Tras el maravilloso espectáculo astronómico vivido en directo desde gran parte de España por millones de personas y transmitido a todo el mundo –anunciado con una precisión extraordinaria por parte de la ciencia astronómica–, retornamos a la «normalidad sanchista». Que está centrada en la situación de Ceuta con miles de inmigrantes ilegales que no quisieron regresar a Marruecos tras la orden de retorno dada a los «invasores» por parte de sus autoridades. Y volviendo los incendios. Son unos inmigrantes que el ministro Albares ha dicho solemnemente que van a ser devueltos y acogidos «sin condiciones» por parte de Marruecos. Lo cual de momento no se ha producido en absoluto, mientras lo están reclamando a España. Ese foco informativo de «normalidad» también se mantiene en La Mareta, donde veranea desde el día 1 el líder supremo progresista observando el eclipse, tras suspender su viaje para verlo desde Yebes, –ante la reacción que hubiera provocado en caso de haberse desplazado allí–. La visita de la ministra de Defensa Margarita Robles ha tenido una acusada imagen de cercanía hacia los ceutíes que es de agradecer, dado que al Rey no se lo deja hacer el Gobierno, que tiene que refrendar todos sus actos, y tal parece que no quiere que se moleste al soberano alauita. Aunque también quizás esté en su memoria el espectáculo que dio Sánchez en Paiporta huyendo, mientras los Reyes se quedaban saludando a todos los vecinos. No queriendo convertirse ahora también en el «galgo de Ceuta» en el imaginario popular. Conviene tener presente, no obstante, que las Fuerzas Armadas tienen como misión principal, según el artículo 8 de la Constitución, «garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y proteger el ordenamiento constitucional». Lo que significa evitar agresiones del exterior y defender el territorio nacional por tierra, mar y aire. Y en cuanto al Orden Constitucional, recordar que su fundamento es la «Unidad Nacional», según recoge su artículo 2. Y que el Rey, según establece el artículo 62, es el mando supremo de las FAS. Todo lo cual no puede interpretarse como algo meramente simbólico por ser España una monarquía parlamentaria occidental y no una monarquía «absoluta», como es sabido. Nadie duda de esa evidente condición de la Monarquía española, pero ni justifica ni es asumible que el Rey, como Jefe del Estado, no pueda visitar una ciudad española que ha sido virtualmente invadida por más de 70.000 personas, mientras el presidente del Gobierno está de vacaciones. Y los miles de inmigrantes ilegales que reclama Marruecos su retorno no dejan vivir con tranquilidad a los ceutíes, y no se les devuelve a su país y a su familia.
Los miles de inmigrantes ilegales que reclama Marruecos su retorno no dejan vivir con tranquilidad a los ceutíes, y no se les devuelve a su país y a su familia
Tras el maravilloso espectáculo astronómico vivido en directo desde gran parte de España por millones de personas y transmitido a todo el mundo –anunciado con una precisión extraordinaria por parte de la ciencia astronómica–, retornamos a la «normalidad sanchista». Que está centrada en la situación de Ceuta con miles de inmigrantes ilegales que no quisieron regresar a Marruecos tras la orden de retorno dada a los «invasores» por parte de sus autoridades. Y volviendo los incendios. Son unos inmigrantes que el ministro Albares ha dicho solemnemente que van a ser devueltos y acogidos «sin condiciones» por parte de Marruecos. Lo cual de momento no se ha producido en absoluto, mientras lo están reclamando a España. Ese foco informativo de «normalidad» también se mantiene en La Mareta, donde veranea desde el día 1 el líder supremo progresista observando el eclipse, tras suspender su viaje para verlo desde Yebes, –ante la reacción que hubiera provocado en caso de haberse desplazado allí–. La visita de la ministra de Defensa Margarita Robles ha tenido una acusada imagen de cercanía hacia los ceutíes que es de agradecer, dado que al Rey no se lo deja hacer el Gobierno, que tiene que refrendar todos sus actos, y tal parece que no quiere que se moleste al soberano alauita. Aunque también quizás esté en su memoria el espectáculo que dio Sánchez en Paiporta huyendo, mientras los Reyes se quedaban saludando a todos los vecinos. No queriendo convertirse ahora también en el «galgo de Ceuta» en el imaginario popular. Conviene tener presente, no obstante, que las Fuerzas Armadas tienen como misión principal, según el artículo 8 de la Constitución, «garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y proteger el ordenamiento constitucional». Lo que significa evitar agresiones del exterior y defender el territorio nacional por tierra, mar y aire. Y en cuanto al Orden Constitucional, recordar que su fundamento es la «Unidad Nacional», según recoge su artículo 2. Y que el Rey, según establece el artículo 62, es el mando supremo de las FAS. Todo lo cual no puede interpretarse como algo meramente simbólico por ser España una monarquía parlamentaria occidental y no una monarquía «absoluta», como es sabido. Nadie duda de esa evidente condición de la Monarquía española, pero ni justifica ni es asumible que el Rey, como Jefe del Estado, no pueda visitar una ciudad española que ha sido virtualmente invadida por más de 70.000 personas, mientras el presidente del Gobierno está de vacaciones. Y los miles de inmigrantes ilegales que reclama Marruecos su retorno no dejan vivir con tranquilidad a los ceutíes, y no se les devuelve a su país y a su familia.
