El impulso independentista escocés es muy superior al galés, e Irlanda del Norte tiene su propio laberinto constitucional
Algo se está agitando en las naciones históricas del Reino Unido, al margen de Inglaterra, pero el grado de esas turbulencias no es homogéneo. La voluntad secesionista de Escocia lleva más de una década ensayada, con referéndum incluido en 2024 (el separatismo fue derrotado 55% contra 45%), y el partido hegemónico durante todo ese tiempo, el SNP (Scottish National Party), sigue enarbolando como objetivo prioritario, con mayor o menor ímpetu, la independencia.. En las elecciones de mayo, el SNP revalidó su mayoría con 58 escaños. Se quedó a siete de la mayoría absoluta, y gobierna desde entonces en minoría porque no renovó la coalición con Los Verdes que existió hasta 2024. La primera decisión de Holyrood, como se conoce al Parlamento autónomo escocés, fue, a los pocos días de esos comicios, respaldar mayoritariamente otra petición para que se celebrara un nuevo referéndum de independencia.. La asamblea autónoma exigió en su resolución al entonces Gobierno de Starmer que le transfiriera la capacidad contemplada en la llamada Sección 30 de la Ley de Escocia de 1998 para convocar un referéndum. En 2014, cuando los escoceses rechazaron la secesión tras una agria y polarizante campaña, fue el Gobierno de Cameron el que usó su prerrogativa para permitir la consulta.. En cualquier caso, el ministro principal, Swinney, consciente de que los recientes episodios de corrupción que han agitado al SNP desinflaron el ánimo secesionista de los ciudadanos, ha retrasado cualquier decisión sobre una nueva consulta al 2028, y en cualquier caso, antes de 2031, cuando termine su actual mandato, como ha vuelto a recordar este lunes en Cardiff.. En la última encuesta de mayo realizada por Ipsos, el 48% de los escoceses respaldaban la independencia, frente a un 52% que la rechazaban.. Las particularidades de Gales. En Gales, el partido nacionalista Plaid Cymru (Partido de Gales, en lengua galesa) acaba de conquistar el poder, después de años de combate político siempre en la oposición. Gales ha sido históricamente territorio del Partido Laborista. La izquierda británica tenía un predominio indiscutible en una dura tierra de mineros. Desde 1999, cuando puso en marcha su Gobierno autónomo y su Parlamento propio (conocido como el Senedd), al frente de sus instituciones ha habido un ministro principal laborista.. Hasta el 7 de mayo de este año, cuando el Plaid Cymru logró el 35,4% de los votos y se hizo con 43 escaños, 20 más que en las elecciones anteriores. El Partido Laborista se hundió. Obtuvo apenas el 11,1% de los votos y 9 escaños. Perdió 35. La segunda fuerza más votada fue la ultraderecha de Nigel Farage, Reform UK, que irrumpió en el Senedd con 34 diputados.. Ese escenario ha llevado al líder nacionalista galés Rhun ap Iorweth, de 53 años, un excronista político con una presencia física imponente y grandes dotes de comunicación, a administrar con cautela su éxito. Más empeñado en extraer de Londres nuevos poderes y competencias para su Gobierno que en embarcarse, de momento, en una aventura secesionista, esquiva con astucia cualquier pregunta relativa a la secesión y deja ese asunto en manos de lo que reclamen los ciudadanos galeses en un futuro incierto. “[El primer ministro, Andy] Burnham debe entender que Gales es una nación, no una región del Reino Unido”, decía Ap Iorweth al diario The Guardian horas antes de asistir al encuentro en Cardiff con el resto de líderes nacionalistas.. Un sondeo reciente de Survation señala que solo el 32% de los galeses respaldaría hoy la independencia, frente al 68% que votaría en contra.. El polvorín irlandés. El Brexit agitó en Irlanda del Norte el eterno debate de la reunificación de la isla. El llamado Protocolo de Irlanda, que incorporó el territorio británico de Irlanda del Norte al Mercado Interior de la UE y a su espacio aduanero, para proteger la frontera invisible entre las dos Irlandas, intranquilizó a la comunidad unionista, que consideró el movimiento una traición de Londres, mientras dio alas a un movimiento republicano que veían en esa nueva construcción constitucional un paso más en el camino hacia la unidad.. En mayo de 2022, el Sinn Féin, el partido que durante años fue considerado el brazo político de la organización terrorista IRA, ganó por primera vez las elecciones autonómicas de Irlanda del Norte. Su vicepresidenta, Michelle O´Neill, debía ocupar el puesto de ministra principal (equivalente a jefe del Gobierno o primer ministro), pero los unionistas del DUP bloquearon su nombramiento con la excusa del Protocolo de Irlanda y los problemas y sinsabores que había generado este tratado firmado entre Londres y Bruselas. El acuerdo de Stormont (así se conoce al Parlamento autónomo), que contribuyó a devolver la paz en la región junto a los Acuerdos de Viernes Santo, impuso una cogobernanza férrea ente republicanos y unionistas. Cualquier decisión del Ejecutivo o del Parlamento requiere del consenso.. Las calles de Belfast y Derry volvieron a incendiarse, con escenas de violencia que recordaban los llamados troubles (disturbios) de las últimas décadas del siglo pasado. Solo el Acuerdo Marco de Windsor, firmado entre el entonces el primer ministro británico, Rishi Sunak, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von Der Leyen, recuperó cierta estabilidad. O´Neill logro finalmente ocupar el sillón de ministra principal de Irlanda del Norte en febrero de 2024.. Con esa fuerza institucional, y en una situación en la que muchos norirlandeses comienzan a sentir que su futuro se decide más en Dublín (capital de un Estado miembro de la UE que participa en las decisiones de Bruselas) que en Londres, el sentimiento de la reunificación ha cobrado fuerza, como recordó Donald Trump este fin de semana, en unas declaraciones incendiarias pero no extemporáneas. Aun así, en cualquiera de la dos Irlandas sus ciudadanos y sus gobiernos saben que la reunificación sería compleja y acarrearía problemas de gestión, y cada vez son más los norirlandeses que prefieren una relación de buena vecindad, sin una frontera por el medio, que la unidad de la isla.. La última encuesta del Instituto de Estudios Irlandeses señala que solo un 35,8% de los ciudadanos de Irlanda del Norte querría incorporarse a la República de Irlanda, frente a un 49,7% que rechaza esa posibilidad. Un gran porcentaje prefiere no opinar.
Algo se está agitando en las naciones históricas del Reino Unido, al margen de Inglaterra, pero el grado de esas turbulencias no es homogéneo. La voluntad secesionista de Escocia lleva más de una década ensayada, con referéndum incluido en 2024 (el separatismo fue derrotado 55% contra 45%), y el partido hegemónico durante todo ese tiempo, el SNP (Scottish National Party), sigue enarbolando como objetivo prioritario, con mayor o menor ímpetu, la independencia.. Seguir leyendo
