Hay una palabra que apareció más de una vez esta semana pasada en los discursos del pleno del Congreso. La palabra empieza por eme, acaba por a y no es «mesa». Con franqueza, me sorprendió encontrar tanta materia fecal en el interior de las bocas de algunos de nuestros diputados. Sobre todo, porque tampoco había excesivos motivos de peso como para perder tanto las formas: desacuerdos en temas políticos y admistrativos -que es lo habitual- pero nada más.. Me temo que los españoles aspiramos a otro tipo de democracia más educada y con mejor urbanidad que ese ejemplo lamentable. De hecho, la polarización es una buena muestra de ello. Si usted transita por la calle comúnmente, observará que la polarización peatonal es inexistente. La gente se lleva en general bien, y la urbanidad y el respeto son entendidos como cosas positivas y necesarias fuera de algún ocasional energúmeno exaltado que aparece de tanto en tanto.. Por eso, cabe pensar que esa polarización es cosa de partidos y escaños, dominados por histrionismos altisonantes y excesos de egos que se creen mesiánicos. Los ególatras con mando en plaza deben hacer un ejercicio de humildad y abandonar ese estilo pobremente faltón. O como mínimo, si desean insultar al adversario, al menos ser obligados a hacerlo con retruécanos ingeniosos al modo del gran Savinien de Cyrano y no con primarias palabras atrabiliarias que puede usar cualquier rufián (con perdón) de discoteca barata.. Como ha demostrado el caso de Noelia, siempre existirán asuntos de la vida humana que los humanos enfocarán de maneras muy diferentes. Si contratamos a representantes políticos, es para solucionar esas diferencias y no para aumentarlas insultando al contrario. Quien no haya entendido eso es que no comprende el significado de la palabra «Política» y quizá debería ser enviado a casa para que insulte solo a la pantalla del televisor y no a los votantes.
Si contratamos a representantes políticos, es para solucionar esas diferencias y no para aumentarlas insultando al contrario
Hay una palabra que apareció más de una vez esta semana pasada en los discursos del pleno del Congreso. La palabra empieza por eme, acaba por a y no es «mesa». Con franqueza, me sorprendió encontrar tanta materia fecal en el interior de las bocas de algunos de nuestros diputados. Sobre todo, porque tampoco había excesivos motivos de peso como para perder tanto las formas: desacuerdos en temas políticos y admistrativos -que es lo habitual- pero nada más.. Me temo que los españoles aspiramos a otro tipo de democracia más educada y con mejor urbanidad que ese ejemplo lamentable. De hecho, la polarización es una buena muestra de ello. Si usted transita por la calle comúnmente, observará que la polarización peatonal es inexistente. La gente se lleva en general bien, y la urbanidad y el respeto son entendidos como cosas positivas y necesarias fuera de algún ocasional energúmeno exaltado que aparece de tanto en tanto.. Por eso, cabe pensar que esa polarización es cosa de partidos y escaños, dominados por histrionismos altisonantes y excesos de egos que se creen mesiánicos. Los ególatras con mando en plaza deben hacer un ejercicio de humildad y abandonar ese estilo pobremente faltón. O como mínimo, si desean insultar al adversario, al menos ser obligados a hacerlo con retruécanos ingeniosos al modo del gran Savinien de Cyrano y no con primarias palabras atrabiliarias que puede usar cualquier rufián (con perdón) de discoteca barata.. Como ha demostrado el caso de Noelia, siempre existirán asuntos de la vida humana que los humanos enfocarán de maneras muy diferentes. Si contratamos a representantes políticos, es para solucionar esas diferencias y no para aumentarlas insultando al contrario. Quien no haya entendido eso es que no comprende el significado de la palabra «Política» y quizá debería ser enviado a casa para que insulte solo a la pantalla del televisor y no a los votantes.
