Como era previsible, la izquierda política y mediática ha puesto el grito en el cielo tras conocerse que el Supremo mantiene las medidas cautelares previamente acordadas por las que se suspendía el derecho de voto a una parte de los nacionalizados por la llamada «ley de nietos». Por supuesto, no se han leído el auto de la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo y me temo que solo les interesará el voto discrepante de la magistrada Alicia Millán, aunque muchos sanchistas serán incapaces de entender ambos textos. La decisión tiene una enorme relevancia, como es evidente, y confirma que los magistrados ponen por delante la limpieza de las elecciones y la defensa del Estado de Derecho por encima de cualquier otra consideración. Sánchez confía en Pumpido para que suspenda el proceso electoral o haga cualquier pirueta al servicio de su señor. Tras las tropelías que ha cometido desde que asumió la presidencia es capaz de cualquier cosa con tal de ser nombrado consejero permanente de Estado. Ha conseguido concitar el desprecio del mundo jurídico, salvo de una pequeña minoría de fanáticos al servicio de La Moncloa. Es sorprendente escuchar a Marlaska, otro lacayo jurídico, decir que «parece que el derecho al voto no es tan relevante para algunos». El problema es que lo único relevante para él, al igual que sucede con Pumpido, es seguir en el cargo a cualquier precio o recibir algún chollo como pago a su servilismo. El derecho a voto es muy relevante, es el fundamento de la democracia, pero no lo es para aquellos que defienden el pucherazo de la «ley de nietos». Ninguna democracia aceptaría la incorporación de votantes de forma fraudulenta como sucede gracias a esta polémica disposición adicional y la instrucción de la hermana del ministro Puente. Es curioso, también, como algunos han aprovechado para atacar al Supremo como si entrara en la campaña electoral, cuando lo único que ha hecho es cumplir sus funciones jurisdiccionales. Lo sucedido refleja también la desesperación de La Moncloa y sus aliados que confían en los votos de la «ley de nietos», movidos por los partidos y socios del Grupo de Puebla, para perpetrar el pucherazo electoral. A la espera de las tropelías de Conde-Pumpido, el auto es un triunfo del Estado de Derecho.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«A la espera de las tropelías de Conde-Pumpido, el auto es un triunfo del Estado de Derecho»
Como era previsible, la izquierda política y mediática ha puesto el grito en el cielo tras conocerse que el Supremo mantiene las medidas cautelares previamente acordadas por las que se suspendía el derecho de voto a una parte de los nacionalizados por la llamada «ley de nietos». Por supuesto, no se han leído el auto de la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo y me temo que solo les interesará el voto discrepante de la magistrada Alicia Millán, aunque muchos sanchistas serán incapaces de entender ambos textos. La decisión tiene una enorme relevancia, como es evidente, y confirma que los magistrados ponen por delante la limpieza de las elecciones y la defensa del Estado de Derecho por encima de cualquier otra consideración. Sánchez confía en Pumpido para que suspenda el proceso electoral o haga cualquier pirueta al servicio de su señor. Tras las tropelías que ha cometido desde que asumió la presidencia es capaz de cualquier cosa con tal de ser nombrado consejero permanente de Estado. Ha conseguido concitar el desprecio del mundo jurídico, salvo de una pequeña minoría de fanáticos al servicio de La Moncloa. Es sorprendente escuchar a Marlaska, otro lacayo jurídico, decir que «parece que el derecho al voto no es tan relevante para algunos». El problema es que lo único relevante para él, al igual que sucede con Pumpido, es seguir en el cargo a cualquier precio o recibir algún chollo como pago a su servilismo. El derecho a voto es muy relevante, es el fundamento de la democracia, pero no lo es para aquellos que defienden el pucherazo de la «ley de nietos». Ninguna democracia aceptaría la incorporación de votantes de forma fraudulenta como sucede gracias a esta polémica disposición adicional y la instrucción de la hermana del ministro Puente. Es curioso, también, como algunos han aprovechado para atacar al Supremo como si entrara en la campaña electoral, cuando lo único que ha hecho es cumplir sus funciones jurisdiccionales. Lo sucedido refleja también la desesperación de La Moncloa y sus aliados que confían en los votos de la «ley de nietos», movidos por los partidos y socios del Grupo de Puebla, para perpetrar el pucherazo electoral. A la espera de las tropelías de Conde-Pumpido, el auto es un triunfo del Estado de Derecho.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
