Jane Austen (1775-1817), la autora de «Orgullo y prejuicio», «Persuasión» o «Mansfield Park», también escribió que «soy mitad agonía, mitad esperanza». Es, quizá, el dilema en el que vive ahora Pedro Sánchez, en un fin de ciclo que parece obvio, pero abrazado a la fe de que siempre todo es posible y, en política, todavía más. Además, ahí está, en el momento más necesario, el fiel cancerbero José Félix Tezanos para alumbrar una encuesta que vuelva a darle al PSOE nada menos que más de once puntos de ventaja sobre el PP. Fue hecha antes de la imputación de Zapatero, del registro en la sede socialista y de que el juez Pedraz indague si las altas instancias de la Guardia Civil pusieron palos en las ruedas de algunas investigaciones incómodas para el Gobierno. A pesar de eso, nadie se cree las profecías demoscópicas del jefe del CIS, pero ahí quedan, para animar a los más fieles, que existir, existen, y votarán al PSOE ocurra lo que ocurra.. El inquilino de La Moncloa tampoco debe de creer a su gurú electoral. Si lo hiciera, ya habría convocado elecciones, como ahora también le reclaman el PNV y Junts. Eso sí, ni los de Aitor Esteban ni los de Carles Puigdemont moverán un dedo para desalojar a Sánchez de La Moncloa. Han llegado, juntos o por separado, qué más da, a la conclusión de que no les conviene la ruptura brusca. Son conscientes de que sostener al Gobierno acarrea un desgaste notable –y por eso las críticas–, pero están convencidos de que apoyar una moción de censura que colocara a Feijóo en La Moncloa todavía les perjudicaría más. Algo así como un callejón sin salida, que le concede otro margen al líder socialista. De momento, lo alarga todo hasta su comparecencia en el Congreso, donde algo tendrá que decir, bien superado el ecuador del mes de junio. Por ahora, la estrategia es refugiarse en la teoría de la conspiración, urdida por sus adversarios para defenestrarle. Un clásico invocado por quienes se encuentran acorralados, pero que ignora que Popper (1902-1994), el liberal de «La sociedad abierta y sus enemigos», ya explicó y demostró que «una buena conspiración no se puede demostrar» y halla justificación.. Sánchez ve el futuro en términos de bloques y, por eso, le da igual que el PSOE gane o pierda elecciones autonómicas si el PP no tiene mayoría absoluta. Además, con líderes territoriales sin poder, está a salvo de otros García-Page. También por eso puede no importarle una debacle en las municipales y, entonces, ser el último dique de contención, pero, por ahora, «mitad agonía, mitad esperanza», como Jane Austen.
Sánchez ve el futuro en términos de bloques y, por eso, le da igual que el PSOE gane o pierda elecciones autonómicas si el PP no tiene mayoría absoluta
Jane Austen (1775-1817), la autora de «Orgullo y prejuicio», «Persuasión» o «Mansfield Park», también escribió que «soy mitad agonía, mitad esperanza». Es, quizá, el dilema en el que vive ahora Pedro Sánchez, en un fin de ciclo que parece obvio, pero abrazado a la fe de que siempre todo es posible y, en política, todavía más. Además, ahí está, en el momento más necesario, el fiel cancerbero José Félix Tezanos para alumbrar una encuesta que vuelva a darle al PSOE nada menos que más de once puntos de ventaja sobre el PP. Fue hecha antes de la imputación de Zapatero, del registro en la sede socialista y de que el juez Pedraz indague si las altas instancias de la Guardia Civil pusieron palos en las ruedas de algunas investigaciones incómodas para el Gobierno. A pesar de eso, nadie se cree las profecías demoscópicas del jefe del CIS, pero ahí quedan, para animar a los más fieles, que existir, existen, y votarán al PSOE ocurra lo que ocurra.. El inquilino de La Moncloa tampoco debe de creer a su gurú electoral. Si lo hiciera, ya habría convocado elecciones, como ahora también le reclaman el PNV y Junts. Eso sí, ni los de Aitor Esteban ni los de Carles Puigdemont moverán un dedo para desalojar a Sánchez de La Moncloa. Han llegado, juntos o por separado, qué más da, a la conclusión de que no les conviene la ruptura brusca. Son conscientes de que sostener al Gobierno acarrea un desgaste notable –y por eso las críticas–, pero están convencidos de que apoyar una moción de censura que colocara a Feijóo en La Moncloa todavía les perjudicaría más. Algo así como un callejón sin salida, que le concede otro margen al líder socialista. De momento, lo alarga todo hasta su comparecencia en el Congreso, donde algo tendrá que decir, bien superado el ecuador del mes de junio. Por ahora, la estrategia es refugiarse en la teoría de la conspiración, urdida por sus adversarios para defenestrarle. Un clásico invocado por quienes se encuentran acorralados, pero que ignora que Popper (1902-1994), el liberal de «La sociedad abierta y sus enemigos», ya explicó y demostró que «una buena conspiración no se puede demostrar» y halla justificación.. Sánchez ve el futuro en términos de bloques y, por eso, le da igual que el PSOE gane o pierda elecciones autonómicas si el PP no tiene mayoría absoluta. Además, con líderes territoriales sin poder, está a salvo de otros García-Page. También por eso puede no importarle una debacle en las municipales y, entonces, ser el último dique de contención, pero, por ahora, «mitad agonía, mitad esperanza», como Jane Austen.
