Los “arizónicas” de tono azulado que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha señalado tras los voraces incendios que calcinan España, no aparecen en el diccionario de la Real Academia Española. Es un término de uso jardinero con el que se alude a una planta ornamental perteneciente a la familia de los cipreses, que ha resultado ser muy del agrado de los que pueden permitirse una sencilla caseta en el campo, una amplia terraza bien iluminada o un pomposo chalé en Galapagar. El neologismo “arizónicas” refiere a las barreras vegetales o setos tupidos que delimitan viviendas unifamiliares, urbanizaciones o parcelas, por lo que su significado suele extenderse de forma genérica para aludir a cualquier tipo de seto. Es verdad que estas plantas pueden suponer un alto riesgo en determinadas zonas más sensibles al fuego, pero tampoco se las puede acusar ahora de todos los males. Como suele ocurrir siempre, no todo es negro o blanco.. Seguir leyendo
Todos los setos mal mantenidos son un riesgo para el fuego, siendo recomendable que estén a una distancia mínima de edificaciones, pero a veces tienen importantes beneficios
Los “arizónicas” de tono azulado que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha señalado tras los voraces incendios que calcinan España, no aparecen en el diccionario de la Real Academia Española. Es un término de uso jardinero con el que se alude a una planta ornamental perteneciente a la familia de los cipreses, que ha resultado ser muy del agrado de los que pueden permitirse una sencilla caseta en el campo, una amplia terraza bien iluminada o un pomposo chalé en Galapagar. El neologismo “arizónicas” refiere a las barreras vegetales o setos tupidos que delimitan viviendas unifamiliares, urbanizaciones o parcelas, por lo que su significado suele extenderse de forma genérica para aludir a cualquier tipo de seto. Es verdad que estas plantas pueden suponer un alto riesgo en determinadas zonas más sensibles al fuego, pero tampoco se las puede acusar ahora de todos los males. Como suele ocurrir siempre, no todo es negro o blanco.. Ni la planta Cupressus arizonica, ni las otras 24 especies de cipreses que existen en el planeta son, botánicamente hablando, árboles resiníferos. Pueden presentar exudaciones de resina, una compleja mezcla orgánica a base de terpenos, ácidos resínicos, fenoles, ácidos grasos, ésteres… de la que se valen para protegerse de los patógenos, las infecciones y las heridas. Pero la estructura anatómica de la madera de los integrantes de este género, perteneciente a las coníferas, no dispone de canales resiníferos específicos por los que pueda circular. Como sí le ocurre al pino resinero (Pinus pinaster) y a los de su grupo. Son numerosos los árboles y las plantas que presentan exudaciones de resinas, gomas… y, ni son coníferas ni tampoco especies resineras.. Los setos son estructuras de vegetación del paisaje utilizadas tradicionalmente en la agricultura, la ganadería y los jardines. Tienen una función ecológica de gran importancia para la protección del suelo y la lucha contra la erosión y desertificación, protegen del viento y de las bajas temperaturas, incrementan la presencia y biodiversidad de la flora y los hábitats para la fauna, aportan valiosos recursos y productos a la actividad agrícola local, crean paisajes de heterogeneidad y en mosaico, integran las edificaciones y urbanizaciones en los espacios naturales, funcionan como corredores verdes y delimitan los usos y las propiedades, entre muchas otras.. En lo que a la jardinería se refiere, los setos pueden ser de diferentes tipos: de crecimiento en forma libre o de recorte, estar formados por una sola especie o por varias, de hoja caduca o perenne, pueden ser florecientes, adoptar formas geométricas, lineales o componer masas y laberintos. Sus funciones, además de las ambientales, son las de separar, delimitar y proteger las propiedades, procurar intimidad y ocultar las vistas indeseadas o indiscretas y estructurar el jardín. Integran ecología, paisaje y protección.. Un seto monoespecífico formal suele estar formado por una hilera continua de árboles o arbustos en los que ha desaparecido la individualidad de cada planta, formando el conjunto una estructura lineal de vegetación a espacios regulares y con crecimiento homogéneo. Todos los tipos de setos comparten una característica común: hay que podarlos, ya que tienen que ajustarse al plan preestablecido en el que se les ha asignado una función, un espacio, un tamaño y una forma de crecimiento. La poda de recorte tiene como objeto densificar el follaje para que sea más tupido y mantenerlo en la altura, anchura y forma deseada. El recorte de las plantas se suele aplicar periódicamente, entre una y cuatro veces al año, para obtener setos formales y densos.. Botánicamente, la poda de recorte consiste en la ablación sistemática y periódica de las yemas, ápices meristemáticos, hojas y ramitas exteriores. El corte se realiza por encima de las ramas que aún conservan la capacidad de emitir nuevos brotes. La respuesta morfofisiológica se traduce en un incremento y densificación del número de ramificaciones, para tratar de reponer las partes perdidas. En estas condiciones, alta densidad y sobreestimulación en la regeneración de yemas y ápices de crecimiento en las ramas ocasiona una fuerte competencia por la luz, en un espacio cada vez más denso y ramificado. Esto implica un incremento en la tasa de mortalidad de ramillas y hojas, que quedan acumuladas formando una espesa masa en forma de materia muerta en el interior de los setos.. Las numerosas especies de árboles, arbustos y trepadoras utilizados comúnmente para setos y pantallas cortavientos que se ven sometidos al tratamiento de poda de recorte de forma periódica, responden morfológica y fisiológicamente de la misma forma. Y en consecuencia presentan idéntico riesgo de acumulación de combustible fino y seco: carpe, espino albar, espino de fuego, acebo, aligustre, haya, laurel, laurel-cerezo, tejo, madreselva, boj, mirto, romero, abrótano hembra, cipreses, falsos cipreses, avellanos, evónimos, buganvillas, enebros, glicinas, azahar de la China, abetos rojos, olivos, aladiernos, grosellas, thuyas, tilos, cotoneaster, baladres o hiedras.. El seto de “arizónicas” es con diferencia uno de los preferidos y más usados en jardinería debido a las características y ventajas que ofrece: altura, densidad, color, efecto pantalla, impenetrabilidad, rusticidad, bajo mantenimiento, resistencia a plagas y enfermedades, facilidad de recorte, velocidad de crecimiento, adaptación a diferentes tipos de suelos, temperaturas, exposiciones y ambientes, coste de producción y plantación, uso cultural y tradicional, etc. Lo que facilita que cada año se planten millones de ejemplares en todo el mundo, y especialmente en las regiones de clima mediterráneo.. Tampoco conviene confundir la especie con la función, puesto que las hojas y ramas verdes de los cipreses se encuentran clasificadas entre las menos inflamables. Cuando veamos imágenes de setos de “arizónicas” en llamas, también nos informan del tiempo transcurrido desde la última vez que fueron liberados de combustible.. En las tareas de mantenimiento y poda de los setos y trepadoras, es imprescindible proceder a la eliminación de todas las partes muertas, como ramas, hojas, frutos o conos que quedan acumulados en el interior, además de los residuos y basuras de todo tipo que tienden a acumularse a sus pies. Al ser un material muerto, fino y acumulado en el tiempo, puede convertirse en caso de incendio en material combustible altamente inflamable. En estas circunstancias, todos los tipos de setos incorrectamente mantenidos y mal implantados pueden servir de líneas de avance del fuego. Por ello es también recomendable respetar unas mínimas distancias de plantación entre los setos y las edificaciones.. Bernabé Moya es botánico.
