“Las nuevas generaciones que hoy observan la política reciben una educación cívica compuesta de comportamientos iliberales y consignas que influirán sobre sus actitudes futuras. Una vez rotos los tabúes, resulta imposible recomponerlos: cuando los líderes actuales pasen de moda, es poco probable que los votantes, acostumbrados a las drogas duras del nacional-populismo, soliciten de nuevo la manzanilla de los partidos tradicionales. Pedirán algo nuevo y puede que todavía más fuerte”. En Los ingenieros del caos, Giuliano da Empoli retrató con precisión quirúrgica la materia gris que alimentó los proyectos ultras de los últimos años, un trabajo que todavía sirve de plantilla para diseccionar el comportamiento de las nuevas formulaciones de la extrema derecha que canibalizan el debate político. Y estas “drogas duras” ya se consumen de forma generalizada en Cataluña, territorio singular también en el despliegue de los discursos discriminatorios, porque avanzan dos marcas con lealtades nacionales distintas, Vox y Aliança Catalana. Doble ración ultra, plenamente normalizada, para agitar al electorado.. Seguir leyendo
Ultraderecha. Opinión. Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos. El reto de la clase política es pasar de las palabras en defensa de la convivencia a los acuerdos de fondo que corrijan el malestar, sin cálculos de quién gana y quién sucumbe. La líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, se fotografía junto a una seguidora durante una manifestación de la Diada.Alejandro García (EFE). “Las nuevas generaciones que hoy observan la política reciben una educación cívica compuesta de comportamientos iliberales y consignas que influirán sobre sus actitudes futuras. Una vez rotos los tabúes, resulta imposible recomponerlos: cuando los líderes actuales pasen de moda, es poco probable que los votantes, acostumbrados a las drogas duras del nacional-populismo, soliciten de nuevo la manzanilla de los partidos tradicionales. Pedirán algo nuevo y puede que todavía más fuerte”. En Los ingenieros del caos, Giuliano da Empoli retrató con precisión quirúrgica la materia gris que alimentó los proyectos ultras de los últimos años, un trabajo que todavía sirve de plantilla para diseccionar el comportamiento de las nuevas formulaciones de la extrema derecha que canibalizan el debate político. Y estas “drogas duras” ya se consumen de forma generalizada en Cataluña, territorio singular también en el despliegue de los discursos discriminatorios, porque avanzan dos marcas con lealtades nacionales distintas, Vox y Aliança Catalana. Doble ración ultra, plenamente normalizada, para agitar al electorado.. La Diada ejemplificó el estrellato creciente de Sílvia Orriols y las dificultades de los partidos, especialmente los independentistas, para taponar su progreso demoscópico. Como si de una yudoca se tratara, la alcaldesa de Ripoll aprovechó el ruido de la izquierda independentista en el Fossar de les Moreres para victimizarse, cuota de pantalla que se prolongó en la manifestación soberanista del 11-S. En el escenario de la crispación gana siempre la opción más dispuesta a inflamar y Orriols ya ocupa un lugar preferente en la política catalana, libre de desgaste. No importa que encuentre cobijo laboral para su hija en la policía local ni que convierta la Diada de su municipio en un acto de vergüenza ajena, hasta el punto de que el ayuntamiento que gobierna tuvo que desmarcarse de las proclamas cargadas de odio del pregonero que escogió, Ramon Cotalero. La líder de Aliança cabalga inmune sobre la ola de frustración que recorre Europa. En Cataluña, resultado de una suma de decepción nacionalista y malestar por el funcionamiento de los servicios públicos en una sociedad cada vez más diversa.. La apariencia de normalidad que dibuja el Govern de Salvador Illa, que maquilla las dificultades en la gestión pese al goteo de bajas en el sottogoverno -ninguna tan mediática como la de Josep Lluís Trapero-, no permite describir la complejidad de lo que se avecina. Una amenaza palpable, la de la ultraderecha, que debería interpelar a todas las formaciones con andamiaje democrático, no sólo a las que pueden sufrir un mayor revés electoral; como Junts, un partido congelado a la espera del regreso de Carles Puigdemont, ahora más próximo por la miraculosa claudicación de Pablo Llarena. Ni a Illa, frenado en las encuestas, le debería interesar un duelo polarizado con Orriols si lo que persigue es una Cataluña gobernable, necesitada de soluciones en infraestructuras, educación, sanidad o vivienda, paredes difíciles de escalar sin una nueva financiación.. En la Diada, el conjunto heterogéneo del catalanismo articuló un mensaje nítido en favor de la convivencia. Pero el reto de la clase política es pasar de las palabras a los acuerdos de fondo. No es el momento de las matemáticas del ascenso ultra, de calcular quién gana y quién sucumbe. Sin acuerdos sólidos que corrijan el malestar que supura, la extrema derecha será un actor principal -y permanente- en el nuevo ciclo electoral que empieza en 2027. Ni normalidad, ni oasis catalán. Cuidado con la droga dura.. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Cataluña. Extrema derecha. Ultraderecha. Política. Partidos políticos. Nacionalismo. Vox. Aliança Catalana. Salvador Illa. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
El reto de la clase política es pasar de las palabras en defensa de la convivencia a los acuerdos de fondo que corrijan el malestar, sin cálculos de quién gana y quién sucumbe
