El juicio del caso mascarillas en el Tribunal Supremo, el primero de los que aguardan por corrupción al sanchismo, encara la recta final con una semana decisiva que arranca hoy con el testimonio del ex ministro José Luis Ábalos, principal activo político e institucional de la presunta trama que se enriqueció en pandemia, pero no solo, mediante comisiones, mordidas, contratos y adjudicaciones fraudulentas envueltos en una maquinaria abrumadora de tráfico de influencias desde la cúspide del régimen. Cabe esperar que la estrategia de defensa del que fuera más estrecho colaborador del presidente en el Gobierno y en el partido no se aparte del guion conocido, el rechazo de todas las acusaciones, la integridad de su desempeño público y privado, la descalificación del trabajo del instructor y de la UCO de la Guardia Civil y por supuesto la censura del «arrepentido» Víctor de Aldama. No se puede descartar que Ábalos mande algún recado a Moncloa y a Ferraz y que se permita ajustar cuentas con antiguos compañeros de los que considera que han jugado especialmente sucio contra él, caso de quien ocupa la que fue su cartera, Óscar Puente. Como acusado, obviamente, tendrá todo el derecho a explicitar sus posiciones como considere mejor para sus intereses, incluida la mentira. No estaremos ni más cerca ni más lejos de la verdad, pero sí de otra entrega icónica sobre la caída de un liderazgo y un modelo de maltratar la democracia y el servicio público como no lo habíamos conocido. Habrá que recordar tantas veces como sean necesarias que Ábalos nunca fue un cualquiera, ni una personalidad residual en la vida política y personal del presidente. Insistimos en que con él se sienta el poder que ha labrado una de las épocas más oscuras y aciagas en estos últimos ocho años. Y nos conviene a todos no perder esa perspectiva ni relativizar por un minuto todo aquello que nos ha conducido a una encrucijada crucial para la nación. En todo caso, ese visto para sentencia que se aproxima en el Alto Tribunal no será el final de la historia, sino el punto y seguido a la espera de nuevas paradas en los órganos jurisdiccionales, pues la sombra de la corrupción del sanchismo es así de alargada. Queremos pensar que siempre existe la posibilidad de que aquellos que se sientan en el banquillo y sobre los que pesan peticiones de condena de muchos años de cárcel reflexionen y decidan colaborar con la Justicia para que como cabezas de turco no rindan cuentas en soledad y el pueblo pueda celebrar que nadie está por encima de la Ley por más poder e impunidad que atesore. Es este un juicio decisivo y veremos si definitivo para la legislatura, aunque somos escépticos. De momento, es cierto, no marcha bien para los intereses de Sánchez con una acumulación de indicios de financiación irregular del PSOE y una robusta acusación contra los encausados. El presidente ha marcado distancias con el proceso como si no fuera con él. No lo conseguirá. El veredicto final lo pondrá todo y a todos en su sitio.
El presidente ha marcado distancias con el proceso como si no fuera con él. No lo conseguirá. El veredicto final lo pondrá todo y a todos en su sitio
El juicio del caso mascarillas en el Tribunal Supremo, el primero de los que aguardan por corrupción al sanchismo, encara la recta final con una semana decisiva que arranca hoy con el testimonio del ex ministro José Luis Ábalos, principal activo político e institucional de la presunta trama que se enriqueció en pandemia, pero no solo, mediante comisiones, mordidas, contratos y adjudicaciones fraudulentas envueltos en una maquinaria abrumadora de tráfico de influencias desde la cúspide del régimen. Cabe esperar que la estrategia de defensa del que fuera más estrecho colaborador del presidente en el Gobierno y en el partido no se aparte del guion conocido, el rechazo de todas las acusaciones, la integridad de su desempeño público y privado, la descalificación del trabajo del instructor y de la UCO de la Guardia Civil y por supuesto la censura del «arrepentido» Víctor de Aldama. No se puede descartar que Ábalos mande algún recado a Moncloa y a Ferraz y que se permita ajustar cuentas con antiguos compañeros de los que considera que han jugado especialmente sucio contra él, caso de quien ocupa la que fue su cartera, Óscar Puente. Como acusado, obviamente, tendrá todo el derecho a explicitar sus posiciones como considere mejor para sus intereses, incluida la mentira. No estaremos ni más cerca ni más lejos de la verdad, pero sí de otra entrega icónica sobre la caída de un liderazgo y un modelo de maltratar la democracia y el servicio público como no lo habíamos conocido. Habrá que recordar tantas veces como sean necesarias que Ábalos nunca fue un cualquiera, ni una personalidad residual en la vida política y personal del presidente. Insistimos en que con él se sienta el poder que ha labrado una de las épocas más oscuras y aciagas en estos últimos ocho años. Y nos conviene a todos no perder esa perspectiva ni relativizar por un minuto todo aquello que nos ha conducido a una encrucijada crucial para la nación. En todo caso, ese visto para sentencia que se aproxima en el Alto Tribunal no será el final de la historia, sino el punto y seguido a la espera de nuevas paradas en los órganos jurisdiccionales, pues la sombra de la corrupción del sanchismo es así de alargada. Queremos pensar que siempre existe la posibilidad de que aquellos que se sientan en el banquillo y sobre los que pesan peticiones de condena de muchos años de cárcel reflexionen y decidan colaborar con la Justicia para que como cabezas de turco no rindan cuentas en soledad y el pueblo pueda celebrar que nadie está por encima de la Ley por más poder e impunidad que atesore. Es este un juicio decisivo y veremos si definitivo para la legislatura, aunque somos escépticos. De momento, es cierto, no marcha bien para los intereses de Sánchez con una acumulación de indicios de financiación irregular del PSOE y una robusta acusación contra los encausados. El presidente ha marcado distancias con el proceso como si no fuera con él. No lo conseguirá. El veredicto final lo pondrá todo y a todos en su sitio.
