Pedro Sánchez vuelve a hacer cuentas con el calendario electoral, pero esta vez la elección tiene algo de susto o muerte. Adelantar las generales le permitiría movilizar al PSOE antes de que las urnas autonómicas y municipales de mayo certifiquen el deterioro territorial histórico del partido. Esperar le ofrece exactamente la ventaja contraria: dejar que otros pierdan primero y presentarse después como el último dique de una izquierda amenazada de desaparición.. La decisión ya no depende sólo de las encuestas. Sobre Sánchez pesa además una espada de Damocles judicial que convierte el tiempo en una variable política de primer orden. Cuanto más se prolongue la legislatura, más posibilidades existen de que las causas abiertas alrededor del PSOE y de su entorno produzcan nuevas revelaciones. Pero adelantar tampoco le garantiza nada y es probable que pierda el poder de La Moncloa.. Si convoca antes de las autonómicas y municipales, Sánchez espera volver a poner al partido entero detrás de su candidatura. Polarizar, movilizar a una izquierda que responde mejor cuando se siente amenazada y convertir las elecciones en otro plebiscito sobre su persona. Este es el terreno en el que mejor se ha movido siempre.. Pero Sánchez sabe mejor que nadie que el riesgo es enorme: perder unas generales convocadas por él mismo le dejaría sin parapeto. No habría alcaldes, presidentes autonómicos ni candidatos territoriales entre Sánchez y la derrota. Sería exclusivamente suya. Y pretender mantenerse después como secretario general y jefe de la oposición sería mucho más difícil: regresaría a Ferraz políticamente muy tocado y con todo el partido preguntándose para qué conservar al líder que acaba de perder el Gobierno.. Al tiempo, si las autonómicas y municipales confirman el retroceso que teme hoy el PSOE, la factura inicial tendrá nombres territoriales. Perderán alcaldes, candidatos y presidentes autonómicos. Sánchez podrá intentar separar aquella derrota de la suya y utilizarla precisamente para construir la campaña de las generales: después de perder poder municipal y autonómico, sólo quedaría impedir que la izquierda pierda también España. El objetivo sería volver a presentarse como imprescindible.. El mensaje lo intuye elemental y poderoso: o movilización o desaparición. Sánchez como guía de una izquierda obligada a reagruparse frente a PP y Vox. Incluso una derrota posterior podría administrarse de otra manera si previamente ha conseguido instalar que el problema excede a su liderazgo.. Ésta es la verdadera partida del calendario: No escoger el momento en el que Sánchez tiene más posibilidades de ganar, sino aquel en el que una derrota le resulte menos letal.
Ésta es la verdadera partida del calendario: No escoger el momento en el que Sánchez tiene más posibilidades de ganar, sino aquel en el que una derrota le resulte menos letal
Pedro Sánchez vuelve a hacer cuentas con el calendario electoral, pero esta vez la elección tiene algo de susto o muerte. Adelantar las generales le permitiría movilizar al PSOE antes de que las urnas autonómicas y municipales de mayo certifiquen el deterioro territorial histórico del partido. Esperar le ofrece exactamente la ventaja contraria: dejar que otros pierdan primero y presentarse después como el último dique de una izquierda amenazada de desaparición.. La decisión ya no depende sólo de las encuestas. Sobre Sánchez pesa además una espada de Damocles judicial que convierte el tiempo en una variable política de primer orden. Cuanto más se prolongue la legislatura, más posibilidades existen de que las causas abiertas alrededor del PSOE y de su entorno produzcan nuevas revelaciones. Pero adelantar tampoco le garantiza nada y es probable que pierda el poder de La Moncloa.. Si convoca antes de las autonómicas y municipales, Sánchez espera volver a poner al partido entero detrás de su candidatura. Polarizar, movilizar a una izquierda que responde mejor cuando se siente amenazada y convertir las elecciones en otro plebiscito sobre su persona. Este es el terreno en el que mejor se ha movido siempre.. Pero Sánchez sabe mejor que nadie que el riesgo es enorme: perder unas generales convocadas por él mismo le dejaría sin parapeto. No habría alcaldes, presidentes autonómicos ni candidatos territoriales entre Sánchez y la derrota. Sería exclusivamente suya. Y pretender mantenerse después como secretario general y jefe de la oposición sería mucho más difícil: regresaría a Ferraz políticamente muy tocado y con todo el partido preguntándose para qué conservar al líder que acaba de perder el Gobierno.. Al tiempo, si las autonómicas y municipales confirman el retroceso que teme hoy el PSOE, la factura inicial tendrá nombres territoriales. Perderán alcaldes, candidatos y presidentes autonómicos. Sánchez podrá intentar separar aquella derrota de la suya y utilizarla precisamente para construir la campaña de las generales: después de perder poder municipal y autonómico, sólo quedaría impedir que la izquierda pierda también España. El objetivo sería volver a presentarse como imprescindible.. El mensaje lo intuye elemental y poderoso: o movilización o desaparición. Sánchez como guía de una izquierda obligada a reagruparse frente a PP y Vox. Incluso una derrota posterior podría administrarse de otra manera si previamente ha conseguido instalar que el problema excede a su liderazgo.. Ésta es la verdadera partida del calendario: No escoger el momento en el que Sánchez tiene más posibilidades de ganar, sino aquel en el que una derrota le resulte menos letal.
