Sun Tzu (circa 544-496 a.C.), el mítico militar y filósofo chino, autor del celebérrimo «Arte de la guerra», recomienda «reflexionar y deliberar antes de tomar cualquier decisión». Una de las grandes habilidades políticas de Pedro Sánchez es su capacidad para reaccionar con rapidez en situaciones complicadas o inesperadas. Hasta ahora ha tenido éxito. Su pirueta –reflexionada y deliberada o no– de adelantar las elecciones y celebrarlas en pleno verano de 2023 le ha permitido seguir en la Moncloa, donde, quizá gracias a otra conjunción de acontecimientos, pretende continuar. La guerra de Trump contra el régimen sanguinario de los ayatolás no la quiere nadie y está al margen de la legalidad internacional, si es que en las guerras existe alguna legalidad. Para Pedro Sánchez, sin embargo, es un regalo tan inesperado como deseado, por mucho que proclame –sin admitir preguntas– «no a la guerra». Con rapidez ha enarbolado en España –y en Europa, todo de cara a la galería– la bandera antiamericana, convencido de que puede atraer a los muchos socialistas siempre recelosos de «los americanos», a la izquierda comunista, que es su aliada, y a los «indepes» y nacionalistas de Bildu, ERC, BNG, Compromís y quizá alguno más. Hay quien incluso fantasea con, ahora sí, un adelanto electoral para captar todo ese voto, pero es algo remoto, a pesar de que Sánchez juega la baza antiamericana por cálculo político y electoral, sin tener en cuenta, por supuesto, los intereses de España y de los españoles. Estados Unidos es el principal suministrador de gas licuado a España, el combustible que permite el funcionamiento de las fábricas y calienta los hogares. Cualquier problema en ese suministro supondría, como mal menor, un encarecimiento general de muchos productos y de la cesta de la compra. Trump no puede romper el comercio con España, pero sí puede influir en las empresas estadounidenses y en su mercado para que marginen los productos españoles, sobre todo el vino, el aceite y la industria farmacéutica. Sánchez, por otra parte, más que oponerse al aumento del gasto militar o a la guerra en Irán, lo que hace es presumir de ello, pero solo porque enfrentarse en teoría a Trump es popular y da votos. Todo ello, tras reflexionar y deliberar, como sugería Sun Tzu.
«La estrategia del presidente es presumir de su enfrentamiento con Trump porque cree que eso es popular y le dará votos»
Sun Tzu (circa 544-496 a.C.), el mítico militar y filósofo chino, autor del celebérrimo «Arte de la guerra», recomienda «reflexionar y deliberar antes de tomar cualquier decisión». Una de las grandes habilidades políticas de Pedro Sánchez es su capacidad para reaccionar con rapidez en situaciones complicadas o inesperadas. Hasta ahora ha tenido éxito. Su pirueta –reflexionada y deliberada o no– de adelantar las elecciones y celebrarlas en pleno verano de 2023 le ha permitido seguir en la Moncloa, donde, quizá gracias a otra conjunción de acontecimientos, pretende continuar. La guerra de Trump contra el régimen sanguinario de los ayatolás no la quiere nadie y está al margen de la legalidad internacional, si es que en las guerras existe alguna legalidad. Para Pedro Sánchez, sin embargo, es un regalo tan inesperado como deseado, por mucho que proclame –sin admitir preguntas– «no a la guerra». Con rapidez ha enarbolado en España –y en Europa, todo de cara a la galería– la bandera antiamericana, convencido de que puede atraer a los muchos socialistas siempre recelosos de «los americanos», a la izquierda comunista, que es su aliada, y a los «indepes» y nacionalistas de Bildu, ERC, BNG, Compromís y quizá alguno más. Hay quien incluso fantasea con, ahora sí, un adelanto electoral para captar todo ese voto, pero es algo remoto, a pesar de que Sánchez juega la baza antiamericana por cálculo político y electoral, sin tener en cuenta, por supuesto, los intereses de España y de los españoles. Estados Unidos es el principal suministrador de gas licuado a España, el combustible que permite el funcionamiento de las fábricas y calienta los hogares. Cualquier problema en ese suministro supondría, como mal menor, un encarecimiento general de muchos productos y de la cesta de la compra. Trump no puede romper el comercio con España, pero sí puede influir en las empresas estadounidenses y en su mercado para que marginen los productos españoles, sobre todo el vino, el aceite y la industria farmacéutica. Sánchez, por otra parte, más que oponerse al aumento del gasto militar o a la guerra en Irán, lo que hace es presumir de ello, pero solo porque enfrentarse en teoría a Trump es popular y da votos. Todo ello, tras reflexionar y deliberar, como sugería Sun Tzu.
