Nada mejor para un político sin horizonte ni propósito que fabricarse un buen enemigo. Puede ser interno o externo (no seamos xenófobos, no en esto…). Sin un buen enemigo, ese político no es nadie, dado que en esencia no es nadie, y él lo sabe, y todos lo saben. Pero ha llegado a donde está, muy arriba, habiéndose adecuado a los requisitos del sistema podrido donde ahora se desenvuelve estupendamente, como un anfibio pez saltarín del fango, aunque reconoce que precisa de algo que lo sostenga para seguir ejerciendo cómodamente como rey de su hábitat. Sin un buen enemigo, al carecer de un proyecto noble que guíe sus actos, su figura se desdibujaría pronto, convirtiéndose en una cáscara vacía incluso para sus acérrimos defensores (los que le deben el puestazo, la paguita, el privilegio, la prebenda o el momio). Por eso un enemigo es imprescindible. Tal enemigo puede ser otro país, un grupo concreto de fascistas que se nieguen a votarlo a él, un medio de comunicación ultra de la ultraderecha codiciosa capitalista y nazi… O el mismo Trump. Esto es: alguien a quien poder atribuirle todos los males. Así, este político podrá hacerse la víctima y señalar al «poderoso» enemigo como poder arrasador que lo tiene a él oprimido, víctima propiciatoria en el altar sacrificial de su «modesto» poder local que no puede competir con un enemigo tan elitista, jod*** y fáctico. Gracias a este enemigo repugnante, el político respirará aliviado: ya ha encontrado a quien imputarle todos sus males, y sobre todo las desgracias de los ciudadanos que él tendría que solucionar (no crear), pero es incapaz de hacerlo. Tener un enemigo es una garantía de autodefensa; le servirá para justificar cualquier decisión que tome, por estúpida o locoide que esta sea. El enemigo le permitirá presentarse a sí mismo como salvador «del pueblo» y señalar y condenar a cualquiera que no le aplauda o se atreva a cuestionarlo como líder de la patria traicionada, de la humanidad sometida por culpa de ese enemigo ultra y malo. Y facha.
Alguien a quien poder atribuirle todos los males. Así, este político podrá hacerse la víctima y señalar al «poderoso» enemigo como poder arrasador que lo tiene a él oprimido
Nada mejor para un político sin horizonte ni propósito que fabricarse un buen enemigo. Puede ser interno o externo (no seamos xenófobos, no en esto…). Sin un buen enemigo, ese político no es nadie, dado que en esencia no es nadie, y él lo sabe, y todos lo saben. Pero ha llegado a donde está, muy arriba, habiéndose adecuado a los requisitos del sistema podrido donde ahora se desenvuelve estupendamente, como un anfibio pez saltarín del fango, aunque reconoce que precisa de algo que lo sostenga para seguir ejerciendo cómodamente como rey de su hábitat. Sin un buen enemigo, al carecer de un proyecto noble que guíe sus actos, su figura se desdibujaría pronto, convirtiéndose en una cáscara vacía incluso para sus acérrimos defensores (los que le deben el puestazo, la paguita, el privilegio, la prebenda o el momio). Por eso un enemigo es imprescindible. Tal enemigo puede ser otro país, un grupo concreto de fascistas que se nieguen a votarlo a él, un medio de comunicación ultra de la ultraderecha codiciosa capitalista y nazi… O el mismo Trump. Esto es: alguien a quien poder atribuirle todos los males. Así, este político podrá hacerse la víctima y señalar al «poderoso» enemigo como poder arrasador que lo tiene a él oprimido, víctima propiciatoria en el altar sacrificial de su «modesto» poder local que no puede competir con un enemigo tan elitista, jod*** y fáctico. Gracias a este enemigo repugnante, el político respirará aliviado: ya ha encontrado a quien imputarle todos sus males, y sobre todo las desgracias de los ciudadanos que él tendría que solucionar (no crear), pero es incapaz de hacerlo. Tener un enemigo es una garantía de autodefensa; le servirá para justificar cualquier decisión que tome, por estúpida o locoide que esta sea. El enemigo le permitirá presentarse a sí mismo como salvador «del pueblo» y señalar y condenar a cualquiera que no le aplauda o se atreva a cuestionarlo como líder de la patria traicionada, de la humanidad sometida por culpa de ese enemigo ultra y malo. Y facha.
