos. Ultras son los demás; el demonio siempre son los otros. Mónica García, buena parte de su partido y de sus primos hermanos de Sumar son de extrema izquierda, pero apenas nadie dice: Más Madrid, el partido de extrema izquierda. Yolanda Díaz, comunista confesa, tampoco es radical porque, como todo el mundo sabe, se trata de una ideología muy moderada. Así que España se ha vuelto radical porque vira a la derecha, y también a la derecha del PP, pero cuando el subidón de Podemos aquello era progresismo. El átomo progresista es muy democrático, y no digamos la molécula, que somete a votación qué ínfimas partes del universo la componen. Esta Mónica García me recuerda a otra Mónica apodada «la chiclanera», una cantante que quiso ponerse tan fina que le dijo al técnico de la lavadora: «Mire usté, pulso el botón, alzo el botón y no pasa nada».
