Compruebo, con estupefacción, que lo de los besos entre Ferrán Torres y Marcos Llorente ha sido la resaca de la Copa del Mundo de Fútbol más absurda que conozco. Mira que lo de España celebrando, siempre tiene algún chafarrinón en el que es difícil que no resbalemos, pero esto de los comentarios a las fotos de dos amigos que se quieren, que son felices, que no tienen pudor en demostrarse el afecto, de verdad que no me lo esperaba. Igual es que pienso demasiado bien de nosotros, igual siempre creo que ya hemos quemado algunas etapas, que hemos dado pasos adelante, que ya no quedan señoros, ni rancios, ni borregos. Pues nada, ahí están, porque queda alguno de guardia por desgracia. Rara vez no hay un gañán con un chiste sobre maricones en el bolsillo, dispuesto a ser el más famoso en la barra del bar, en despertar el máximo de carcajadas a cuenta de dos hombres jóvenes que no tienen miedo a mostrarse como les da la gana. Gracias a Dios, a Marcos Llorente le sobra personalidad y ya ha respondido como se merece a toda esa manga de paletos. «No hay nada más masculino que un hombre seguro de sí mismo». La otra parte de la ecuación es Ferrán Torres. Y tiene gracia (o más bien lo contrario) que el autor del gol que dio el Mundial a España 2026 comparta con el autor del gol que dio el Mundial a España 2010 haber pasado una depresión. Porque tanto el valenciano como Andrés Iniesta saben lo que es padecer un problema de salud mental. Y como, efectivamente, hay más tontos que cubos de quintos en la Calle Tejares de Albacete, ya hay quien piensa que contarlo expresa simplemente flojera. Es decir, un hombre vulnerable sigue siendo un tío al que convertir en la diana de las mofas de todos esos a los que, en el fondo, asusta alguien sincero. Así que, oigan, a estas alturas de la vida, todavía existen españoles a los que no les gusta escuchar que se puede ser un tío sin tener que ser un patán. Que se puede mostrar afecto y alguna inseguridad sin ser una nenaza. Y que, en este mundo, o cambian esos roles, o vamos a tener muy difícil avanzar.
A estas alturas de la vida, todavía existen españoles a los que no les gusta escuchar que se puede ser un tío sin tener que ser un patán
Compruebo, con estupefacción, que lo de los besos entre Ferrán Torres y Marcos Llorente ha sido la resaca de la Copa del Mundo de Fútbol más absurda que conozco. Mira que lo de España celebrando, siempre tiene algún chafarrinón en el que es difícil que no resbalemos, pero esto de los comentarios a las fotos de dos amigos que se quieren, que son felices, que no tienen pudor en demostrarse el afecto, de verdad que no me lo esperaba. Igual es que pienso demasiado bien de nosotros, igual siempre creo que ya hemos quemado algunas etapas, que hemos dado pasos adelante, que ya no quedan señoros, ni rancios, ni borregos. Pues nada, ahí están, porque queda alguno de guardia por desgracia. Rara vez no hay un gañán con un chiste sobre maricones en el bolsillo, dispuesto a ser el más famoso en la barra del bar, en despertar el máximo de carcajadas a cuenta de dos hombres jóvenes que no tienen miedo a mostrarse como les da la gana. Gracias a Dios, a Marcos Llorente le sobra personalidad y ya ha respondido como se merece a toda esa manga de paletos. «No hay nada más masculino que un hombre seguro de sí mismo».La otra parte de la ecuación es Ferrán Torres. Y tiene gracia (o más bien lo contrario) que el autor del gol que dio el Mundial a España 2026 comparta con el autor del gol que dio el Mundial a España 2010 haber pasado una depresión. Porque tanto el valenciano como Andrés Iniesta saben lo que es padecer un problema de salud mental. Y como, efectivamente, hay más tontos que cubos de quintos en la Calle Tejares de Albacete, ya hay quien piensa que contarlo expresa simplemente flojera. Es decir, un hombre vulnerable sigue siendo un tío al que convertir en la diana de las mofas de todos esos a los que, en el fondo, asusta alguien sincero.Así que, oigan, a estas alturas de la vida, todavía existen españoles a los que no les gusta escuchar que se puede ser un tío sin tener que ser un patán. Que se puede mostrar afecto y alguna inseguridad sin ser una nenaza. Y que, en este mundo, o cambian esos roles, o vamos a tener muy difícil avanzar.
