No es la primera vez que despliegan legionarios en la región, aunque parte importante de la actual Eslovaquia quedase fuera de la «limes romana» cuando el Danubio era la frontera norte de su imperio. Existen hoy testigos de esta presencia, en forma de «fortalezas legionarias», (1) torres de vigilancia, termas y campamentos avanzados, que controlaban aquellos llamados «pueblos bárbaros» del norte. Gerulata hoy en un barrio de Bratislava, Kelemantia en Iza, las termas de Dúbravka o los baños de Dudince dan testimonio de aquella presencia de cuatro siglos. Sobre la línea del Danubio (2.800 kilómetros) llegó a desplegar Roma nueve legiones, es decir, unos 45.000 hombres, que no solo defendían el Imperio con las armas, sino que también construían calzadas, explotaban minas o recolectaban cosechas.
Hoy, con otras atribuciones, pero con un mismo sentido de protección, defensa del «flanco este», despliegan en dos bloques en la actual Eslovaquia, cerca de 900 españoles, la mayoría de ellos, del 4º Tercio de la Legión.
Unos en Lest, el mayor campo de maniobras de Eslovaquia, 143 kilómetros cuadrados, que dispone de amplias instalaciones, campos de tiro, zonas de combate en población, comedores, cafeterías (alcohol 0,00) y dormitorios, que albergan a los legionarios del Tercio Alejandro de Farnesio (82%), efectivos de la Brigada Logística (10%) y el resto de otras unidades, especialmente de los Mandos de Transmisiones y de Artillería Antiaérea. Todo al mando del coronel Fernando Sánchez Pérez, el jefe del propio Tercio de Ronda. Constituyen como «nación marco» el núcleo duro de la «Multinational Brigade TF», una gran unidad con 1.200 efectivos, robusta, creíble, flexible, interoperable, que integra con las españolas unidades de Portugal, Alemania, Eslovenia, Rumanía, República Checa y de la propia Eslovaquia.
Lest está a 145 kilómetros de Bratislava, la capital del país, la antigua Presburgo, situada a orillas del Danubio, ciudad que fue durante 250 años (1526-1867) capital del Reino de Hungría. Indiscutible cruce de caminos entre las actuales Hungría, Austria y la también República Checa, de la que se escindió Eslovaquia amigablemente en 1993. Con todas ellas mantiene fronteras. Pero también con Ucrania a lo largo de 97 kilómetros. (2) No busquemos más razones para comprender cómo la OTAN se preocupó en reiteradas cumbres de la seguridad de Eslovaquia. El país de los Cárpatos y los Montes Tatra, con cimas de 2.600 metros (Monte Gerlachovsky), se había integrado tanto en la Alianza Atlántica como en la Unión Europea en 2004.
Busco el lado humano de unos hombres y mujeres que estarán seis meses fuera de sus casas: «La convivencia aquí tiene su particularidad: no se comparte solo espacio con portugueses, checos, eslovenos, rumanos o eslovacos que trabajan diariamente bajo una misma estructura; se adiestran juntos, comen juntos, participan en actividades comunes y terminan conociendo y respetando también sus propias culturas; esta convivencia multinacional constituye probablemente uno de los aspectos menos visibles de una misión OTAN, pero también uno de los más importantes para crear cohesión». Algunas de ellas permiten comprobarlo, como la peregrinación militar a Levoa (3), en la que participaron 70 legionarios. Durante la celebración, el «pater» Eloy Fraile recordó a todas nuestras familias, a todos los militares que cumplen misiones en el extranjero. «Más allá de su dimensión religiosa –me dicen–, participar en una tradición local constituye también una forma de acercarse al país al que proporcionas seguridad». Esta voluntad de no vivir a espaldas de la sociedad eslovaca se manifiesta también en exposiciones estáticas de material, en conferencias y encuentros en ferias o celebraciones locales. Momentos especiales para romper inevitables distancias entre culturas, de las que destaca también la donación de sangre en el Hospital Universitario de Banská Bystrica. Lo resumen en un buen hilado informe: «Quizás sea esta forma de actuar el alma de la misión: estar preparados para cumplir un cometido exigente, mientras se mantiene la cohesión, la moral y la cercanía con quienes esperan en España y con la sociedad eslovaca que, durante seis meses del despliegue, se convierte en nuestro hogar temporal».
El segundo bloque de españoles, algo más de 80 efectivos, está en la base aérea de Malacky, próxima a Bratislava, a dos horas y media de coche de Lest, al mando del coronel Mateo Navascués. Lidera un destacamento avanzado del Cuartel General de Respuesta Rápida de la OTAN ubicado en Bétera, donde operan oficiales de 13 países al mando del teniente general Sanz Rocandio. Bétera dispone de capacidades para liderar operaciones de alta intensidad y ejercer el control de hasta cinco divisiones, el equivalente a 120.000 efectivos.
Unos y otros, lejos de España, no hacen más que cumplir de la mejor forma posible la misión asignada. La Historia deberá reconocer su esfuerzo.
(1) Historia de las legiones romanas. J. Rodríguez González. Almena. 2001
(2) Conocido por la película «Hranica», el pueblo de Slemence quedó dividido entre los dos países.
(3) El Santuario de la Visitación de la Virgen concentra cada 5 de julio medio millón de peregrinos.
Luis Alejandre Sintes es general (r). Academia de las Ciencias y las Artes Militares.
Como «nación marco», forman el núcleo de la «Brigada Multinacional TF».
No es la primera vez que despliegan legionarios en la región, aunque parte importante de la actual Eslovaquia quedase fuera de la «limes romana» cuando el Danubio era la frontera norte de su imperio. Existen hoy testigos de esta presencia, en forma de «fortalezas legionarias», (1) torres de vigilancia, termas y campamentos avanzados, que controlaban aquellos llamados «pueblos bárbaros» del norte. Gerulata hoy en un barrio de Bratislava, Kelemantia en Iza, las termas de Dúbravka o los baños de Dudince dan testimonio de aquella presencia de cuatro siglos. Sobre la línea del Danubio (2.800 kilómetros) llegó a desplegar Roma nueve legiones, es decir, unos 45.000 hombres, que no solo defendían el Imperio con las armas, sino que también construían calzadas, explotaban minas o recolectaban cosechas.
Hoy, con otras atribuciones, pero con un mismo sentido de protección, defensa del «flanco este», despliegan en dos bloques en la actual Eslovaquia, cerca de 900 españoles, la mayoría de ellos, del 4º Tercio de la Legión.
Unos en Lest, el mayor campo de maniobras de Eslovaquia, 143 kilómetros cuadrados, que dispone de amplias instalaciones, campos de tiro, zonas de combate en población, comedores, cafeterías (alcohol 0,00) y dormitorios, que albergan a los legionarios del Tercio Alejandro de Farnesio (82%), efectivos de la Brigada Logística (10%) y el resto de otras unidades, especialmente de los Mandos de Transmisiones y de Artillería Antiaérea. Todo al mando del coronel Fernando Sánchez Pérez, el jefe del propio Tercio de Ronda. Constituyen como «nación marco» el núcleo duro de la «Multinational Brigade TF», una gran unidad con 1.200 efectivos, robusta, creíble, flexible, interoperable, que integra con las españolas unidades de Portugal, Alemania, Eslovenia, Rumanía, República Checa y de la propia Eslovaquia.
Lest está a 145 kilómetros de Bratislava, la capital del país, la antigua Presburgo, situada a orillas del Danubio, ciudad que fue durante 250 años (1526-1867) capital del Reino de Hungría. Indiscutible cruce de caminos entre las actuales Hungría, Austria y la también República Checa, de la que se escindió Eslovaquia amigablemente en 1993. Con todas ellas mantiene fronteras. Pero también con Ucrania a lo largo de 97 kilómetros. (2) No busquemos más razones para comprender cómo la OTAN se preocupó en reiteradas cumbres de la seguridad de Eslovaquia. El país de los Cárpatos y los Montes Tatra, con cimas de 2.600 metros (Monte Gerlachovsky), se había integrado tanto en la Alianza Atlántica como en la Unión Europea en 2004.
Busco el lado humano de unos hombres y mujeres que estarán seis meses fuera de sus casas: «La convivencia aquí tiene su particularidad: no se comparte solo espacio con portugueses, checos, eslovenos, rumanos o eslovacos que trabajan diariamente bajo una misma estructura; se adiestran juntos, comen juntos, participan en actividades comunes y terminan conociendo y respetando también sus propias culturas; esta convivencia multinacional constituye probablemente uno de los aspectos menos visibles de una misión OTAN, pero también uno de los más importantes para crear cohesión». Algunas de ellas permiten comprobarlo, como la peregrinación militar a Levoa (3), en la que participaron 70 legionarios. Durante la celebración, el «pater» Eloy Fraile recordó a todas nuestras familias, a todos los militares que cumplen misiones en el extranjero. «Más allá de su dimensión religiosa –me dicen–, participar en una tradición local constituye también una forma de acercarse al país al que proporcionas seguridad». Esta voluntad de no vivir a espaldas de la sociedad eslovaca se manifiesta también en exposiciones estáticas de material, en conferencias y encuentros en ferias o celebraciones locales. Momentos especiales para romper inevitables distancias entre culturas, de las que destaca también la donación de sangre en el Hospital Universitario de Banská Bystrica. Lo resumen en un buen hilado informe: «Quizás sea esta forma de actuar el alma de la misión: estar preparados para cumplir un cometido exigente, mientras se mantiene la cohesión, la moral y la cercanía con quienes esperan en España y con la sociedad eslovaca que, durante seis meses del despliegue, se convierte en nuestro hogar temporal».
El segundo bloque de españoles, algo más de 80 efectivos, está en la base aérea de Malacky, próxima a Bratislava, a dos horas y media de coche de Lest, al mando del coronel Mateo Navascués. Lidera un destacamento avanzado del Cuartel General de Respuesta Rápida de la OTAN ubicado en Bétera, donde operan oficiales de 13 países al mando del teniente general Sanz Rocandio. Bétera dispone de capacidades para liderar operaciones de alta intensidad y ejercer el control de hasta cinco divisiones, el equivalente a 120.000 efectivos.
Unos y otros, lejos de España, no hacen más que cumplir de la mejor forma posible la misión asignada. La Historia deberá reconocer su esfuerzo.
(1) Historia de las legiones romanas. J. Rodríguez González. Almena. 2001
(2) Conocido por la película «Hranica», el pueblo de Slemence quedó dividido entre los dos países.
(3) El Santuario de la Visitación de la Virgen concentra cada 5 de julio medio millón de peregrinos.
Luis Alejandre Sintes es general (r). Academia de las Ciencias y las Artes Militares.
