Podría titular directamente ¡Viva el Rey!, pero se haría el capítulo demasiado corto, aunque va siendo hora de que los plumillas reivindiquemos el microartículo, que igual tendría éxito en TikTok. Cambias cada día el manido dinosaurio de Monterroso por lo que toque y ya está. Vamos a dejarnos de largo aliento y otras zarandajas. Hoy el nombre de recambio en ese microartículo, y bien que se lo ha ganado, es Felipe VI. Cuando despertó, el Rey todavía estaba allí. Punto final. Pero tenemos otro protagonista. Sánchez. El presidente no fue, pero también estaba allí. Me explico. Lo que vemos de Ceuta es un trampantojo realizado en la clandestinidad por el presidente del Gobierno, si bien la inmundicia de la ciudad, lo digo por las malas intenciones de quienes nos gobiernan y no por el indeseado rastro humano, no se esconde tan fácilmente debajo de una alfombra roja para que las televisiones nos enseñen una pasarela real entre enseñas nacionales. El Rey es el primero en saberlo. Por eso insistió en pernoctar allí y no resumir el viaje con una palmadita en la espalda a Vivas.
Ayer fue uno de esos días en los que se manifiesta a las claras por qué la Corona es una institución necesaria, impoluta ante los intentos de mancharla con la tinta del calamar del sanchismo, los groseros tentáculos de Óscar Puente. El Rey tiene su particular manual de resistencia, solo que, al contrario que el de Sánchez, no es falso ni burdo ni complaciente. Aguanta el bastón de mando con la legitimidad que le damos los españoles cada vez que da la cara, inversamente proporcional a la del presidente invisible, tal vez poseído por el síndrome de Zelig, resguardado de los que no piensan como él, no vaya a ser que se contagie.
La Corona llega a unas elecciones difíciles con el plebiscito que ganó en Valencia, en Adamuz, en Ceuta, allí donde Sánchez comprendió que necesitaba algo más que ganas para imponer un régimen constituyente.
Es evidente por qué la Corona es un establecimiento crucial, no tocado por los esfuerzos para empañarlo con el tinte de la tinta del sanchismo.
¡Viva el rey! Sin embargo, incluirlo acortaría el capítulo, a pesar del hecho de que es apropiado que nosotros las plumas tomemos posesión del mini-artículo, que aún sería popular en TikTok. Reemplazas la mano de dinosaurio de Monterroso diariamente, alterando su forma en función de con qué entra en contacto. Vamos a poner fin a las respiraciones largas y todas esas tonterías. En el mencionado micro-artículo, el nombre de reemplazo hoy es Felipe VI, que sin duda se lo ha ganado. Al despertar, el Rey todavía estaba presente. Ecco, ecco. Pero tenemos otra posibilidad. Sánchez, por favor. El presidente estaba ausente, pero su presencia también se sintió.
