El pasado martes 2 de junio murió a los 92 años Pedro Caba (Madrid, 1934). Pedro Caba era médico, el médico del Partido Comunista al que a lo largo de los difíciles años del franquismo acudía la oposición, y no siempre por una receta o una revisión. Por allí pasaron Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Antonio Buero Vallejo, Cristina Almeida, funcionarios de la Embajada cubana, de la Embajada rusa, pero, sobre todo, activistas políticos, sindicalistas, gente comprometida con la democracia y la libertad que conocían bien Carabanchel o la Dirección General de Seguridad. A todos ayudaba Pedro de la manera que fuera. Como él mismo dijo, su consulta era un centro político al que también acudía la policía.. Seguir leyendo
Durante el franquismo, recurrieron a la consulta de quien luego fue vicepresidente de la OMS todo tipo de opositores
El pasado martes 2 de junio murió a los 92 años Pedro Caba (Madrid, 1934). Pedro Caba era médico, el médico del Partido Comunista al que a lo largo de los difíciles años del franquismo acudía la oposición, y no siempre por una receta o una revisión. Por allí pasaron Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo, Antonio Buero Vallejo, Cristina Almeida, funcionarios de la Embajada cubana, de la Embajada rusa, pero, sobre todo, activistas políticos, sindicalistas, gente comprometida con la democracia y la libertad que conocían bien Carabanchel o la Dirección General de Seguridad. A todos ayudaba Pedro de la manera que fuera. Como él mismo dijo, su consulta era un centro político al que también acudía la policía.. Pedro fue mucho y muchas cosas. Hay infinitas formas para contar quién fue Pedro Caba que siempre terminan de la misma manera, esto es, señalando a un hombre bueno, entregado, progresista y verdaderamente singular. Porque se puede hablar de Pedro Caba vicepresidente de la OMS, cargo para el que fue elegido en 1988; el joven Pedro Caba, ya médico, instigador / inspirador de la rocambolesca fuga del penal de Vado; se podría hablar de Pedro Caba, embajador de Cuba a mediados de los setenta: “Doctor Caba, aquí no hay nadie, se han escapado todos”, le dice un día la señora de la limpieza. “Pues mira, chico, tú coge la llave y te haces cargo de la Embajada hasta que llegue el nuevo”, le piden desde Cuba. “Soy el embajador, aunque es verdad que he perdido un poco el acento”, le explicaba Pedro al portero. Pedro Caba, el amigo, confidente y médico durante cuarenta años de las monjas del convento de Fausta Elorz, que en señal de gratitud le escondieron una de las peligrosas multicopistas.. Encontramos a Pedro Caba en la emblemática obra de Genovés, El abrazo,icono del movimiento antifranquista, ese abrazo que sirve para contar nuestra historia reciente. “Genovés venía a mi consulta cuando aquello era un foco… Un día me dijo: ‘Tengo un proyecto que te quiero contar’. Consistía en ir todos a la cárcel para recibir con un abrazo a los que salían».. Y Pedro Caba, el protagonista de la novela Jardín de Villa Valeria, de su gran amigo Manuel Vicent, una excelente crónica de la burguesía progresista, comprometida y activista, en los últimos años de la dictadura y durante la transición. Un grupo de personas que, finalmente, tuvieron peso en la llegada de la democracia a este país.. ‘El abrazo’, de Juan Genovés.. Pedro Caba nació en Madrid, pero pronto se trasladó a Extremadura, donde estuvo encarcelado su padre durante la guerra. Él dormía en un parque con su madre. Empezó la carrera de Medicina en Valencia, pero la terminó en Madrid porque le expulsaron por manifestarse un 1 de mayo. Se afilió al Partido Comunista en 1954. Y desde entonces, antes también fue un no parar, siempre con Ana Mari al lado.. Pedro arrasaba, arrastraba. He hablado antes de Villa Valeria. Esa casa en la que pasaban cosas que dejaban huella. Las comidas, las sobremesas, las discusiones, a veces tensas de verdad. Se hablaba mucho y hablaban personas irrepetibles como Juan Trías, Gonzalo Marín, Manuel Vicent, Pablo del Amo, Joaquín Cervera, Jesús Chamorro y tantos y tantos y tantas también. Por allí andaba también una panda de niños, luego adolescentes, jovencitos después, que asistíamos y participamos de todo aquello, primero escuchando, aprendiendo, luego interviniendo y participando. Aquel grupo que se creó en torno a Pedro Caba nos convirtió para siempre, a los de mi generación, en personas comprometidas con la democracia, la libertad, los derechos y la justicia social. En una entrevista que hice a Pedro hace dos años, decía: “Soñé, trabajé por algo que no ha salido bien”. No, Pedro, no. Ahí están tus hijos, Pedro, Eva, Sonia y Pablo, tus nietos y toda la panda a la que tú y tu grupo nos convertisteis para siempre en personas responsables con el presente y el futuro que tú soñaste.
