La sociedad argárica perduró unos 650 años (2200 a 1550 a. C.) y se extendió por un territorio de unos 35.000 kilómetros cuadrados en las actuales provincias de Murcia, Almería, Granada, Alicante, Jaén y Ciudad Real. Se desconocen las causas de la desaparición de esta sociedad que debatía sus problemas en una especie de parlamento (un espacio de deliberación política que numerosos expertos consideran el primero de la historia), estaba dividida en clases sociales, sufría una enorme violencia social, dominaba la orfebrería y habitaba ciudades encaramadas en altozanos fuertemente protegidos.. Seguir leyendo
La construcción, de hasta siete metros de anchura y con una sucesión de torres, fue levantada en lo alto de un escarpado cerro hace unos 4.000 años. Pertenece a una civilización que ya debatía sus problemas en un parlamento
La sociedad argárica perduró unos 650 años (2200 a 1550 a. C.) y se extendió por un territorio de unos 35.000 kilómetros cuadrados en las actuales provincias de Murcia, Almería, Granada, Alicante, Jaén y Ciudad Real. Se desconocen las causas de la desaparición de esta sociedad que debatía sus problemas en una especie de parlamento (un espacio de deliberación política que numerosos expertos consideran el primero de la historia), estaba dividida en clases sociales, sufría una enorme violencia social, dominaba la orfebrería y habitaba ciudades encaramadas en altozanos fuertemente protegidos.. Los expertos dudan sobre si su final se debió al agotamiento de los recursos naturales o a una inmensa rebelión que acabó con el yugo de las clases dirigentes. O una mezcla de ambas. Una cultura violenta que lleva más de un siglo y medio sorprendiendo a los arqueólogos al generar preguntas difíciles de responder. La última: ¿para qué levantaron una monumental muralla de hasta siete metros de anchura en la ciudad de La Almoloya (Pliego, Murcia) si este asentamiento urbano se situaba en lo alto de una meseta inexpugnable?. La Almoloya se ubica en la sierra de Espuña, en el límite del término municipal de Pliego. Se alza sobre un cerro amesetado a 585 metros de altura sobre el nivel del mar. Tiene una extensión aproximada de 3.100 metros cuadrados y forma un óvalo de 85 metros de longitud y 35 metros de anchura máxima. Desde ella se alcanza a ver no menos de 1.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale a casi el 10% de la Región de Murcia. Esta visibilidad, y su gran valor estratégico, fue la causa de su poblamiento hace unos 4.200 años. Pronto se convirtió en uno de los grandes centros de decisión política de la Edad del Bronce europeo: El Argar.. Vista del farallón de La Almoloya que protegía a la ciudad desde el suroeste.Grupo ASOME-UAB. La ciudad respondía a un planeamiento urbano planificado con sus casas, almacenes, una sala de audiencias y una trama urbanística de módulos y calles trazados con pericia sorprendente. Una organización arquitectónica que se adelanta en casi mil años al mundo ibérico y que, en el contexto europeo de su época, solo encuentra paralelos de semejante envergadura en la civilización minoica, contemporánea de El Argar.. El acceso al asentamiento de La Almoloya estaba protegido por un risco rocoso inexpugnable en cuya base hay un pie de monte con una pendiente de casi el 50%. En la base de esa rampa, los primeros habitantes construyeron dos muros de grandes piedras que cerraban el acceso.. Pero esa modesta defensa no parecía presagiar lo que ahora han hallado los arqueólogos: un sistema formado por una sucesión de, hasta el momento, seis torres de tendencia rectangular, que recorre la base del límite suroccidental del cerro. Las excavaciones han revelado hasta ahora un trazado lineal de unos 40 metros de longitud por entre 5 y 7 de anchura. Por ahora, se desconoce la altura del dispositivo defensivo, pero los expertos califican de “monumental su envergadura”.. Recreación 3D de La Bastida, cerca de la actual Totana (Murcia), uno de los principales asentamientos de la cultura argárica.Dani Méndez-REVIVES. Según Vicente Lull, catedrático de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona y codirector del proyecto investigador, “todo parecía indicar, por tanto, que sus habitantes no necesitaban añadir defensas artificiales a las que ya les proporcionaba la propia naturaleza. Pero, precisamente en la ladera por la que se encuentra el único acceso al poblado, hemos descubierto la gran muralla monumental, dotada de torres, tirantes y contrafuertes. Una construcción formidable y, en principio, desconcertante”, se pregunta.. “La muralla es arquitectónicamente diferente de la que descubrimos en La Bastida [otro de los grandes asentamientos argáricos], aunque ambas expresan algo fundamental: la extraordinaria importancia política de estos centros y la preocupación de sus gobernantes por controlar y proteger sus accesos. El nuevo hallazgo no solo amplía nuestro conocimiento de la arquitectura militar de El Argar, sino que nos obliga a reflexionar sobre la magnitud del poder que se concentraba en La Almoloya y sobre las amenazas que sus habitantes creían necesario afrontar”, afirma Rafael Micó, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Murcia y codirector del proyecto.. Las torres de La Bastida sorprendieron a los arqueólogos en 2012 por estar separadas entre sí tan solo unos tres metros, pero es que las de La Almoloya lo están solo uno. “El efecto de esta obra debió de ser impresionante, porque en la práctica debió mostrarse como un gran farallón artificial, una barrera inexpugnable con pasillos estrechos que acababan abrupta y sorprendentemente”, cree Micó.. Tapones de oro de lóbulo de oreja de la tumba 38 de La Almoloya. J.A. Soldevilla / Universidad Autónoma de Barcelona. Se construyó en paralelo al escarpe rocoso suroccidental de la meseta; es decir, se añadió a lo que ya era un obstáculo natural formidable. La nueva obra defensiva cumplió con la función de la primera muralla, pero ahora lo hizo “por exceso”. Por tanto, la fortificación de La Almoloya no solo revela una preocupación militar, sino que exhibe el poder de quienes refugiaban sus privilegios tras ella. “Es una manifestación de poder completa”, dice Micó, “efectiva y afectiva”. Sin embargo, sostienen los expertos, fue destruida violentamente. ¿Por quién?. El equipo investigador ―Vicente Lull, Rafael Micó, Cristina Rihuete, Camila Oliart de la UAB (Universitat Autònoma de Barcelona), Eva Celdrán y Miguel Valerio (Universidad de Murcia), ganadores del Premio Nacional de Arqueología que otorgó la Fundación Palarq en 2023 con un proyecto sobre La Almoloya y La Bastida― sostiene que el hallazgo “ofrece una instantánea de cómo era una pequeña pero decisiva ciudad en la fase final de El Argar, con una planificación y calidad constructivas sin parangón en la Europa continental de su tiempo. Algo que no volverá a producirse en la península hasta muchos siglos después, cuando las colonizaciones fenicia, púnica y griega modelaron las sociedades ibéricas de la Edad del Hierro”.. En El Argar se hacían ocho tipos de cerámicas, todas realizadas en una misma zona y con una misma arcilla.Peres y Tagliabue/Universidad de Barcelona. Hace unos 3.550 años, las comunidades argáricas dejaron de existir. Desde entonces, nadie más volvió a vivir en La Almoloya, lo que ha favorecido una conservación urbanística y arquitectónica excepcional. Este hecho ha facilitado que en la última década los arqueólogos hayan realizado descubrimientos sorprendentes, como una gran sala de reuniones o una tumba principesca que resultó ser la más rica de la Edad del Bronce de la Península Ibérica. Entre los extraordinarios objetos que la acompañaban se encontraba una espectacular diadema de plata.. Según las últimas investigaciones, en torno al 1650 a. C., se produjo el colapso de esta civilización, cien años antes de lo que se creía hasta ahora. “Ello supone que la etapa en que las disimetrías sociales y la violencia estructural fueron más agudas, y cubrió un intervalo relativamente breve, poco más de un siglo. A diferencia de lo que sucedió en otras regiones, como en el Egeo, la clase dominante no fue capaz de consolidar su posición. La Península Ibérica habría de esperar varias centurias para ser el escenario de la implantación de una nueva sociedad de clases duradera”, indica Vicente Lull.. Hasta ahora no se han encontrado paralelos con la fortificación de La Almoloya ni en Europa ni tampoco en el Egeo, Anatolia y Levante, “las regiones sospechosas habituales cuando se buscan los primeros experimentos en el ejercicio de la violencia institucionalizada”, incide Micó.. La importancia de estos hallazgos ha hecho que para noviembre de 2027 el Museo Arqueológico Nacional programe una exposición internacional, comisariada por el equipo investigador más Júlia Lull Sanz, de la Universidad Pompeu Fabra, sobre esta enigmática civilización, que sigue manteniendo más preguntas abiertas que respuestas a pesar de que se descubrió hace ya siglo y medio.
