La intérprete madrileña pone voz en Audible a «Violet», tres relatos inéditos donde la autora británica anticipa las semillas de su pensamiento feminista.
Audible acaba de estrenar en exclusiva «Violet», una recopilación de tres narraciones inéditas que una jovencísima Virginia Woolf escribió en 1907, inspirada en su íntima amiga Violet Dickinson. Siete años antes de publicar su primera novela, la autora británica ya dejaba constancia de las inquietudes feministas, el inconformismo y la afilada crítica social que marcarían su madurez literaria. La encargada de dar cuerpo y alma a este tesoro rescatado es Irene Escolar. Charlamos con la actriz madrileña sobre el exigente código de la narración en audio, la fascinante ironía de una Woolf de veinticinco años y el juego de censurar el texto para potenciar el misterio victoriano.. Es su segunda colaboración con Audible. ¿Cómo ha sido volver a este formato tan particular?. Ha sido un placer absoluto. Aunque ya he integrado este formato dentro de mi vida profesional, yo soy actriz y no es lo más habitual para mí hacer audiolibros, así que siempre toca entrar en esa dinámica y entender sus códigos. Esta vez, al saber cómo funcionaba todo y repetir con Sol, la directora, que es maravillosa, lo he disfrutado muchísimo más. Todo fluyó muy bien y es un proceso verdaderamente divertido.. Existe el prejuicio de que hacer un audiolibro es simplemente leer en voz alta, pero detrás hay un trabajo interpretativo enorme.. Claro, porque no es una lectura formal, sino un ejercicio de comunicación para que el oyente se adentre en ese imaginario. Te metes en la pecera del estudio de grabación con una pantalla delante y un sistema comodísimo que te evita incluso tener que pasar las páginas. Tienes un micrófono con el que puedes jugar constantemente; descubrí que según te acerques o te alejes generas diferentes cualidades en la voz. Es una técnica muy útil para marcar distintos personajes sin necesidad de impostar o estar «poniendo voces», buscando que todo suene más especial. Hay mucho que descubrir en los tonos de tu propia voz.. ¿Conocía la existencia de estos relatos de juventud de Virginia Woolf?. No, la verdad es que no sabía nada de esta pieza. Son tres relatos que ni había leído ni tenía referencias de ellos. Me parece una maravilla que los hayan rescatado, porque incluso para la gente que ha leído su obra y se interesa por su figura, estos textos eran completamente desconocidos.. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de encontrarte con una Virginia Woolf de veinticinco años?. Su asombrosa capacidad para generar imágenes muy complejas, inteligentes y ácidas antes de que su obra despegara y se hiciera mundialmente conocida. Estos textos corroboran que desde muy joven tenía una cabeza privilegiada, con un pensamiento muy elevado. No son textos fáciles en absoluto; tienen muchas frases subordinadas que requieren una atención constante. El mayor reto como narradora ha sido darme el tempo adecuado para comunicar cada frase con su intención exacta, logrando que el oyente se quede atrapado en la historia.. En «Violet» se percibe a una autora más satírica, juguetona y menos melancólica de lo habitual. ¿Sintió esa misma ligereza en el estudio?. Sin duda. Es un texto divertidísimo con el que me reía mucho en el estudio; de hecho, en algunos momentos tenía que parar de grabar porque escribe cosas de lo más elocuentes. Hay una ironía y una acidez brutales en su forma de criticar a la sociedad victoriana, a las clases sociales, a la burguesía y a la aristocracia de la época. Todo está construido desde una sátira muy fina.. ¿Cómo fue el proceso de enfrentarse a un texto tan desconocido de un referente histórico?. La palabra exacta es curiosidad. Sentí que iba a descubrir un tesoro absoluto. En el prólogo se detalla cómo la traductora encontró estos textos y cómo se editaron, ya que son piezas que solo conocían los eruditos que estudian su figura. El resto de sus obras las estudias en el colegio, en la universidad o las lees porque te apetece, pero el público ya tiene una opinión formada sobre ellas. Con «Violet» iba completamente virgen, desde una pureza y unas ganas inmensas de descubrir qué había allí dentro. Es algo que pasa muy pocas veces en esta profesión.. ¿Cómo se traslada esa sutil ironía que está en el papel a un formato puramente sonoro?. La clave estuvo en leerlo mucho antes para atrapar ese tono irónico tan propio de su escritura y poder darle cuerpo a través de la voz, intentando ser lo más fiel posible a lo que ella quería plasmar. Su crítica social no es evidente ni tosca, es extremadamente sutil. Había que encontrar esa misma inteligencia en la forma de decir y en la textura de la voz. Lo fascinante es ver que esa voz que desarrollaría de adulta ya estaba presente en sus inicios; se mantuvo fiel a su esencia durante todo su crecimiento. Hay pasajes que me recordaban de manera inevitable a «Mrs. Dalloway». Con los años vas afinando la técnica, probando y rectificando en tu profesión, pero su identidad ya estaba ahí.. ¿Hubo algún pasaje o detalle del texto que le divirtiera especialmente a la hora de interpretarlo?. Hubo un detalle técnico muy divertido que trasladamos al formato audio. En el papel, como Virginia habla de la sociedad victoriana de su época y no quiere desvelar las identidades reales de las personas a las que critica, deja los nombres en blanco y escribe frases como «meses de…». En el audiolibro jugamos a crear una especie de censura auditiva, emitiendo un sonido cada vez que aparecía ese vacío en el nombre. Ese tipo de recursos nos dieron una capacidad de juego ideal y aportan mucha elocuencia a la escucha.. ¿Qué le ha aportado a nivel personal haber habitado las palabras de esta obra?. Me ha despertado unas ganas tremendas de revisar toda la obra de Virginia Woolf desde otra perspectiva. Me apetece mucho volver a leer «Una habitación propia», que lo leí cuando era bastante jovencita, y revisitar sus textos para refrescarlos. También me ha servido para seguir explorando el mundo del audiolibro, que me parece fascinante.. ¿Era consumidora de este formato antes de empezar a grabarlos?. Sí, escuchaba bastantes, sobre todo producciones anglosajones de actrices internacionales que me gustan mucho y a las que sigo la pista, como Meryl Streep o Julianne Moore. En español también escuché uno precioso que grabó Bárbara Lennie, que además es amiga mía. Es un formato que disfruto mucho como oyente y en el que me encantaría seguir probando cosas nuevas en el futuro.
Audible acaba de estrenar en exclusiva «Violet», una recopilación de tres narraciones inéditas que una jovencísima Virginia Woolf escribió en 1907, inspirada en su íntima amiga Violet Dickinson. Siete años antes de publicar su primera novela, la autora británica ya dejaba constancia de las inquietudes feministas, el inconformismo y la afilada crítica social que marcarían su madurez literaria. La encargada de dar cuerpo y alma a este tesoro rescatado es Irene Escolar. Charlamos con la actriz madrileña sobre el exigente código de la narración en audio, la fascinante ironía de una Woolf de veinticinco años y el juego de censurar el texto para potenciar el misterio victoriano.. Es su segunda colaboración con Audible. ¿Cómo ha sido volver a este formato tan particular?. Ha sido un placer absoluto. Aunque ya he integrado este formato dentro de mi vida profesional, yo soy actriz y no es lo más habitual para mí hacer audiolibros, así que siempre toca entrar en esa dinámica y entender sus códigos. Esta vez, al saber cómo funcionaba todo y repetir con Sol, la directora, que es maravillosa, lo he disfrutado muchísimo más. Todo fluyó muy bien y es un proceso verdaderamente divertido.. Existe el prejuicio de que hacer un audiolibro es simplemente leer en voz alta, pero detrás hay un trabajo interpretativo enorme.. Claro, porque no es una lectura formal, sino un ejercicio de comunicación para que el oyente se adentre en ese imaginario. Te metes en la pecera del estudio de grabación con una pantalla delante y un sistema comodísimo que te evita incluso tener que pasar las páginas. Tienes un micrófono con el que puedes jugar constantemente; descubrí que según te acerques o te alejes generas diferentes cualidades en la voz. Es una técnica muy útil para marcar distintos personajes sin necesidad de impostar o estar «poniendo voces», buscando que todo suene más especial. Hay mucho que descubrir en los tonos de tu propia voz.. ¿Conocía la existencia de estos relatos de juventud de Virginia Woolf?. No, la verdad es que no sabía nada de esta pieza. Son tres relatos que ni había leído ni tenía referencias de ellos. Me parece una maravilla que los hayan rescatado, porque incluso para la gente que ha leído su obra y se interesa por su figura, estos textos eran completamente desconocidos.. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de encontrarte con una Virginia Woolf de veinticinco años?. Su asombrosa capacidad para generar imágenes muy complejas, inteligentes y ácidas antes de que su obra despegara y se hiciera mundialmente conocida. Estos textos corroboran que desde muy joven tenía una cabeza privilegiada, con un pensamiento muy elevado. No son textos fáciles en absoluto; tienen muchas frases subordinadas que requieren una atención constante. El mayor reto como narradora ha sido darme el tempo adecuado para comunicar cada frase con su intención exacta, logrando que el oyente se quede atrapado en la historia.. En «Violet» se percibe a una autora más satírica, juguetona y menos melancólica de lo habitual. ¿Sintió esa misma ligereza en el estudio?. Sin duda. Es un texto divertidísimo con el que me reía mucho en el estudio; de hecho, en algunos momentos tenía que parar de grabar porque escribe cosas de lo más elocuentes. Hay una ironía y una acidez brutales en su forma de criticar a la sociedad victoriana, a las clases sociales, a la burguesía y a la aristocracia de la época. Todo está construido desde una sátira muy fina.. ¿Cómo fue el proceso de enfrentarse a un texto tan desconocido de un referente histórico?. La palabra exacta es curiosidad. Sentí que iba a descubrir un tesoro absoluto. En el prólogo se detalla cómo la traductora encontró estos textos y cómo se editaron, ya que son piezas que solo conocían los eruditos que estudian su figura. El resto de sus obras las estudias en el colegio, en la universidad o las lees porque te apetece, pero el público ya tiene una opinión formada sobre ellas. Con «Violet» iba completamente virgen, desde una pureza y unas ganas inmensas de descubrir qué había allí dentro. Es algo que pasa muy pocas veces en esta profesión.. ¿Cómo se traslada esa sutil ironía que está en el papel a un formato puramente sonoro?. La clave estuvo en leerlo mucho antes para atrapar ese tono irónico tan propio de su escritura y poder darle cuerpo a través de la voz, intentando ser lo más fiel posible a lo que ella quería plasmar. Su crítica social no es evidente ni tosca, es extremadamente sutil. Había que encontrar esa misma inteligencia en la forma de decir y en la textura de la voz. Lo fascinante es ver que esa voz que desarrollaría de adulta ya estaba presente en sus inicios; se mantuvo fiel a su esencia durante todo su crecimiento. Hay pasajes que me recordaban de manera inevitable a «Mrs. Dalloway». Con los años vas afinando la técnica, probando y rectificando en tu profesión, pero su identidad ya estaba ahí.. ¿Hubo algún pasaje o detalle del texto que le divirtiera especialmente a la hora de interpretarlo?. Hubo un detalle técnico muy divertido que trasladamos al formato audio. En el papel, como Virginia habla de la sociedad victoriana de su época y no quiere desvelar las identidades reales de las personas a las que critica, deja los nombres en blanco y escribe frases como «meses de…». En el audiolibro jugamos a crear una especie de censura auditiva, emitiendo un sonido cada vez que aparecía ese vacío en el nombre. Ese tipo de recursos nos dieron una capacidad de juego ideal y aportan mucha elocuencia a la escucha.. ¿Qué le ha aportado a nivel personal haber habitado las palabras de esta obra?. Me ha despertado unas ganas tremendas de revisar toda la obra de Virginia Woolf desde otra perspectiva. Me apetece mucho volver a leer «Una habitación propia», que lo leí cuando era bastante jovencita, y revisitar sus textos para refrescarlos. También me ha servido para seguir explorando el mundo del audiolibro, que me parece fascinante.. ¿Era consumidora de este formato antes de empezar a grabarlos?. Sí, escuchaba bastantes, sobre todo producciones anglosajones de actrices internacionales que me gustan mucho y a las que sigo la pista, como Meryl Streep o Julianne Moore. En español también escuché uno precioso que grabó Bárbara Lennie, que además es amiga mía. Es un formato que disfruto mucho como oyente y en el que me encantaría seguir probando cosas nuevas en el futuro.
