Igual que en la crisis migratoria de 2015, los gobiernos del norte de Europa entendieron que la llegada masiva de sirios a Grecia pronto se convertiría en su problema y que, por lo tanto, debían actuar en consecuencia. La incursión de inmigrantes ilegales en Ceuta ha puesto de nuevo en evidencia la fragilidad de las fronteras exteriores de la Unión Europea. La primera en reaccionar fue la italiana Giorgia Meloni, que ha sumado esta semana un nuevo punto en su intento de aislar a Pedro Sánchez dentro de la Unión Europea. Meloni ha encontrado en su homóloga danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, su mejor aliada en su cruzada antiinmigración. Italia y Dinamarca han rechazado esta semana «la inmigración descontrolada» y han pedido «centros de repatriación en terceros países». Meloni impuso, además, controles fronterizos a España en respuesta a la llegada masiva de inmigrantes a la ciudad autónoma, y Sánchez escaló el conflicto diplomático al replicar la medida. Los controles fronterizos pueden, sin embargo, brindar a los ciudadanos una sensación de seguridad a corto plazo, pero, en ningún caso, resuelven el problema de fondo. Unas fronteras exteriores fuertes son lo único que puede evitar que se vuelvan a producir las imágenes escalofriantes de Ceuta. Europa ya cuenta con los instrumentos necesarios; únicamente tiene que dotarlos de más medios. Para crear un sistema europeo común y sólido de protección de las fronteras exteriores, el presidente del PPE, Manfred Weber propone en un artículo en «Frankfurter Allgemeine Zeitung» una ampliación de Frontex con 50.000 efectivos que sea capaz de colaborar con las fuerzas nacionales para garantizar la seguridad de las fronteras exteriores de la UE. La crisis de 2015 impulsó una serie de medidas en materia de inmigración, como la recuperación de los controles fronterizos intra-Schengen en circunstancias excepcionales o la aprobación del nuevo pacto de asilo para acelerar los retornos de los casos fallidos. El episodio de Ceuta sugiere que el Servicio Europeo de Protección de Fronteras debería velar por el cumplimiento de la legislación europea, sobre todo cuando los países no cumplen con sus compromisos en materia migratoria. Todavía hay margen para mejorar el intercambio de información entre los servicios de inteligencia de los 27, que permita a los gobiernos anticiparse a las amenazas híbridas y ser más eficaces. En línea con el comunicado de Italia y Dinamarca, Europa tiene, además, que establecer centros de retorno en África. La idea es ampliar el «modelo albanés» de Roma para la acogida extraterritorial de migrantes procedentes de países de origen seguros y de solicitantes de asilo cuyas demandas han sido rechazadas. Según informaciones de los medios italianos, la lista preliminar con la que trabaja el Gobierno de Meloni incluye países africanos como Egipto, Etiopía, Ghana, Libia, Mauritania, Ruanda, Senegal, Túnez y Uganda. Fuera de África, se contempla colaborar con Armenia, Uzbekistán o Montenegro, país candidato a la adhesión a la UE. Además, Roma propone que los países en desarrollo que cooperen con los Estados miembros en el retorno de migrantes reciban concesiones aduaneras y de exportación para el comercio con el bloque. Los 27 deben ofrecer a estos países una vía segura para la migración legal. Hay pocas cosas que dividan más a los Estados que la inmigración. Europa se debate entre ser una fortaleza o un castillo de naipes.
Europa cuenta con los instrumentos para combatir la inmigración ilegal solo tiene que reforzarlos
Igual que en la crisis migratoria de 2015, los gobiernos del norte de Europa entendieron que la llegada masiva de sirios a Grecia pronto se convertiría en su problema y que, por lo tanto, debían actuar en consecuencia. La incursión de inmigrantes ilegales en Ceuta ha puesto de nuevo en evidencia la fragilidad de las fronteras exteriores de la Unión Europea. La primera en reaccionar fue la italiana Giorgia Meloni, que ha sumado esta semana un nuevo punto en su intento de aislar a Pedro Sánchez dentro de la Unión Europea. Meloni ha encontrado en su homóloga danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, su mejor aliada en su cruzada antiinmigración. Italia y Dinamarca han rechazado esta semana «la inmigración descontrolada» y han pedido «centros de repatriación en terceros países». Meloni impuso, además, controles fronterizos a España en respuesta a la llegada masiva de inmigrantes a la ciudad autónoma, y Sánchez escaló el conflicto diplomático al replicar la medida. Los controles fronterizos pueden, sin embargo, brindar a los ciudadanos una sensación de seguridad a corto plazo, pero, en ningún caso, resuelven el problema de fondo. Unas fronteras exteriores fuertes son lo único que puede evitar que se vuelvan a producir las imágenes escalofriantes de Ceuta. Europa ya cuenta con los instrumentos necesarios; únicamente tiene que dotarlos de más medios. Para crear un sistema europeo común y sólido de protección de las fronteras exteriores, el presidente del PPE, Manfred Weber propone en un artículo en «Frankfurter Allgemeine Zeitung» una ampliación de Frontex con 50.000 efectivos que sea capaz de colaborar con las fuerzas nacionales para garantizar la seguridad de las fronteras exteriores de la UE. La crisis de 2015 impulsó una serie de medidas en materia de inmigración, como la recuperación de los controles fronterizos intra-Schengen en circunstancias excepcionales o la aprobación del nuevo pacto de asilo para acelerar los retornos de los casos fallidos. El episodio de Ceuta sugiere que el Servicio Europeo de Protección de Fronteras debería velar por el cumplimiento de la legislación europea, sobre todo cuando los países no cumplen con sus compromisos en materia migratoria. Todavía hay margen para mejorar el intercambio de información entre los servicios de inteligencia de los 27, que permita a los gobiernos anticiparse a las amenazas híbridas y ser más eficaces. En línea con el comunicado de Italia y Dinamarca, Europa tiene, además, que establecer centros de retorno en África. La idea es ampliar el «modelo albanés» de Roma para la acogida extraterritorial de migrantes procedentes de países de origen seguros y de solicitantes de asilo cuyas demandas han sido rechazadas. Según informaciones de los medios italianos, la lista preliminar con la que trabaja el Gobierno de Meloni incluye países africanos como Egipto, Etiopía, Ghana, Libia, Mauritania, Ruanda, Senegal, Túnez y Uganda. Fuera de África, se contempla colaborar con Armenia, Uzbekistán o Montenegro, país candidato a la adhesión a la UE. Además, Roma propone que los países en desarrollo que cooperen con los Estados miembros en el retorno de migrantes reciban concesiones aduaneras y de exportación para el comercio con el bloque. Los 27 deben ofrecer a estos países una vía segura para la migración legal. Hay pocas cosas que dividan más a los Estados que la inmigración. Europa se debate entre ser una fortaleza o un castillo de naipes.
