La radiografía que ha hecho la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) sobre la situación de las bajas laborales en España nos remite al «Beatus Ille» de fray Luis de León, con esos versos imperecederos, «Qué descansada vida/ la del que huye del mundanal ruido/ y sigue la escondida senda/ por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido», que evocan la placidez del campo y las virtudes del trabajo manual. Me explico. Según el estudio, quienes trabajan en la Agricultura o la Construcción, tienen más de cuarenta años y sus sueldos se encuentran en el entorno del Salario Mínimo, presentan menos bajas laborales por contingencias comunes que quienes tienen menos de 40 años, trabajan de administrativos o en el sector sanitario y ganan por encima del salario medio. Campesinos y obreros de la Construcción, pues, tienen empleos salutíferos que les proporcionan una salud de hierro, aunque, eso sí, un poco menos que los trabajadores autónomos, que, con una naturaleza de leñador canadiense, faltan al trabajo cuatro veces menos que los empleados por cuenta ajena. La alarma, por supuesto, salta en el caso de los funcionarios, que se cogen un 13 por ciento más de bajas que el resto de los asalariados, lo que obligaría a la Administración a hacer un estudio de salubridad entre sus trabajadores, que deben estar machacados por unos capataces que ríete tú de los cómitres de galera romana. Ironías aparte, lo cierto es que el problema de las bajas en España, con pérdidas calculadas para 2024 de más de 39.000 millones de euros, no es menor ni puede reducirse a una simple cuestión ideológica, por la que Núñez Feijóo es un fascista y Yolanda Díaz, un ángel de alas blancas. La realidad es que la situación del mercado de trabajo en España no es buena, con sueldos que apenas permiten llegar a fin de mes o cuando no llevan directamente a la pobreza, con lo que la salud general se resiente. Los trabajadores en este país, donde lleva gobernando la izquierda los últimos ocho años, siguen sin contar con la única medida eficaz de protección frente a los abusos en las empresas, que son los salarios de tramitación, los que cobra un empleado despedido mientras los tribunales sustancian el caso. Sin en esa figura, que a la ministra del ramo, Yolanda Díaz, siempre le ha traído al fresco, porque son palabras mayores frente a la CEOE y con las cosas de comer la izquierda nunca juega, el único medio de defensa que le queda al trabajador es recurrir a las bajas médicas, que sí están legalmente muy protegidas, cuando la presión en el puesto de trabajo se vuelve intolerable. Que, por supuesto, además haya mucha gente que tiene una cara de cemento armado y abusa del sistema no empece para que estemos ante un problema real que no es posible obviar. Porque el terreno de juego que ha preparado el Gobierno de Pedro Sánchez es absolutamente diabólico y más parece pensado por unos de esos capitalistas decimonón
El mercado laboral que ha construido el sanchismo invita a no salir de la cama, a darse de baja
La radiografía que ha hecho la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) sobre la situación de las bajas laborales en España nos remite al «Beatus Ile» de fray Luis de León, con esos versos imperecederos, «Qué descansada vida/ la del que huye del mundanal ruido/ y sigue la escondida senda/ por donde han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido», que evocan la placidez del campo y las virtudes del trabajo manual. Me explico. Según el estudio, quienes trabajan en la Agricultura o la Construcción, tienen más de cuarenta años y sus sueldos se encuentran en el entorno del Salario Mínimo, presentan menos bajas laborales por contingencias comunes que quienes tienen menos de 40 años, trabajan de administrativos o en el sector sanitario y ganan por encima del salario medio. Campesinos y obreros de la Construcción, pues, tienen empleos salutíferos que les proporcionan una salud de hierro, aunque, eso sí, un poco menos que los trabajadores autónomos, que, con una naturaleza de leñador canadiense, faltan al trabajo cuatro veces menos que los empleados por cuenta ajena. La alarma, por supuesto, salta en el caso de los funcionarios, que se cogen un 13 por ciento más de bajas que el resto de los asalariados, lo que obligaría a la Administración a hacer un estudio de salubridad entre sus trabajadores, que deben estar machacados por unos capataces que ríete tú de los cómitres de galera romana. Ironías aparte, lo cierto es que el problema de las bajas en España, con pérdidas calculadas para 2024 de más de 39.000 millones de euros, no es menor ni puede reducirse a una simple cuestión ideológica, por la que Núñez Feijóo es un fascista y Yolanda Díaz, un ángel de alas blancas. La realidad es que la situación del mercado de trabajo en España no es buena, con sueldos que apenas permiten llegar a fin de mes o cuando no llevan directamente a la pobreza, con lo que la salud general se resiente. Los trabajadores en este país, donde lleva gobernando la izquierda los últimos ocho años, siguen sin contar con la única medida eficaz de protección frente a los abusos en las empresas, que son los salarios de tramitación, los que cobra un empleado despedido mientras los tribunales sustancian el caso. Sin en esa figura, que a la ministra del ramo, Yolanda Díaz, siempre le ha traído al fresco, porque son palabras mayores frente a la CEOE y con las cosas de comer la izquierda nunca juega, el único medio de defensa que le queda al trabajador es recurrir a las bajas médicas, que sí están legalmente muy protegidas, cuando la presión en el puesto de trabajo se vuelve intolerable. Que, por supuesto, además haya mucha gente que tiene una cara de cemento armado y abusa del sistema no empece para que estemos ante un problema real que no es posible obviar. Porque el terreno de juego que ha preparado el Gobierno de Pedro Sánchez es absolutamente diabólico y más parece pensado por unos de esos capitalistas decimonóni
