Jean-Baptiste Colbert (1619-1683), ministro y Controlador General de Finanzas de Francia en el reinado de Luis XIV (1638-1715), decía con ironía que «el arte de la imposición consiste en desplumar un ganso para obtener el mayor número de plumas con el menor griterío». María Jesús Montero, ya exministra de Hacienda, se dedicó a eso con ahínco durante años, con la no deflactación –actualización con la inflación– de las tarifas del IRPF. Ahora el Gobierno, con Arcadi España en Hacienda, va a volver a subir los impuestos por la puerta de atrás, consciente de que los contribuyentes protestarán poco porque para muchos pasará inadvertido. Sin embargo, los aumentos de impuestos están ahí. El Gobierno ha enviado a Bruselas sus planes tributarios para 2026 y, aunque no hay Presupuestos, prevé recaudar 8.500 millones más. Es el resultado de aumentar la presión fiscal al 42,2%, con subidas del tipo marginal del ahorro, el nuevo impuesto a las multinacionales y otras alzas más o menos encubiertas, como la reducción de los llamados «beneficios fiscales», es decir, las distintas deducciones que ahora contempla la ley. En la mayoría de los casos son modificaciones que no levantan polvareda y que los contribuyentes asumen en silencio, porque pasan inadvertidas hasta el último momento. El nuevo rejonazo fiscal no borrará el déficit, porque el gasto crecerá hasta el 44,1% del PIB, ahora que hay nuevas dudas sobre los verdaderos números rojos del erario público. El Tribunal de Cuentas ha destapado que el Gobierno desvió 2.400 millones de los fondos europeos en 2024 para pagar pensiones, algo que ha provocado, por primera vez, un voto particular negativo en la institución, firmado por el catedrático Javier Morillas. Además, el Tribunal ha detectado un desfase negativo entre ingresos y gastos de 4.090 millones de euros. Son detalles que afectarían al cálculo del déficit, que sería mayor que el anunciado por el Gobierno en 2024. Para 2025, a falta del futuro informe del Tribunal de Cuentas, dentro de un año, hay expertos que tienen dudas porque el déficit oficial fue de 40.000 millones, mientras que la deuda neta subió en más de 70.000 millones y algo parece no cuadrar. En resumen, cuentas maquilladas y más impuestos con el menor griterío posible, como decía Colbert.
«El Gobierno prevé elevar la presión fiscal en 8.500 millones este año mientras surgen dudas sobre la cuantía real del déficit»
Jean-Baptiste Colbert (1619-1683), ministro y Controlador General de Finanzas de Francia en el reinado de Luis XIV (1638-1715), decía con ironía que «el arte de la imposición consiste en desplumar un ganso para obtener el mayor número de plumas con el menor griterío». María Jesús Montero, ya exministra de Hacienda, se dedicó a eso con ahínco durante años, con la no deflactación –actualización con la inflación– de las tarifas del IRPF. Ahora el Gobierno, con Arcadi España en Hacienda, va a volver a subir los impuestos por la puerta de atrás, consciente de que los contribuyentes protestarán poco porque para muchos pasará inadvertido. Sin embargo, los aumentos de impuestos están ahí. El Gobierno ha enviado a Bruselas sus planes tributarios para 2026 y, aunque no hay Presupuestos, prevé recaudar 8.500 millones más. Es el resultado de aumentar la presión fiscal al 42,2%, con subidas del tipo marginal del ahorro, el nuevo impuesto a las multinacionales y otras alzas más o menos encubiertas, como la reducción de los llamados «beneficios fiscales», es decir, las distintas deducciones que ahora contempla la ley. En la mayoría de los casos son modificaciones que no levantan polvareda y que los contribuyentes asumen en silencio, porque pasan inadvertidas hasta el último momento. El nuevo rejonazo fiscal no borrará el déficit, porque el gasto crecerá hasta el 44,1% del PIB, ahora que hay nuevas dudas sobre los verdaderos números rojos del erario público. El Tribunal de Cuentas ha destapado que el Gobierno desvió 2.400 millones de los fondos europeos en 2024 para pagar pensiones, algo que ha provocado, por primera vez, un voto particular negativo en la institución, firmado por el catedrático Javier Morillas. Además, el Tribunal ha detectado un desfase negativo entre ingresos y gastos de 4.090 millones de euros. Son detalles que afectarían al cálculo del déficit, que sería mayor que el anunciado por el Gobierno en 2024. Para 2025, a falta del futuro informe del Tribunal de Cuentas, dentro de un año, hay expertos que tienen dudas porque el déficit oficial fue de 40.000 millones, mientras que la deuda neta subió en más de 70.000 millones y algo parece no cuadrar. En resumen, cuentas maquilladas y más impuestos con el menor griterío posible, como decía Colbert.
