La particular carrera que protagonizan Pedro Sánchez y sus ministros por copar el podio de la incompetencia en la gestión de la crisis de Ceuta tras la invasión espoleada por Marruecos está siendo verdaderamente reñida. Muchos consideran a Pedro Sánchez como franco ganador y puede que, al final, el tiempo les dé la razón. Además de ser responsable número uno del tercermundista abandono que sufren los más de 80.000 españoles residentes en la ciudad autónoma después de acreditar su incapacidad para prever y frenar la avalancha de ilegales, el presidente del Gobierno no para de sumar puntos en esta peculiar competición de ineptitud desde su retiro dorado en La Mareta, en donde plácidamente vacaciona a cuerpo de rey con el dinero de todos, ajeno a lo que sucede en su país. Sus insólitas irrupciones en redes sociales recomendando libros y música malos de solemnidad, así como gafas para el elipse, y su aparición sin piernas en una supuesta videoconferencia que vaya usted a saber si se celebró, en un retoque de imagen al más puro estilo estalinista, mientras miles de inmigrantes sembraban y aún siembran el caos en una parte del territorio nacional y nuestro país vuelve a convertirse en paria de la esfera internacional, le han hecho claro candidato al máximo galardón de este despropósito político. Pese a acumular todo tipo de hitos merecedores de pasar a la historia negra de España, otros compañeros de gabinete se resisten, sin embargo, a que esto ocurra. Fernando Grande-Marlaska y José Manuel Albares atesoran también méritos sobrados para copar el podio de la estulticia y la ineficiencia con su inacción, su palabrería hueca, sus autodesmentidos y su actitud lacaya hacia el Estado que ha facilitado la invasión, en el caso del titular de Exteriores. Margarita Robles, bastante más competente y, desde luego, con más agallas, les ha dejado en evidencia defendiendo el buen hacer de los servicios de inteligencia frente a los bulos lanzados desde Interior, proclamando la españolidad de Ceuta para que le quede clara al titular de Exteriores, y parándose a hablar con algunos vecinos desesperados entre lógicos improperios dirigidos contra el Ejecutivo al que pertenece. Tampoco parecen querer quedarse atrás otros ministros nefastos a los que se les ve el plumero en esta competición de ineptos. Ver a Óscar López criticar a Isabel Díaz Ayuso mientras toda Ceuta se encuentra en vilo por la inoperancia de su Gobierno, a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, guardar silencio mientras afloran las denuncias de mujeres violadas por extranjeros, a la de Infancia, Sira Rego, hacer lo mismo, mientras miles de menores se hacinan en la ciudad, o a Félix Bolaños y a Yolanda Díaz recomendar viajes y libros en plena crisis mastodóntica, certifica que todos ellos son también merecedores de entrar en este lúgubre podio. Mención aparte merece Mónica García, que hasta el pasado domingo no había pisado Ceuta desde que ocupa el cargo, pese a que la gestión sanitaria de este territorio corresponde íntegramente a su Ministerio, a través de ese órgano reconvertido en chiringuito de socialcomunistas llamado Ingesa, de tan infausto recuerdo en la pandemia. En este momento, Ceuta es una bomba epidemiológica de primera magnitud y el hospital se ha encontrado al borde del colapso, sin suficientes especialistas, según denuncian todas las organizaciones médicas, hasta las que han venido riéndole hasta ahora las gracias a la indolente ministra. Pero a ella le trae al pairo. Ya es, con todo merecimiento, la peor ministra de Sanidad de toda la democracia.
Ceuta es una bomba epidemiológica de primera magnitud
La particular carrera que protagonizan Pedro Sánchez y sus ministros por copar el podio de la incompetencia en la gestión de la crisis de Ceuta tras la invasión espoleada por Marruecos está siendo verdaderamente reñida. Muchos consideran a Pedro Sánchez como franco ganador y puede que, al final, el tiempo les dé la razón. Además de ser responsable número uno del tercermundista abandono que sufren los más de 80.000 españoles residentes en la ciudad autónoma después de acreditar su incapacidad para prever y frenar la avalancha de ilegales, el presidente del Gobierno no para de sumar puntos en esta peculiar competición de ineptitud desde su retiro dorado en La Mareta, en donde plácidamente vacaciona a cuerpo de rey con el dinero de todos, ajeno a lo que sucede en su país. Sus insólitas irrupciones en redes sociales recomendando libros y música malos de solemnidad, así como gafas para el elipse, y su aparición sin piernas en una supuesta videoconferencia que vaya usted a saber si se celebró, en un retoque de imagen al más puro estilo estalinista, mientras miles de inmigrantes sembraban y aún siembran el caos en una parte del territorio nacional y nuestro país vuelve a convertirse en paria de la esfera internacional, le han hecho claro candidato al máximo galardón de este despropósito político. Pese a acumular todo tipo de hitos merecedores de pasar a la historia negra de España, otros compañeros de gabinete se resisten, sin embargo, a que esto ocurra. Fernando Grande-Marlaska y José Manuel Albares atesoran también méritos sobrados para copar el podio de la estulticia y la ineficiencia con su inacción, su palabrería hueca, sus autodesmentidos y su actitud lacaya hacia el Estado que ha facilitado la invasión, en el caso del titular de Exteriores. Margarita Robles, bastante más competente y, desde luego, con más agallas, les ha dejado en evidencia defendiendo el buen hacer de los servicios de inteligencia frente a los bulos lanzados desde Interior, proclamando la españolidad de Ceuta para que le quede clara al titular de Exteriores, y parándose a hablar con algunos vecinos desesperados entre lógicos improperios dirigidos contra el Ejecutivo al que pertenece. Tampoco parecen querer quedarse atrás otros ministros nefastos a los que se les ve el plumero en esta competición de ineptos. Ver a Óscar López criticar a Isabel Díaz Ayuso mientras toda Ceuta se encuentra en vilo por la inoperancia de su Gobierno, a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, guardar silencio mientras afloran las denuncias de mujeres violadas por extranjeros, a la de Infancia, Sira Rego, hacer lo mismo, mientras miles de menores se hacinan en la ciudad, o a Félix Bolaños y a Yolanda Díaz recomendar viajes y libros en plena crisis mastodóntica, certifica que todos ellos son también merecedores de entrar en este lúgubre podio. Mención aparte merece Mónica García, que hasta el pasado domingo no había pisado Ceuta desde que ocupa el cargo, pese a que la gestión sanitaria de este territorio corresponde íntegramente a su Ministerio, a través de ese órgano reconvertido en chiringuito de socialcomunistas llamado Ingesa, de tan infausto recuerdo en la pandemia. En este momento, Ceuta es una bomba epidemiológica de primera magnitud y el hospital se ha encontrado al borde del colapso, sin suficientes especialistas, según denuncian todas las organizaciones médicas, hasta las que han venido riéndole hasta ahora las gracias a la indolente ministra. Pero a ella le trae al pairo. Ya es, con todo merecimiento, la peor ministra de Sanidad de toda la democracia.
