Debatimos asuntos, como la prohibición del burka, que afecta a poquísima gente en España, y dejamos para el folclore monárquico otros con más enjundia: advirtió ayer el Rey que el mejor homenaje que se le puede hacer a la Constitución más longeva es «cumplirla». Aquí se corre un tupido velo sobre las desobediencias constitucionales, pero se pretende que unas mujeres, ya sea por convicción o porque son forzadas, no lleven un ropaje acorde a su cultura o a su religión. No es que apruebe esa forma de discriminación femenina que tanto gusta a la izquierda ONG, todo lo contrario; lo que pasa es que se nos va la fuerza por la boca para prohibir (o defender) unas togas mientras vestimos de trapillo nuestras propias obligaciones. Se perdona a Puigdemont y se quiere multar a una mujer por ponerse un velo. O todos moros o todos cristianos. Lo que ha de hacer el Estado es preocuparse por hacer cumplir la norma por la que se rige nuestra convivencia y no saltársela con intereses partidistas (¿por qué otra causa si no?). Al cabo, estamos hablando de vivir en igualdad (¿lo hacemos?) y con una clara limitación de poderes (¿en serio?).. La clave es que este debate debería ser profundo, pero se queda en superficial. No se trata de aupar la minifalda frente al niqab, como si Manolo Escobar estuviera todavía entre nosotros, ni de pretextar que nos importa mucho la integración de esas mujeres que deberían «mirar a los ojos a sus interlocutores». La derecha se desnorta abriendo melones que Pedro Sánchez degusta con denuedo y la izquierda se embelesa con su cántico buenista a toda cultura que no sea la cristiana. ¡Vade retro!. Mientras tanto, que espere lo importante: los médicos en huelga, los agricultores y, todo aquel que quiera, que desobedezca. Me gustaba aquello de que la derecha es el nuevo punk, aunque va a resultar un nuevo espejismo. Ni es el momento ni se usan todos los argumentos para el borrado del velo. Creen que están ante la danza de los siete velos, pero es otro karaoke.
No se trata de aupar la minifalda frente al niqab, como si Manolo Escobar estuviera todavía entre nosotros, ni de pretextar que nos importa mucho la integración de esas mujeres que deberían «mirar a los ojos a sus interlocutores»
Debatimos asuntos, como la prohibición del burka, que afecta a poquísima gente en España, y dejamos para el folclore monárquico otros con más enjundia: advirtió ayer el Rey que el mejor homenaje que se le puede hacer a la Constitución más longeva es «cumplirla». Aquí se corre un tupido velo sobre las desobediencias constitucionales, pero se pretende que unas mujeres, ya sea por convicción o porque son forzadas, no lleven un ropaje acorde a su cultura o a su religión. No es que apruebe esa forma de discriminación femenina que tanto gusta a la izquierda ONG, todo lo contrario; lo que pasa es que se nos va la fuerza por la boca para prohibir (o defender) unas togas mientras vestimos de trapillo nuestras propias obligaciones. Se perdona a Puigdemont y se quiere multar a una mujer por ponerse un velo. O todos moros o todos cristianos. Lo que ha de hacer el Estado es preocuparse por hacer cumplir la norma por la que se rige nuestra convivencia y no saltársela con intereses partidistas (¿por qué otra causa si no?). Al cabo, estamos hablando de vivir en igualdad (¿lo hacemos?) y con una clara limitación de poderes (¿en serio?).. La clave es que este debate debería ser profundo, pero se queda en superficial. No se trata de aupar la minifalda frente al niqab, como si Manolo Escobar estuviera todavía entre nosotros, ni de pretextar que nos importa mucho la integración de esas mujeres que deberían «mirar a los ojos a sus interlocutores». La derecha se desnorta abriendo melones que Pedro Sánchez degusta con denuedo y la izquierda se embelesa con su cántico buenista a toda cultura que no sea la cristiana. ¡Vade retro!. Mientras tanto, que espere lo importante: los médicos en huelga, los agricultores y, todo aquel que quiera, que desobedezca. Me gustaba aquello de que la derecha es el nuevo punk, aunque va a resultar un nuevo espejismo. Ni es el momento ni se usan todos los argumentos para el borrado del velo. Creen que están ante la danza de los siete velos, pero es otro karaoke.
