El Mundial con más selecciones de la historia supone que entre partido y partido pase casi una semana. El siguiente de España es ante Uruguay en la madrugada del sábado. Queda un mundo. En ese plazo da tiempo da para que la carnaza se multiplique, las especulaciones tiendan a infinito y las sandeces inunden las redes sociales con más frecuencia todavía de la rutinaria. España, en general, vive desde hace tiempo en una montaña rusa tóxica para la convivencia. Y la selección, un factor que debe unir, es imposible que no se vea salpicada por ese vicio tan nuestro. Después del trago ante Cabo Verde al personal se le olvidó que la Roja entre otras cosas es campeona de Europa y que llevaba 31 partidos sin perder. Ya son 32 y subiendo. Esos mismos, los de las manos a la cabeza, ya ven a la selección, tras la goleada ante Arabia Saudí, el 19 julio en el MetLife Stadium cosiéndose la segunda estrella en el pecho.. Una de las virtudes del equipo es que no da importancia a fantasmas, que «haberlos haylos». Una concentración de cualquier equipo nacional debe ser una burbuja no un escudo. Lo primero es un refuerzo positivo. Lo segundo, un malgasto de energías. De ahí el «están picados» que soltó De la Fuente antes del segundo capítulo. La mezcla de descaro y experiencia del grupo ayuda a que no se dediquen recursos a trabajos que no rentan. La presentación de Lamine Yamal en el campeonato fue la prueba más evidente. Se comió el debut como titular a dentelladas. Desde la banda derecha causó pánico entre los saudíes. Oyarzabal, con mucho menos ruido, siguió el ejemplo de su compañero. Ambos cumplieron con su misión en medio partido y De la Fuente los reservó para citas más exigentes.. Entrando como estamos en temporada alta de festivales, la selección sigue siendo cabeza de cartel. Lo de Arabia Saudí fue poco más que un bolo y lo mejor que se puede concluir es que los agitadores tendrán que estar contenidos como mínimo hasta el sábado. Aunque a muchos, en realidad, les dé exactamente lo mismo. Volverán a la carga porque el caso es generar ruido, llamar la atención, hacerse notar, aunque sea haciendo el ridículo y obviando la realidad. Y que la noche de San Juan la disfruten otros.
El Mundial con más selecciones de la historia supone que entre partido y partido pase casi una semana. El siguiente de España es ante Uruguay en la madrugada del sábado. Queda un mundo. En ese plazo da tiempo da para que la carnaza se multiplique, las especulaciones tiendan a infinito y las sandeces inunden las redes sociales con más frecuencia todavía de la rutinaria. España, en general, vive desde hace tiempo en una montaña rusa tóxica para la convivencia. Y la selección, un factor que debe unir, es imposible que no se vea salpicada por ese vicio tan nuestro. Después del trago ante Cabo Verde al personal se le olvidó que la Roja entre otras cosas es campeona de Europa y que llevaba 31 partidos sin perder. Ya son 32 y subiendo. Esos mismos, los de las manos a la cabeza, ya ven a la selección, tras la goleada ante Arabia Saudí, el 19 julio en el MetLife Stadium cosiéndose la segunda estrella en el pecho.. Una de las virtudes del equipo es que no da importancia a fantasmas, que «haberlos haylos». Una concentración de cualquier equipo nacional debe ser una burbuja no un escudo. Lo primero es un refuerzo positivo. Lo segundo, un malgasto de energías. De ahí el «están picados» que soltó De la Fuente antes del segundo capítulo. La mezcla de descaro y experiencia del grupo ayuda a que no se dediquen recursos a trabajos que no rentan. La presentación de Lamine Yamal en el campeonato fue la prueba más evidente. Se comió el debut como titular a dentelladas. Desde la banda derecha causó pánico entre los saudíes. Oyarzabal, con mucho menos ruido, siguió el ejemplo de su compañero. Ambos cumplieron con su misión en medio partido y De la Fuente los reservó para citas más exigentes.. Entrando como estamos en temporada alta de festivales, la selección sigue siendo cabeza de cartel. Lo de Arabia Saudí fue poco más que un bolo y lo mejor que se puede concluir es que los agitadores tendrán que estar contenidos como mínimo hasta el sábado. Aunque a muchos, en realidad, les dé exactamente lo mismo. Volverán a la carga porque el caso es generar ruido, llamar la atención, hacerse notar, aunque sea haciendo el ridículo y obviando la realidad. Y que la noche de San Juan la disfruten otros.
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