La nueva Ley del Tabaco debería nacer con el objetivo legítimo de proteger la salud pública y reducir la exposición al humo, especialmente entre los menores si esta norma no sirviera de excusa para ignorar sus consecuencias económicas, sociales y prácticas. La reforma impulsada por la controvertida ministra de Sanidad, Mónica García, llega al Congreso rodeada de un rechazo inusualmente amplio que abarca desde la hostelería y el turismo hasta estanqueros, transportistas y asociaciones de consumidores. Así, el Ejecutivo vuelve a impulsar una normativa que castiga a sectores enteros sin haber logrado convencer ni siquiera a una parte de los actores implicados. Si de verdad se quisiera acabar con la venta de tabaco hay dos medidas que lo minimizarían al máximo: una subida de impuestos y un empaquetado genérico. Pero a eso sí le tienen miedo, sobre todo si se pierden ingresos del Estado.
El Ejecutivo vuelve a impulsar una normativa que castiga a sectores enteros sin haber logrado convencer ni siquiera a una parte de los actores implicados
La nueva Ley del Tabaco debería nacer con el objetivo legítimo de proteger la salud pública y reducir la exposición al humo, especialmente entre los menores si esta norma no sirviera de excusa para ignorar sus consecuencias económicas, sociales y prácticas. La reforma impulsada por la controvertida ministra de Sanidad, Mónica García, llega al Congreso rodeada de un rechazo inusualmente amplio que abarca desde la hostelería y el turismo hasta estanqueros, transportistas y asociaciones de consumidores. Así, el Ejecutivo vuelve a impulsar una normativa que castiga a sectores enteros sin haber logrado convencer ni siquiera a una parte de los actores implicados. Si de verdad se quisiera acabar con la venta de tabaco hay dos medidas que lo minimizarían al máximo: una subida de impuestos y un empaquetado genérico. Pero a eso sí le tienen miedo, sobre todo si se pierden ingresos del Estado.
