Conocemos interpretaciones diferentes a la opinión dominante en relación a la conducta política del inquilino de La Moncloa, que en cualquier caso y cuando menos, inducen a la reflexión. La opinión mayoritaria dominante resulta clara cuál es, siendo de un claro rechazo hacia su conducta, incluso con todo tipo de calificativos para describirla, con el común criterio de rotunda oposición hacia la misma. Pero junto a ella existen algunas otras que, pese a ser minoritarias, están bien justificadas y sin duda tienen, como decimos, su interés. Una de ellas está muy bien resumida sobre la base de que Sánchez lleva todo el verano «alimentando la polémica», con una sucesión de imágenes y gestos que, cuanto menos, resultan llamativos. Sobre todo, sabiendo que, por supuesto, él y su entorno conocen que más de un teleobjetivo está apuntando hacia La Mareta. Gestos como el de su padre asomándose a la barandilla justo cuando aparece un mayordomo, o el episodio protagonizado por su madre y su hija encarándose con una periodista. Sin olvidar a las motos de agua surcando el mar a toda velocidad, escoltadas por la Guardia Civil. Resulta muy difícil pensar que no es consciente de ser observado intensamente, por lo que la alternativa de tratarse de «casualidad o de provocación consciente» parece descartar a la primera opción. Añadamos a estos ejemplos las imágenes dedicándose a recomendar a los jóvenes las lecturas y música para entretenerse durante las vacaciones, mientras los ceutíes padecen las consecuencias de una virtual invasión. Sea cual sea su propósito, el efecto parece evidente, ya que consigue generar enfado, tensionar el debate y mantener la atención sobre cada uno de sus movimientos. Y quizás ahí resida precisamente la clave, ya que si lo que busca es provocar y aumentar la tensión, lo preocupante es que es obvio que lo está consiguiendo. Este argumento evoca a aquel que tuvo por protagonista al entonces también inquilino de La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero, entrevistado por Iñaki Gabilondo. Al acabar la entrevista y levantarse para despedirse, el periodista le preguntó: «¿Cómo lo ve?», a lo que Zapatero discretamente le contestó: «Nos interesa que haya tensión». Un micrófono no apagado fue involuntario protagonista, dando publicidad a esa frase, que causó una gran polémica en la opinión pública y publicada. Es evidente que las tensiones también se utilizan y se sobredimensionan con fines políticos, interesados en desviar la atención de lo más grave y preocupante para el afectado. Ante la extrema gravedad de lo sucedido en Ceuta –con una invasión de 80.000 personas violando la integridad territorial de España–, cualquier tensión que distraiga la atención sobre ella parece interesarle a Sánchez.
Ante la extrema gravedad de lo sucedido en Ceuta –con una invasión de 80.000 personas violando la integridad territorial de España–, cualquier tensión que distraiga la atención sobre ella parece interesarle a Sánchez
Conocemos interpretaciones diferentes a la opinión dominante en relación a la conducta política del inquilino de La Moncloa, que en cualquier caso y cuando menos, inducen a la reflexión. La opinión mayoritaria dominante resulta clara cuál es, siendo de un claro rechazo hacia su conducta, incluso con todo tipo de calificativos para describirla, con el común criterio de rotunda oposición hacia la misma. Pero junto a ella existen algunas otras que, pese a ser minoritarias, están bien justificadas y sin duda tienen, como decimos, su interés. Una de ellas está muy bien resumida sobre la base de que Sánchez lleva todo el verano «alimentando la polémica», con una sucesión de imágenes y gestos que, cuanto menos, resultan llamativos. Sobre todo, sabiendo que, por supuesto, él y su entorno conocen que más de un teleobjetivo está apuntando hacia La Mareta. Gestos como el de su padre asomándose a la barandilla justo cuando aparece un mayordomo, o el episodio protagonizado por su madre y su hija encarándose con una periodista. Sin olvidar a las motos de agua surcando el mar a toda velocidad, escoltadas por la Guardia Civil. Resulta muy difícil pensar que no es consciente de ser observado intensamente, por lo que la alternativa de tratarse de «casualidad o de provocación consciente» parece descartar a la primera opción. Añadamos a estos ejemplos las imágenes dedicándose a recomendar a los jóvenes las lecturas y música para entretenerse durante las vacaciones, mientras los ceutíes padecen las consecuencias de una virtual invasión. Sea cual sea su propósito, el efecto parece evidente, ya que consigue generar enfado, tensionar el debate y mantener la atención sobre cada uno de sus movimientos. Y quizás ahí resida precisamente la clave, ya que si lo que busca es provocar y aumentar la tensión, lo preocupante es que es obvio que lo está consiguiendo. Este argumento evoca a aquel que tuvo por protagonista al entonces también inquilino de La Moncloa, José Luis Rodríguez Zapatero, entrevistado por Iñaki Gabilondo. Al acabar la entrevista y levantarse para despedirse, el periodista le preguntó: «¿Cómo lo ve?», a lo que Zapatero discretamente le contestó: «Nos interesa que haya tensión». Un micrófono no apagado fue involuntario protagonista, dando publicidad a esa frase, que causó una gran polémica en la opinión pública y publicada. Es evidente que las tensiones también se utilizan y se sobredimensionan con fines políticos, interesados en desviar la atención de lo más grave y preocupante para el afectado. Ante la extrema gravedad de lo sucedido en Ceuta –con una invasión de 80.000 personas violando la integridad territorial de España–, cualquier tensión que distraiga la atención sobre ella parece interesarle a Sánchez.
