La campaña del amor, la poesía y el humanismo se le ha venido abajo a Sánchez ante la evidencia de una gestión caótica en lo político, en lo técnico y en lo administrativo. En política, corrupción; en lo técnico, politización y en lo administrativo, incapacidad para gestionar un país de 50 millones de habitantes. Llegó al poder arropado por el discurso del corrupto Ábalos en el debate de la moción de censura y siguió gobernando, tras perder las elecciones, escoltado por un Óscar Puente cenizo a quien encomendó representarlo en el Parlamento en su investidura. Ambos ministros de Transportes, la bestia negra del octenio negro del sanchismo, régimen que pasará a la historia por sus doce tramas de corrupción, con 5.432 millones de euros afectados, y la mayor sucesión de «desgracias» de nuestra historia reciente, con balance provisional de 500 muertos (115 por los AVE, 234 por la Dana, 10 por el apagón y 141 en Ceuta, sin contar los del volcán, los incendios y la pandemia).. Indigna ver cómo ahora se pretende hacer responsable del siniestro de Urda a un joven controlador cuyos derechos más elementales han sido vulnerados, cuando es evidente que lo ocurrido, como antes en Adamuz, es un fallo sistémico en cadena, que afecta no solo al mecanismo alemán de seguridad LZB, sino también al segundo cordón, denominado ASFA, y el BSL o Bloqueo de Sistema Lateral, que autoriza a los maquinistas a reanudar la marcha en modo «a la vista» (40 km máximo). Además, se produjo un fallo de comunicaciones en el GSM-R y en los sensores de vía, amén de una caída de tensión. Y sabemos que los trenes de Iryo tienen dificultades para sincronizarse con el LZB tras sus frecuentes paradas, que han sido 170 en lo que va de año. O sea, que en realidad no funcionó nada, pues ni siquiera estuvo a la altura la IA contratada por el administrador de las estructuras ferroviarias, puesta en funcionamiento «en entorno de pruebas», con la misión de garantizar el «control y testeo de vías, catenarias, instalaciones de señalización, telecomunicaciones y sistemas de energía para anticipar fallos y evitar incidentes».. Se ha dicho estos días, con bastante razón, que buena parte del caos de gestión viene por la lamentable manía de politizar el funcionamiento de las empresas públicas, algo que en el caso de Adif ha sido más que llamativo, según reconoce el exdirector del gabinete de la presidencia de la compañía, Miguel Ángel Uriondo, que ha denunciado «politización y desprecio por lo técnico» desde que asumió el Ministerio el insolente Óscar Puente. Tanto en Adif como en Renfe se ha abusado de los nombramientos puramente políticos, sumando una treintena al número de nombres vinculados al PSOE o a Sumar en puestos de alta dirección o en consejos de administración. En Renfe puso de presidente a un amigo suyo, exconcejal de Más Madrid, y en Adif se cuentan hasta doce nombres de «comisarios políticos» para gestionar una compañía eminentemente técnica.. La tragedia de Urda, como la de Adamuz, sí que tiene responsables. No el operador, sino el presidente de Adif, afectado directamente por la caída del sistema, y Puente y Sánchez, marcados por el caos de una gestión politizada en un servicio otrora orgullo de España, hoy a la cabeza mundial en siniestrabilidad.
Puente y Sánchez han politizado y arruinado un servicio que era orgullo de España
La campaña del amor, la poesía y el humanismo se le ha venido abajo a Sánchez ante la evidencia de una gestión caótica en lo político, en lo técnico y en lo administrativo. En política, corrupción; en lo técnico, politización y en lo administrativo, incapacidad para gestionar un país de 50 millones de habitantes. Llegó al poder arropado por el discurso del corrupto Ábalos en el debate de la moción de censura y siguió gobernando, tras perder las elecciones, escoltado por un Óscar Puente cenizo a quien encomendó representarlo en el Parlamento en su investidura. Ambos ministros de Transportes, la bestia negra del octenio negro del sanchismo, régimen que pasará a la historia por sus doce tramas de corrupción, con 5.432 millones de euros afectados, y la mayor sucesión de «desgracias» de nuestra historia reciente, con balance provisional de 500 muertos (115 por los AVE, 234 por la Dana, 10 por el apagón y 141 en Ceuta, sin contar los del volcán, los incendios y la pandemia).. Indigna ver cómo ahora se pretende hacer responsable del siniestro de Urda a un joven controlador cuyos derechos más elementales han sido vulnerados, cuando es evidente que lo ocurrido, como antes en Adamuz, es un fallo sistémico en cadena, que afecta no solo al mecanismo alemán de seguridad LZB, sino también al segundo cordón, denominado ASFA, y el BSL o Bloqueo de Sistema Lateral, que autoriza a los maquinistas a reanudar la marcha en modo «a la vista» (40 km máximo). Además, se produjo un fallo de comunicaciones en el GSM-R y en los sensores de vía, amén de una caída de tensión. Y sabemos que los trenes de Iryo tienen dificultades para sincronizarse con el LZB tras sus frecuentes paradas, que han sido 170 en lo que va de año. O sea, que en realidad no funcionó nada, pues ni siquiera estuvo a la altura la IA contratada por el administrador de las estructuras ferroviarias, puesta en funcionamiento «en entorno de pruebas», con la misión de garantizar el «control y testeo de vías, catenarias, instalaciones de señalización, telecomunicaciones y sistemas de energía para anticipar fallos y evitar incidentes».. Se ha dicho estos días, con bastante razón, que buena parte del caos de gestión viene por la lamentable manía de politizar el funcionamiento de las empresas públicas, algo que en el caso de Adif ha sido más que llamativo, según reconoce el exdirector del gabinete de la presidencia de la compañía, Miguel Ángel Uriondo, que ha denunciado «politización y desprecio por lo técnico» desde que asumió el Ministerio el insolente Óscar Puente. Tanto en Adif como en Renfe se ha abusado de los nombramientos puramente políticos, sumando una treintena al número de nombres vinculados al PSOE o a Sumar en puestos de alta dirección o en consejos de administración. En Renfe puso de presidente a un amigo suyo, exconcejal de Más Madrid, y en Adif se cuentan hasta doce nombres de «comisarios políticos» para gestionar una compañía eminentemente técnica.. La tragedia de Urda, como la de Adamuz, sí que tiene responsables. No el operador, sino el presidente de Adif, afectado directamente por la caída del sistema, y Puente y Sánchez, marcados por el caos de una gestión politizada en un servicio otrora orgullo de España, hoy a la cabeza mundial en siniestrabilidad.
