El 28% de las mujeres en España afirma haberse visto forzada alguna vez a realizar una práctica que no deseaba durante una relación sexual. La mayoría de estos episodios fueron ocasionales, según la segunda Encuesta Nacional de Salud Sexual, publicada este jueves por el Ministerio de Sanidad y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El estudio, realizado a partir de 9.009 entrevistas, ofrece la primera gran radiografía oficial sobre los hábitos, las actitudes y la salud sexual de la población desde 2009.. Seguir leyendo
La satisfacción sexual ha caído desde 2009, según la primera encuesta del CIS desde entonces. El 28% de las mujeres asegura haberse visto forzada a realizar alguna práctica sexual no deseada
El 28% de las mujeres en España afirma haberse visto forzada alguna vez a realizar una práctica que no deseaba durante una relación sexual. La mayoría de estos episodios fueron ocasionales, según la segunda Encuesta Nacional de Salud Sexual, publicada este jueves por el Ministerio de Sanidad y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El estudio, realizado a partir de 9.009 entrevistas, ofrece la primera gran radiografía oficial sobre los hábitos, las actitudes y la salud sexual de la población desde 2009.. La encuesta analiza también el pago por mantener relaciones sexuales, una práctica concentrada casi exclusivamente entre los hombres. El 27,5% de los varones afirma haber pagado alguna vez: el 9,6% lo hizo una sola vez y el 17,9% en más de una ocasión (frente a un 0,3% de las mujeres). Esto, dice la socióloga, escritora y teórica feminista Rosa Cobo, es un dato que hay que mirar con distancia: “Es una respuesta que es imposible que sea veraz porque no es tan fácil que se diga la verdad, como cuando te preguntas cuánto ganas o si has abortado. Las personas tienen miedo por la condena social que hay a ciertas cuestiones. Y hacer la pregunta directa es cuestionable en ámbitos como este”.. En cualquier caso, afirma que la tendencia que se hace nacional e internacionalmente desde asociaciones y organizaciones no es a la baja. Eso se refleja de alguna forma en los datos que hablan de cuándo se acudió a la prostitución: el 79,1% asegura que la última vez fue hace más de cinco años, mientras que el 9,5% pagó durante el último año. En la última encuesta sobre esta cuestión, de 2009, era el 4,6%. Cobo señala “cómo puede ser posible que haya las cifras que hay de beneficios con esos porcentajes, no encaja”. En España, la aproximación que se hace es un 0,35% del PIB, lo que supone más de 4.000 millones al año.. Diferencias importantes en torno al consentimiento. En relación con lo anterior, el propio CIS afirma que los resultados “muestran diferencias importantes entre hombres y mujeres en la percepción del consentimiento”, algo que no sorprende a las especialistas. Sonia Lamas, coordinadora del área de atención integral de Aspacia –una fundación dedicada a la atención a víctimas de violencia sexual, formación y asesoramiento en este ámbito– cree que tal vez sea el momento de empezar a mirarlo, también, desde otro sitio.. Respecto al 28,2% de mujeres que se han visto forzadas a hacer algo que no querían, dice que “hay que empezar a plantear la agencia de las mujeres y decir: casi el 30% de las mujeres identifica que se ha visto forzada”. Y ese 13,6% de hombres que admite “haber tenido la sensación de obligar a su pareja en alguna ocasión”, para ella “implica un avance también en la identificación de que sus prácticas sexuales pueden no ser lo que quieran sus parejas”; aunque también recuerda que “falta el paso de que dejen de hacer esas cosas que les da la sensación de que a sus parejas no les gusta en el momento en el que lo perciban”.. Y, aunque entre ambos sexos está asentada la idea de que forzar a la pareja a tener sexo cuando no quiere es violación (más del 86% así lo asume), el 54,3% de los varones está bastante o muy de acuerdo con la afirmación de que, una vez aceptado un encuentro sexual, hay que llegar hasta el final si la otra persona lo desea; y entre las mujeres, ese porcentaje baja al 36,6%, mientras que el 60,5% se muestra poco o nada de acuerdo.. Además, un 27,6% de los hombres estaba de acuerdo con la afirmación de que algunas personas necesitan que se les insista para tener relaciones sexuales, frente a un 20% de mujeres. Para Lamas, esto es una distorsión en la comprensión del consentimiento en el que todavía no se identifican como violencia ciertas actitudes como puede ser esa insistencia: “Preguntar una segunda vez ya es insistir y no se está respetando una primera decisión, como si las mujeres tuviéramos que repensar las cosas para tener una decisión conformada”. Y recuerda que “el consentimiento tiene que ser deseado y no estar viciado, y no perdura en el tiempo, es decir, tiene un inicio pero el final se dará cuando una de las dos personas decida poner fin a esa relación sexual. No hay más”.. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha asegurado que el objetivo de su departamento no es emitir ningún juicio sobre realidades que ya existen, sino “comprenderlas mejor para poder actuar mejor y disponer de evidencia que nos permite reforzar la educación sexual, plantear políticas públicas, promover una mirada crítica ante determinados contenidos y garantizar que las personas tengan acceso a una información rigurosa sobre sexualidad, sobre consentimiento, sobre igualdad y sobre relaciones”.. La encuesta refleja también un descenso de la satisfacción sexual. El 77,2% de la población se declara satisfecha con su vida sexual, frente al 85,8% que respondía lo mismo en 2009. La satisfacción disminuye con la edad y cae hasta el 51,3% entre los mayores de 75 años.. También pierde fuerza la idea de que mantener una vida sexual activa sea imprescindible para ser feliz. El 60,8% de los encuestados se muestra poco o nada de acuerdo con esta afirmación. Entre los hombres, el porcentaje de quienes consideran necesaria la actividad sexual para la felicidad ha pasado del 36,9% al 34,6% desde 2009. Entre las mujeres, el descenso es más pronunciado: del 39,3% al 28,5%.. García ha subrayado que han pasado más de 15 años desde la última encuesta similar. “En ese tiempo han cambiado profundamente nuestras formas de relacionarnos, la influencia de las redes, el acceso a la información, la percepción de la diversidad sexual y de género y muchos de los retos que están vinculados a la salud sexual. Para que se hagan una idea, cuando se realizó la anterior encuesta nacional de salud sexual en el 2009, no existía Instagram, las aplicaciones de citas eran prácticamente residuales, los teléfonos inteligentes acaban de llegar a nuestras vidas y el acceso a la pornografía online era muy diferente a la actual”, ha señalado.. Gran aceptación de la diversidad sexual. Uno de los cambios más claros respecto a la encuesta anterior es la creciente aceptación de la diversidad sexual. El 88,1% de la población considera que una relación entre personas del mismo sexo es tan respetable como una heterosexual, más del doble que en 2009, cuando lo pensaba el 41%. Apenas hay diferencias por sexo: comparte esta opinión el 87,1% de los hombres y el 89% de las mujeres.. El 13,4% de la población declara haber mantenido alguna vez relaciones sexuales con una persona de su mismo sexo. El 87,5% de los hombres se siente atraído por mujeres y el 77,2% de las mujeres por hombres. El 4,7% de los varones manifiesta atracción por otros hombres y el 1,5% de las mujeres por otras mujeres.. Un 2,6% de los hombres y un 4,3% de las mujeres dicen sentirse atraídos por ambos sexos. Porcentajes similares de mujeres señalan que el género no resulta determinante para su atracción, frente al 2,5% de los hombres. La ausencia de atracción sexual es mucho más habitual entre ellas: la declara el 12% de las mujeres y el 2,3% de los varones. Entre los mayores de 75 años, el porcentaje alcanza el 32,2%.. La encuesta muestra un respaldo muy amplio a la educación sexual. El 91,1% considera que debería impartirse en primaria, secundaria y formación profesional. Sin embargo, las fuentes de información difieren por sexo. Para los hombres, el ámbito educativo es la principal, citado por el 30,6%. Entre las mujeres, el primer referente continúa siendo la madre, con un 29%.. Tres de cada cuatro no usan preservativo. El 75,2% de las personas que habían mantenido una relación con penetración vaginal no utilizó preservativo en la última ocasión. Entre quienes prescindieron de él, el 29,2% explicó que solo tenía relaciones con su pareja, el 21,6% empleaba otro anticonceptivo y el 24,5% indicó que alguno de los miembros de la pareja ya no estaba en edad fértil.. Según el resumen que ofrece Sanidad, aproximadamente una cuarta parte utilizó condón, la mitad recurrió a otros métodos anticonceptivos o para evitar el embarazo —entre ellos, los tratamientos hormonales, la marcha atrás o la vasectomía— y el 25% restante no empleó ninguna protección.. La escasa prevención frente a las infecciones de transmisión sexual se refleja en otro resultado: el 62,3% de la población nunca se ha hecho una prueba del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Un 2,4% recibió algún diagnóstico de infección de transmisión sexual durante el último año. El virus del papiloma humano fue el más frecuente entre las mujeres diagnosticadas, mientras que en los hombres lo fueron la gonorrea y las micosis.. Es algo que Lluís Ballester, investigador Social de la Universidad de las Islas Baleares y uno de los mayores expertos en pornografía, relaciona con su consumo. Explica que hay una “cultura de la desaparición de la protección”, confirmando “una tendencia que ya se había señalado: la pornografía invisibiliza el preservativo, no muestra negociación preventiva y refuerza la idea de que la protección “rompe el momento”, lo que contribuye a “una normalización de la sexualidad sin preservativo y la erosión de la cultura de la protección, central en décadas anteriores”.. Según el CIS, la brecha entre sexos es especialmente amplia en el consumo de pornografía. El 71,9% de los hombres asegura haber visto contenidos de este tipo durante el último año, frente al 24,9% de las mujeres. Un dato “contundente”, califica Ballester, que también confirma uno de los patrones que la investigación ya había documentado “La pornografía es un agente de socialización masculina, mucho más que femenina. Y este diferencial no es anecdótico: estructura imaginarios, expectativas y relaciones”.. Por edades, el consumo alcanza sus mayores niveles entre los 25 y los 34 años, grupo en el que supera el 60%, y disminuye progresivamente con la edad. En cuanto a la temporalidad, el 13,6% de la población ve pornografía al menos una vez a la semana, el 9,6% lo hace con periodicidad mensual y el 2,3% declara un consumo diario. Este consumo no es para el experto “marginal sino estructural”. Y el regular se hace “especialmente relevante porque consolida guiones sexuales rígidos y ritualizados, refuerza la idea de que la sexualidad es inmediata, visual y descontextualizada, y dificulta la construcción de una sexualidad basada en la comunicación y la reciprocidad”. Para el experto, “la pornografía no es solo un consumo: es un currículum sexual paralelo, potente y persistente”.
