En abril de 2009 ya había publicado un post sobre el tema
George R.R. Martin ha reabierto un viejo debate seriéfilo al recuperar una de sus críticas más feroces: su rechazo frontal al final de «Battlestar Galactica», al que resume con un demoledor “God did it” (“Dios lo hizo”). Lejos de ser una pataleta puntual, el comentario funciona como una declaración de principios sobre cómo, según él, debe –y no debe– terminar una gran historia en televisión.. . La frase que ahora circula de nuevo no es reciente: procede de una entrada de blog que Martin publicó en abril de 2009, titulada significativamente “Writing 101”. En ella, el creador de «Canción de hielo y fuego» cargaba contra el desenlace de la «Battlestar Galactica» de Ronald D. Moore, una de las series de ciencia ficción más influyentes de las últimas décadas, por resolver su maraña de misterios con un recurso que él identifica como puro deus ex machina. Según el escritor, terminar una serie con un “God did it” equivale a saltarse las lecciones más básicas de escritura y supone “una manera de mierda de acabar una historia”. Martin no cuestiona el uso de la mística o la religión en la ficción, sino el hecho de que, tras años pidiendo al espectador que siga pistas, decisiones y consecuencias, la resolución llegue mediante “una fuerza externa que baja del cielo” para atarlo todo sin coste real para los personajes.. . Su enfado, subraya, no va contra el género, sino contra la sensación de trampa: la idea de que el guion abandona la lógica interna que ha prometido durante temporadas para acudir a una mano invisible que pone orden en el caos. En su crítica, Martin metía en el mismo saco otros finales que, a su juicio, caen en atajos similares, como el de «Life on Mars», y se quejaba de una tendencia contemporánea a cerrar historias con fórmulas del tipo “lo hizo Dios” o “todo fue un sueño”.. Coherencia autoral… y una ironía incómoda. Lo que convierte estas palabras en munición especialmente jugosa es la ironía retrospectiva. Martin escribió aquel texto muchos años antes de que Juego de tronos llegara a su controvertido final televisivo, un cierre que una parte considerable del público percibió como precipitado, inconsistente y demasiado apoyado en soluciones rápidas. El autor que despreciaba los atajos narrativos vio cómo la adaptación de su propia obra se convertía en ejemplo global de final discutido, en buena medida porque la serie tuvo que avanzar más allá del material publicado de las novelas.. La crítica a «Battlestar Galactica» encaja, sin embargo, con la forma en que Martin ha defendido siempre la escritura: historias donde los personajes pagan por sus decisiones, donde los giros nacen del conflicto previo y en las que el final debe sentirse inevitable una vez llega, no arbitrario. Su rechazo al deus ex machina no es tanto una cruzada contra lo sobrenatural como una defensa del pacto de honestidad con el espectador: si se le invita a jugar a descifrar un sistema de reglas, no se puede cambiar el tablero en el último minuto.. Que sus palabras sigan resonando en 2026 habla tanto del peso de «Battlestar Galactica» como del lugar central que ocupan los finales en la conversación seriéfila. La producción de ciencia ficción de Syfy está considerada por muchos como una de las mejores de la historia del género, pero su desenlace lleva años dividiendo a los fans precisamente por esa mezcla de destino, providencia y guiños teológicos que impregnaba sus últimos episodios. Martin se alineó desde el principio con el sector decepcionado, para el que la intervención divina desactiva parte de la potencia política y moral que la serie había construido temporada a temporada.. La discusión, reactivada ahora por titulares que rescatan aquel “Dios lo hizo”, se proyecta también sobre otras ficciones que han sufrido la presión de cerrar universos descomunales, desde «Perdidos» hasta la propia «Juego de tronos». Aunque el escritor ha evitado atacar frontalmente el final de la serie de HBO, sí ha insistido en que las novelas seguirán su propio camino y que el desenlace literario de Westeros no tiene por qué calcado al televisivo. Entre líneas, late la misma promesa: la de un cierre que no dependa de una solución caída del cielo, sino de las semillas plantadas a lo largo de miles de páginas.
George R.R. Martin ha reabierto un viejo debate seriéfilo al recuperar una de sus críticas más feroces: su rechazo frontal al final de «Battlestar Galactica», al que resume con un demoledor “God did it” (“Dios lo hizo”). Lejos de ser una pataleta puntual, el comentario funciona como una declaración de principios sobre cómo, según él, debe –y no debe– terminar una gran historia en televisión.. La frase que ahora circula de nuevo no es reciente: procede de una entrada de blog que Martin publicó en abril de 2009, titulada significativamente “Writing 101”. En ella, el creador de «Canción de hielo y fuego» cargaba contra el desenlace de la «Battlestar Galactica» de Ronald D. Moore, una de las series de ciencia ficción más influyentes de las últimas décadas, por resolver su maraña de misterios con un recurso que él identifica como puro deus ex machina. Según el escritor, terminar una serie con un “God did it” equivale a saltarse las lecciones más básicas de escritura y supone “una manera de mierda de acabar una historia”. Martin no cuestiona el uso de la mística o la religión en la ficción, sino el hecho de que, tras años pidiendo al espectador que siga pistas, decisiones y consecuencias, la resolución llegue mediante “una fuerza externa que baja del cielo” para atarlo todo sin coste real para los personajes.. Su enfado, subraya, no va contra el género, sino contra la sensación de trampa: la idea de que el guion abandona la lógica interna que ha prometido durante temporadas para acudir a una mano invisible que pone orden en el caos. En su crítica, Martin metía en el mismo saco otros finales que, a su juicio, caen en atajos similares, como el de «Life on Mars», y se quejaba de una tendencia contemporánea a cerrar historias con fórmulas del tipo “lo hizo Dios” o “todo fue un sueño”.. Coherencia autoral… y una ironía incómoda. Lo que convierte estas palabras en munición especialmente jugosa es la ironía retrospectiva. Martin escribió aquel texto muchos años antes de que Juego de tronos llegara a su controvertido final televisivo, un cierre que una parte considerable del público percibió como precipitado, inconsistente y demasiado apoyado en soluciones rápidas. El autor que despreciaba los atajos narrativos vio cómo la adaptación de su propia obra se convertía en ejemplo global de final discutido, en buena medida porque la serie tuvo que avanzar más allá del material publicado de las novelas.. La crítica a «Battlestar Galactica» encaja, sin embargo, con la forma en que Martin ha defendido siempre la escritura: historias donde los personajes pagan por sus decisiones, donde los giros nacen del conflicto previo y en las que el final debe sentirse inevitable una vez llega, no arbitrario. Su rechazo al deus ex machina no es tanto una cruzada contra lo sobrenatural como una defensa del pacto de honestidad con el espectador: si se le invita a jugar a descifrar un sistema de reglas, no se puede cambiar el tablero en el último minuto.. Que sus palabras sigan resonando en 2026 habla tanto del peso de «Battlestar Galactica» como del lugar central que ocupan los finales en la conversación seriéfila. La producción de ciencia ficción de Syfy está considerada por muchos como una de las mejores de la historia del género, pero su desenlace lleva años dividiendo a los fans precisamente por esa mezcla de destino, providencia y guiños teológicos que impregnaba sus últimos episodios. Martin se alineó desde el principio con el sector decepcionado, para el que la intervención divina desactiva parte de la potencia política y moral que la serie había construido temporada a temporada.. La discusión, reactivada ahora por titulares que rescatan aquel “Dios lo hizo”, se proyecta también sobre otras ficciones que han sufrido la presión de cerrar universos descomunales, desde «Perdidos» hasta la propia «Juego de tronos». Aunque el escritor ha evitado atacar frontalmente el final de la serie de HBO, sí ha insistido en que las novelas seguirán su propio camino y que el desenlace literario de Westeros no tiene por qué calcado al televisivo. Entre líneas, late la misma promesa: la de un cierre que no dependa de una solución caída del cielo, sino de las semillas plantadas a lo largo de miles de páginas.
