El caso de la mujer del presidente del Gobierno ha devenido de seria piedra en el riñón para el urinario de Moncloa (el arranque fino de «la cloaca») en una charlotada más propia de «El bombero torero», de cuando un tema dramático como la lidia tenía su espejo bufo. Lo que ocurre cuando los asuntos llegan a este extremo de esperpento tan español y delirante en esencia es que nos quedamos en la anécdota, que es como recordar de todo lo acaecido recientemente solo las joyas de Zapatero, un trocito de queso en una colonia de ratas. No sabemos, sin entrar en especulaciones de saldo, por qué el juez Peinado se tomó vacaciones justo cuando empezaba la cumbre de la OTAN. Su ausencia se nota más que su presencia cuando estaba. Como la de Begoña Gómez. Que te echen de menos es mejor que te echen de más. Ahí está la esencia de la copla o del bolero: alguien que falta y sin quien no podemos vivir nos empuja al abismo de la muerte por sufrimiento. Pedro Sánchez se quedó ayer con dos ramos de flores, un gran estribillo para una canción de amor. Peinado le ha hecho sin querer un «Marinero de luces» al presidente en una muestra más de ese imaginario «lawfare» que parece trabajar para el Gobierno. Despéinese. Imagino a su sustituto pensando, al tomar la decisión de que si dejaba o no viajar a Begoña Gómez a Ankara, las maneras que tendría la «primera dama» de escaparse al desierto en un guion de los de Hitchcock que acabaría como en «Con la muerte en los talones» en el monte Rushmore con la cara de Trump esculpida en piedra. Hay muchas manera de escaparse del ojo tapado de la Justicia, pero no se me ocurre ninguna mejor que hacerlo entre los jefes de Estado o de Gobierno de occidente. Una cortina rasgada, un escolta que guarde un parecido con Daniel Craig mediterráneo, o con Cucurella, una alfombra voladora… El esperpento acabó en vodevil, con Feijóo levantando el dedo índice de su mano derecha y con Trump pensando que, al cabo, Sánchez es un calzonazos.
El esperpento acabó en vodevil, con Feijóo levantando el dedo índice de su mano derecha y con Trump pensando que, al cabo, Sánchez es un calzonazos
El caso de la mujer del presidente del Gobierno ha devenido de seria piedra en el riñón para el urinario de Moncloa (el arranque fino de «la cloaca») en una charlotada más propia de «El bombero torero», de cuando un tema dramático como la lidia tenía su espejo bufo. Lo que ocurre cuando los asuntos llegan a este extremo de esperpento tan español y delirante en esencia es que nos quedamos en la anécdota, que es como recordar de todo lo acaecido recientemente solo las joyas de Zapatero, un trocito de queso en una colonia de ratas.No sabemos, sin entrar en especulaciones de saldo, por qué el juez Peinado se tomó vacaciones justo cuando empezaba la cumbre de la OTAN. Su ausencia se nota más que su presencia cuando estaba. Como la de Begoña Gómez. Que te echen de menos es mejor que te echen de más. Ahí está la esencia de la copla o del bolero: alguien que falta y sin quien no podemos vivir nos empuja al abismo de la muerte por sufrimiento.Pedro Sánchez se quedó ayer con dos ramos de flores, un gran estribillo para una canción de amor. Peinado le ha hecho sin querer un «Marinero de luces» al presidente en una muestra más de ese imaginario «lawfare» que parece trabajar para el Gobierno. Despéinese. Imagino a su sustituto pensando, al tomar la decisión de que si dejaba o no viajar a Begoña Gómez a Ankara, las maneras que tendría la «primera dama» de escaparse al desierto en un guion de los de Hitchcock que acabaría como en «Con la muerte en los talones» en el monte Rushmore con la cara de Trump esculpida en piedra. Hay muchas manera de escaparse del ojo tapado de la Justicia, pero no se me ocurre ninguna mejor que hacerlo entre los jefes de Estado o de Gobierno de occidente. Una cortina rasgada, un escolta que guarde un parecido con Daniel Craig mediterráneo, o con Cucurella, una alfombra voladora… El esperpento acabó en vodevil, con Feijóo levantando el dedo índice de su mano derecha y con Trump pensando que, al cabo, Sánchez es un calzonazos.
