Además de tender a la mitomanía y de mostrar signos evidentes de una incompetencia manifiesta, la mayoría de los miembros del Gobierno de Pedro Sánchez comparte otra característica común que no debe pasar desapercibida estos días de bochorno político-estival: su claro desapego hacia el estajanovismo. En 1935, el minero Alekséi Stajánov batió todos los récords conocidos al extraer por sí solo 102 toneladas de carbón en una única jornada, catorce veces más de lo exigido. A partir de entonces, surgió en la ya extinta y fracasada Unión Soviética comunista un movimiento político y social que pretendía aumentar la productividad mediante el esfuerzo extraordinario de los trabajadores, movimiento al que, como resulta patente, no se han adherido años después ni el presidente del Gobierno español ni sus compañeros de viaje hacia ninguna parte. La saga/fuga de Sánchez a La Mareta en plena invasión de Ceuta teledirigida por Marruecos constituye una buena muestra de ello, causando estupor en la ciudad autónoma y en el resto del Estado, y perplejidad en toda la prensa seria internacional, que no entiende que en medio de una violación flagrante de la soberanía nacional de su país un mandatario se ausente para disfrutar de vacaciones pagadas con el dinero de todos. Eso sí, mientras él y su séquito disfrutan de la playa ajenos a la ofensiva alauita, su denostada Isabel Díaz Ayuso ha pisado la ceniza en los pueblos asolados por los incendios en Madrid y decretado ayudas para los afectados, recibiendo elogios de los vecinos. Los ceutíes, en cambio, deberán esperar hasta el 25 de agosto para conocer las suyas, que es cuando los ministros contemplan interrumpir su largo periodo de asueto.. No es este, sin embargo, el único caso de absentismo laboral consumado o pretendido por los miembros del gabinete socialcomunista de Pedro Sánchez cuando se está gestando una crisis o en pleno fragor de la misma. Conocido es el caso de la ministra de Sanidad, Mónica García, que a los pocos días de tomar posesión de su cargo se marchó de vacaciones invernales para regresar cuando el pico de gripe que desbordaba de pacientes los hospitales españoles comenzaba ya su tendencia descendente. Un caso paradigmático de este desamor por el trabajo, de este poner pies en polvorosa cuando el sol más aprieta, es el de Yolanda Díaz, la vicepresidenta que reprende con la boca pequeña a Pedro Sánchez por los casos de corrupción mientras disfruta plácidamente de las prebendas de su cargo y del sol mediterráneo. Sabedora de que los votantes le dan ya la espalda al partido que fundó y al Gobierno al que pertenece, la fashionaria –como también se la conoce– trata de buscarse las habichuelas en otro destino plácido: la Organización Internacional del Trabajo (OIT).. Manuel Chaves Nogales, talentoso periodista de izquierdas sorprendentemente ignorado en los planes de estudio izquierdistas pese a trabajar a las órdenes de la República al estallar la Guerra Civil, da cuenta de la entonces llamada Conferencia Internacional del Trabajo en su magnífico libro «La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia Roja». En esta deliciosa obra, apunta con ironía que «los que han echado sobre sus hombros la tarea de hacer más humano el trabajo de los demás… han empezado por hacer humano y razonable el trabajo de ellos mismos». Por lo visto, apunta, «han querido predicar con el ejemplo». «No recuerdo residencia de magnate imperial que me haya dado una sensación de bienestar comparable a la que ofrece esta oficina».
Los ceutíes deberán esperar al regreso de los ministros de vacaciones para conocer las ayudas
Además de tender a la mitomanía y de mostrar signos evidentes de una incompetencia manifiesta, la mayoría de los miembros del Gobierno de Pedro Sánchez comparte otra característica común que no debe pasar desapercibida estos días de bochorno político-estival: su claro desapego hacia el estajanovismo. En 1935, el minero Alekséi Stajánov batió todos los récords conocidos al extraer por sí solo 102 toneladas de carbón en una única jornada, catorce veces más de lo exigido. A partir de entonces, surgió en la ya extinta y fracasada Unión Soviética comunista un movimiento político y social que pretendía aumentar la productividad mediante el esfuerzo extraordinario de los trabajadores, movimiento al que, como resulta patente, no se han adherido años después ni el presidente del Gobierno español ni sus compañeros de viaje hacia ninguna parte. La saga/fuga de Sánchez a La Mareta en plena invasión de Ceuta teledirigida por Marruecos constituye una buena muestra de ello, causando estupor en la ciudad autónoma y en el resto del Estado, y perplejidad en toda la prensa seria internacional, que no entiende que en medio de una violación flagrante de la soberanía nacional de su país un mandatario se ausente para disfrutar de vacaciones pagadas con el dinero de todos. Eso sí, mientras él y su séquito disfrutan de la playa ajenos a la ofensiva alauita, su denostada Isabel Díaz Ayuso ha pisado la ceniza en los pueblos asolados por los incendios en Madrid y decretado ayudas para los afectados, recibiendo elogios de los vecinos. Los ceutíes, en cambio, deberán esperar hasta el 25 de agosto para conocer las suyas, que es cuando los ministros contemplan interrumpir su largo periodo de asueto.. No es este, sin embargo, el único caso de absentismo laboral consumado o pretendido por los miembros del gabinete socialcomunista de Pedro Sánchez cuando se está gestando una crisis o en pleno fragor de la misma. Conocido es el caso de la ministra de Sanidad, Mónica García, que a los pocos días de tomar posesión de su cargo se marchó de vacaciones invernales para regresar cuando el pico de gripe que desbordaba de pacientes los hospitales españoles comenzaba ya su tendencia descendente. Un caso paradigmático de este desamor por el trabajo, de este poner pies en polvorosa cuando el sol más aprieta, es el de Yolanda Díaz, la vicepresidenta que reprende con la boca pequeña a Pedro Sánchez por los casos de corrupción mientras disfruta plácidamente de las prebendas de su cargo y del sol mediterráneo. Sabedora de que los votantes le dan ya la espalda al partido que fundó y al Gobierno al que pertenece, la fashionaria –como también se la conoce– trata de buscarse las habichuelas en otro destino plácido: la Organización Internacional del Trabajo (OIT).. Manuel Chaves Nogales, talentoso periodista de izquierdas sorprendentemente ignorado en los planes de estudio izquierdistas pese a trabajar a las órdenes de la República al estallar la Guerra Civil, da cuenta de la entonces llamada Conferencia Internacional del Trabajo en su magnífico libro «La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia Roja». En esta deliciosa obra, apunta con ironía que «los que han echado sobre sus hombros la tarea de hacer más humano el trabajo de los demás… han empezado por hacer humano y razonable el trabajo de ellos mismos». Por lo visto, apunta, «han querido predicar con el ejemplo». «No recuerdo residencia de magnate imperial que me haya dado una sensación de bienestar comparable a la que ofrece esta oficina».
