El periodista, en compañía de Juanjo López, firma en Netflix «Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo», una necesaria lección real de convivencia
Olvidar es una anomalía biológica, pero en España se ha vuelto un vicio social. Los datos dicen que la mitad de los jóvenes ignora quién fue el concejal de Ermua cuyo sacrificio fracturó la impunidad terrorista. Para combatir esa desmemoria ha llegado a Netflix la película documental «Miguel Ángel Blanco: las 48 horas que lo cambiaron todo». Dirigida por Jon Sistiaga, la obra huye del morbo y el dolor para firmar un ejercicio aséptico con más de 180 horas de archivo y testimonios sin filtros. Hablamos con el periodista de todos los retos que encaró con esta producción.. ¿Es el público joven el gran objetivo de este proyecto?. Sin duda. Es nuestra intención principal porque las estadísticas confirman que en España la juventud no tiene ni idea de nuestro pasado más reciente. Queríamos subsanar esa falla y Netflix nos da una audiencia global que conecta con ellos. La televisión abierta llega a la generación que ya vivió el trauma, pero la plataforma engancha a los hijos. Estructuramos el documental como un thriller de cuenta atrás para forzar un visionado familiar. Buscamos que los padres sienten a los chicos en el sofá y les cuenten sus vivencias mientras descubren asombrados lo que pasó aquí. Nuestro propio equipo técnico era jovencísimo y no sabía quién era Miguel; terminaban las entrevistas completamente devastados al descubrir la crudeza de la realidad.. ¿Cómo se puede mantener un tono tan aséptico?. Tratamos de ejercer ese periodismo neutral que hoy en día parece que ya no se entiende: contar los hechos tal y como sucedieron, sin mediatizaciones ni sesgos políticos. Esta historia transciende partidos e identidades; es un drama universal sobre la reacción de un país entero que se rebeló ante una injusticia flagrante. Hablamos de Miguel porque así le conocía todo el mundo antes de convertirse en un mito o en un nombre para polideportivos y calles. Queríamos rescatar al chaval normal que escuchaba a Héroes del Silencio y que quería irse de vacaciones con su novia. Salen los políticos que estaban en ese momento porque sus decisiones marcaron las 48 horas, desde Aznar hasta el ministro del Interior, pero también descubrimos a figuras como el alcalde Carlos Totorika, que contuvo la rabia de su pueblo sacándolo a caminar para evitar una tragedia mayor.. ¿Qué estrategia utilizasteis para desnudar emocionalmente a cargos tan institucionales?. Logramos esa cercanía y esa verdad porque les pedimos expresamente que se quitaran el uniforme. Al teniente coronel de la Guardia Civil y al comisario de la Policía Nacional les exigimos que guardaran las medallas para hablarnos como los colegas que son y que estuvieron allí metidos en el barro. A Jaime Mayor Oreja le pedimos que se abriera desde el desgarro interior de un hombre creyente que sabe que su decisión de no ceder al chantaje está mandando a un joven al cadalso. Periodísticamente, los grandes hitos son contar por primera vez con el testimonio del Rey hablando abiertamente sobre este asunto y desvelar los intentos secretos de mediación que hubo para tratar de salvarle la vida, relatados por primera vez por personas como la abogada María José Gurrutxaga o Patxi Zabaleta. Las fronteras entre el profesional y el ciudadano se difuminaron por completo; terminamos todos llorando al bajar las cámaras.. ¿Cómo condicionó los hechos la falta de redes sociales en 1997?. La imagen del padre enterándose del secuestro al regresar de trabajar es desgarradora; bajó del andamio sin radio ni móvil, y una periodista tuvo que hacerle la pregunta que le ha perseguido toda la vida porque nadie más se atrevía. Si esto pasara hoy, la ejecución de Miguel Ángel Blanco sería un asesinato retransmitido en directo y online. En el 97, ETA no midió que los medios ya emitían las veinticuatro horas seguidas. Hoy la movilización habría sido inmediata gracias a la tecnología, pero en aquel momento el Espíritu de Ermua funcionó como una proto-red social física. Un juez decidió empapelar las calles con la foto de Miguel y eso provocó que millones de ciudadanos se sintieran responsables y colaboraran masivamente con la policía. Eso se consiguió en las aceras porque no existían las redes digitales.. ¿Por qué renunciar a las reconstrucciones de ficción dentro del metraje?. El montaje tiene el pulso de un thriller, pero esquivando conscientemente los recursos mediocres del true crime. No hay ni una sola escena recreada porque el material de archivo era tan monumental y de tanta calidad que solo debíamos ordenarlo bien para mantener al espectador pegado al sofá durante noventa minutos. Como somos periodistas serios, desde el primer minuto dejamos claro que al final el chaval muere; no engañamos a nadie. Por cuestiones de ritmo tuvimos que sacrificar muchísimo material potente, como una reportera de la BBC que viajó desde Estambul o confidencias íntimas brutales. Marimar Blanco siempre pensó que el médico que atendió a su hermano era proetarra, y al decírselo al doctor en su entrevista, nos contestó compadecido que su proceder fue exquisitamente profesional. Al trasladarle la respuesta a Marimar, exclamó conmovida que le encantaría abrazar a ese señor porque hizo lo imposible.. El cierre con la carta dirigida a Miguel rompe por completo los códigos habituales.. Es un salto al vacío donde rompes la quinta pared al dirigirte directamente al fallecido. Decidimos hablarle como a un tío de nuestra propia edad, un hombre de cincuenta y ocho años que son los que él tendría hoy si no lo hubieran asesinado con veintinueve, la edad que yo tenía entonces. Tenía un sentido profundo decirle a nivel personal lo mucho que se ha perdido por culpa de sus verdugos, pero también recordarle que su muerte cambió la historia de España. Ya me jode que haya tenido que ser a través de una tragedia semejante, pero si sirve para que la gente reflexione veinticinco años después, habrá valido la pena. Queremos que este documento canónico genere una conversación necesaria y sirva para que los profesores de los institutos aparquen el temario y muestren a los alumnos esta pieza. Si los chavales entienden que esto es historia real y no un algoritmo de Netflix, nos damos por satisfechos.. ¿Este documental puede funcionar como una lección contra la crispación política actual?. Llega en un momento de una polarización asquerosa en los extremos para recordarnos que hace tres décadas fuimos capaces de salir absolutamente todos a la calle con una vela y las manos blancas. Media Euskadi se manifestó en una época negrísima donde había que hablar muy bajito en los bares para que nadie te marcara. Fue un momento de comunión social brutal que pocas veces se ha vuelto a repetir. Todo lo que tenemos ahora es gracias a que este país es una democracia consolidada, a pesar de que todo se pudo haber ido perfectamente al garete. Dar por sentado el bienestar actual es un error; llegar aquí costó una barbaridad de sangre y más de ochocientas muertes que no se pueden olvidar. Este proyecto es un agradecimiento a nuestros mayores, que nos enseñaron a conservar la convivencia. Es vital recordar que aquí cabemos todos y tender puentes; siempre hay muchas más cosas que nos unen que aquellas que nos separan.
Olvidar es una anomalía biológica, pero en España se ha vuelto un vicio social. Los datos dicen que la mitad de los jóvenes ignora quién fue el concejal de Ermua cuyo sacrificio fracturó la impunidad terrorista. Para combatir esa desmemoria ha llegado a Netflix la película documental Jon Sistiaga, la obra huye del morbo y el dolor para firmar un ejercicio aséptico con más de 180 horas de archivo y testimonios sin filtros. Hablamos con el periodista de todos los retos que encaró con esta producción.. ¿Es el público joven el gran objetivo de este proyecto?. Sin duda. Es nuestra intención principal porque las estadísticas confirman que en España la juventud no tiene ni idea de nuestro pasado más reciente. Queríamos subsanar esa falla y Netflix nos da una audiencia global que conecta con ellos. La televisión abierta llega a la generación que ya vivió el trauma, pero la plataforma engancha a los hijos. Estructuramos el documental como un thriller de cuenta atrás para forzar un visionado familiar. Buscamos que los padres sienten a los chicos en el sofá y les cuenten sus vivencias mientras descubren asombrados lo que pasó aquí. Nuestro propio equipo técnico era jovencísimo y no sabía quién era Miguel; terminaban las entrevistas completamente devastados al descubrir la crudeza de la realidad.. ¿Cómo se puede mantener un tono tan aséptico?. Tratamos de ejercer ese periodismo neutral que hoy en día parece que ya no se entiende: contar los hechos tal y como sucedieron, sin mediatizaciones ni sesgos políticos. Esta historia transciende partidos e identidades; es un drama universal sobre la reacción de un país entero que se rebeló ante una injusticia flagrante. Hablamos de Miguel porque así le conocía todo el mundo antes de convertirse en un mito o en un nombre para polideportivos y calles. Queríamos rescatar al chaval normal que escuchaba a Héroes del Silencio y que quería irse de vacaciones con su novia. Salen los políticos que estaban en ese momento porque sus decisiones marcaron las 48 horas, desde Aznar hasta el ministro del Interior, pero también descubrimos a figuras como el alcalde Carlos Totorika, que contuvo la rabia de su pueblo sacándolo a caminar para evitar una tragedia mayor.. ¿Qué estrategia utilizasteis para desnudar emocionalmente a cargos tan institucionales?. Logramos esa cercanía y esa verdad porque les pedimos expresamente que se quitaran el uniforme. Al teniente coronel de la Guardia Civil y al comisario de la Policía Nacional les exigimos que guardaran las medallas para hablarnos como los colegas que son y que estuvieron allí metidos en el barro. A Jaime Mayor Oreja le pedimos que se abriera desde el desgarro interior de un hombre creyente que sabe que su decisión de no ceder al chantaje está mandando a un joven al cadalso. Periodísticamente, los grandes hitos son contar por primera vez con el testimonio del Rey hablando abiertamente sobre este asunto y desvelar los intentos secretos de mediación que hubo para tratar de salvarle la vida, relatados por primera vez por personas como la abogada María José Gurrutxaga o Patxi Zabaleta. Las fronteras entre el profesional y el ciudadano se difuminaron por completo; terminamos todos llorando al bajar las cámaras.. ¿Cómo condicionó los hechos la falta de redes sociales en 1997?. La imagen del padre enterándose del secuestro al regresar de trabajar es desgarradora; bajó del andamio sin radio ni móvil, y una periodista tuvo que hacerle la pregunta que le ha perseguido toda la vida porque nadie más se atrevía. Si esto pasara hoy, la ejecución de Miguel Ángel Blanco sería un asesinato retransmitido en directo y online. En el 97, ETA no midió que los medios ya emitían las veinticuatro horas seguidas. Hoy la movilización habría sido inmediata gracias a la tecnología, pero en aquel momento el Espíritu de Ermua funcionó como una proto-red social física. Un juez decidió empapelar las calles con la foto de Miguel y eso provocó que millones de ciudadanos se sintieran responsables y colaboraran masivamente con la policía. Eso se consiguió en las aceras porque no existían las redes digitales.. [[EXTERNAL:Youtube» rel=»https://www.larazon.es/television/cuando-dignidad-pais-desarmo-infamia-eta_202607106a507c67c0b5fb431c4b3be9.html» target=»_blank»>https://www.youtube.com/embed/QNxk9Sr8usE|||images/play_youtube.jpg. ¿Por qué renunciar a las reconstrucciones de ficción dentro del metraje?. El montaje tiene el pulso de un thriller, pero esquivando conscientemente los recursos mediocres del true crime. No hay ni una sola escena recreada porque el material de archivo era tan monumental y de tanta calidad que solo debíamos ordenarlo bien para mantener al espectador pegado al sofá durante noventa minutos. Como somos periodistas serios, desde el primer minuto dejamos claro que al final el chaval muere; no engañamos a nadie. Por cuestiones de ritmo tuvimos que sacrificar muchísimo material potente, como una reportera de la BBC que viajó desde Estambul o confidencias íntimas brutales. Marimar Blanco siempre pensó que el médico que atendió a su hermano era proetarra, y al decírselo al doctor en su entrevista, nos contestó compadecido que su proceder fue exquisitamente profesional. Al trasladarle la respuesta a Marimar, exclamó conmovida que le encantaría abrazar a ese señor porque hizo lo imposible.. El cierre con la carta dirigida a Miguel rompe por completo los códigos habituales.. Es un salto al vacío donde rompes la quinta pared al dirigirte directamente al fallecido. Decidimos hablarle como a un tío de nuestra propia edad, un hombre de cincuenta y ocho años que son los que él tendría hoy si no lo hubieran asesinado con veintinueve, la edad que yo tenía entonces. Tenía un sentido profundo decirle a nivel personal lo mucho que se ha perdido por culpa de sus verdugos, pero también recordarle que su muerte cambió la historia de España. Ya me jode que haya tenido que ser a través de una tragedia semejante, pero si sirve para que la gente reflexione veinticinco años después, habrá valido la pena. Queremos que este documento canónico genere una conversación necesaria y sirva para que los profesores de los institutos aparquen el temario y muestren a los alumnos esta pieza. Si los chavales entienden que esto es historia real y no un algoritmo de Netflix, nos damos por satisfechos.. ¿Este documental puede funcionar como una lección contra la crispación política actual?. Llega en un momento de una polarización asquerosa en los extremos para recordarnos que hace tres décadas fuimos capaces de salir absolutamente todos a la calle con una vela y las manos blancas. Media Euskadi se manifestó en una época negrísima donde había que hablar muy bajito en los bares para que nadie te marcara. Fue un momento de comunión social brutal que pocas veces se ha vuelto a repetir. Todo lo que tenemos ahora es gracias a que este país es una democracia consolidada, a pesar de que todo se pudo haber ido perfectamente al garete. Dar por sentado el bienestar actual es un error; llegar aquí costó una barbaridad de sangre y más de ochocientas muertes que no se pueden olvidar. Este proyecto es un agradecimiento a nuestros mayores, que nos enseñaron a conservar la convivencia. Es vital recordar que aquí cabemos todos y tender puentes; siempre hay muchas más cosas que nos unen que aquellas que nos separan.
