No hay vuelta atrás en la liturgia católica. Es decir, la misa en latín y de espaldas al pueblo no volverá como una práctica habitual, aunque pueda haber un repunte nostálgico en algunos templos y movimientos. Estos grupos confiaban en que la institucionalidad de León XIV y sus llamadas constantes a la comunión en la diversidad le llevaría a tener manga ancha con esta deriva tradicionalista y rectificaría a Francisco en una de sus decisiones más firmes a este respecto: el motu proprio «Traditionis Custodes».
Pero no va a ser así. En una entrevista a la revista católica británica «The Tablet», el cardenal prefecto para el Dicasterio del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Arthur Roche, se ha expresado con determinación: «No, el Papa León no va a cambiar ‘Traditionis Custodes’. Eso sí, admite que es un tema muy complejo», pero también «muy importante porque la eucaristía es un sacramento de la unidad: es el lugar donde todos deberíamos poder estar juntos para celebrar la misa». «Si empieza a dividirnos, algo anda muy mal», deja caer este purpurado inglés.
En julio de 2021, el Papa argentino promulgó este «Custodios de la Tradición» en el que limitó la celebración de la eucaristía al estilo preconciliar. Así, determinó que los obispos locales no solo tenían «exclusiva competencia» para autorizar el uso del misal de 1962, sino que tenían que detallar de manera pormenorizada en qué templos podía llevarse a cabo, vigilar que las lecturas se proclamen en las lenguas nativas, nombrar un sacerdote que tutele estos ritos y no permitir la creación de nuevas comunidades para que se expandiera este tipo de actos. Francisco acotó al máximo esta práctica, remarcando que los libros litúrgicos «en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II», son «la única expresión de la ‘lex orandi’ del Rito Romano».
Jorge Mario Bergoglio acotaba el margen de maniobra de estos grupos tridentinos después de los guiños hacia ellos que habían mantenido tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI. El Papa Ratzinger intentó calmarles en 2007 con la carta «Summorum Pontificum» que eliminó el permiso del obispo para que un cura pudiera celebrar la misa antigua, daba alas para que comunidades religiosas también pudieran usarlo e, incluso, se podían utilizar libros litúrgicos preconciliares para algunos sacramentos como el bautismo, el matrimonio, la penitencia o la extrema unción.
Pero, de poco sirvió este gesto. A través de varios informes, Francisco constató que estos movimientos anclados en el pasado estarían utilizando la liturgia como arma arrojadiza para «construir oposiciones que hieren a la Iglesia y obstaculizan su camino, exponiéndola al riesgo de la división». León XIV lo ha sufrido en primera persona al tener que excomulgar hace un mes a la cúpula de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, conocidos como lefebvrianos. La consagración de cuatro obispos saltándose a la torera el proceso de selección y la autoridad papal escondía tras de sí no solo un apego al boato decimonónico, sino que la misa de antaño revelaba un negacionismo al resto de reformas teológicas y pastorales que ha traído consigo el Vaticano II.
De ahí vendría esa determinación con la que ahora se expresa el cardenal Roche. En cualquier caso, el Papa matemático ya vendría reflexionando sobre esta cuestión desde el inicio de su pontificado. Así, según ha podido saber LA RAZÓN, habría resultado determinante la celebración del primer consistorio extraordinario de cardenales que tuvo lugar a comienzos de año. En la primera jornada del foro púrpura, el miércoles 7 de enero, León XIV dejó elegir a los convocados que eligieran dos de los cuatro temas propuestos que considerasen más importantes para debatir: la sinodalidad, la evangelización, la reforma de la Curia y la liturgia. Por amplia mayoría, los cerca de 170 purpurados descartaron la cuestión litúrgica y el gobierno central de la Iglesia. Teniendo en cuenta el desinterés de los participantes, Roche distribuyó entre todos ellos un documento de un folio y medio firmado por él sobre la liturgia en el que se respalda la postura de Francisco y su motu proprio. Se habla de una «visión dinámica» de la tradición y de la necesidad de una «urgencia» de formación. A la par, se remite a Benedicto XVI para definir la Tradición (con mayúsculas) no como una «transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas», sino como un «río vivo». Y sentencia que la reforma «querida» por el Vaticano II «no solo está en plena sintonía con el sentido más verdadero de la Tradición, sino que constituye una forma elevada de ponerse al servicio de la Tradición para que esta, como un gran río, conduzca a la Iglesia al puerto de la eternidad».
Tras ser repartido a los cardenales, el folio no tardó en ser filtrado al exterior en foros digitales de tinte conservador, que se precipitaron a tachar el escrito de polémico, parcial y tendencioso, como si la distribución entre sus compañeros en la sala hubiera sido cosa suya o accidental. Este periódico ha podido confirmar que el cardenal repartió el texto a petición de León XIV y, por tanto, con su aval sobre el contenido. Y es que, al parecer, el documento habría sido escrito por Roche y el equipo de su Dicasterio a petición del Pontífice que posteriormente lo supervisó. «No cambió ni una coma», aseguran fuentes vaticanas, que comparten cómo «la entrega del documento a los cardenales venía a ser una visibilización de la postura del nuevo Papa ante esta cuestión, no una provocación de Roche como algunos quisieron interpretar, desligándolo de su jefe».
De hecho, en estos meses se han incrementado las presiones a León XIV para tumbar «Traditionis Custodes» e, incluso, para defenestrar a Roche. Ni lo uno ni lo otro. «Sin embargo, el segundo consistorio convocado para este mes de junio ha vuelto a confirmar que no es un tema que preocupe a la gran mayoría de la Iglesia, puesto que no surgió de forma espontánea en los diálogos. Es un asunto que quiere agitar una minoría ruidosa», suscribe la misma fuente.
No hay vuelta atrás en la liturgia católica. Es decir, la misa en latín y de espaldas al pueblo no volverá como una práctica habitual, aunque pueda haber un repunte nostálgico en algunos templos y movimientos. Estos grupos confiaban en que la institucionalidad de León XIV y sus llamadas constantes a la comunión en la diversidad le llevaría a tener manga ancha con esta deriva tradicionalista y rectificaría a Francisco en una de sus decisiones más firmes a este respecto: el motu proprio «Traditionis Custodes». Pero no va a ser así. En una entrevista a la revista católica británica «The Tablet», el cardenal prefecto para el Dicasterio del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Arthur Roche, se ha expresado con determinación: «No, el Papa León no va a cambiar ‘Traditionis Custodes’. Eso sí, admite que es un tema muy complejo», pero también «muy importante porque la eucaristía es un sacramento de la unidad: es el lugar donde todos deberíamos poder estar juntos para celebrar la misa». «Si empieza a dividirnos, algo anda muy mal», deja caer este purpurado inglés. En julio de 2021, el Papa argentino promulgó este «Custodios de la Tradición» en el que limitó la celebración de la eucaristía al estilo preconciliar. Así, determinó que los obispos locales no solo tenían «exclusiva competencia» para autorizar el uso del misal de 1962, sino que tenían que detallar de manera pormenorizada en qué templos podía llevarse a cabo, vigilar que las lecturas se proclamen en las lenguas nativas, nombrar un sacerdote que tutele estos ritos y no permitir la creación de nuevas comunidades para que se expandiera este tipo de actos. Francisco acotó al máximo esta práctica, remarcando que los libros litúrgicos «en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II», son «la única expresión de la ‘lex orandi’ del Rito Romano». Jorge Mario Bergoglio acotaba el margen de maniobra de estos grupos tridentinos después de los guiños hacia ellos que habían mantenido tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI. El Papa Ratzinger intentó calmarles en 2007 con la carta «Summorum Pontificum» que eliminó el permiso del obispo para que un cura pudiera celebrar la misa antigua, daba alas para que comunidades religiosas también pudieran usarlo e, incluso, se podían utilizar libros litúrgicos preconciliares para algunos sacramentos como el bautismo, el matrimonio, la penitencia o la extrema unción. Pero, de poco sirvió este gesto. A través de varios informes, Francisco constató que estos movimientos anclados en el pasado estarían utilizando la liturgia como arma arrojadiza para «construir oposiciones que hieren a la Iglesia y obstaculizan su camino, exponiéndola al riesgo de la división». León XIV lo ha sufrido en primera persona al tener que excomulgar hace un mes a la cúpula de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, conocidos como lefebvrianos. La consagración de cuatro obispos saltándose a la tore
El cardenal encargado de la liturgia descarta derogar las limitaciones de Francisco al rito preconciliar
No hay vuelta atrás en la liturgia católica. Es decir, la misa en latín y de espaldas al pueblo no volverá como una práctica habitual, aunque pueda haber un repunte nostálgico en algunos templos y movimientos. Estos grupos confiaban en que la institucionalidad de León XIV y sus llamadas constantes a la comunión en la diversidad le llevaría a tener manga ancha con esta deriva tradicionalista y rectificaría a Francisco en una de sus decisiones más firmes a este respecto: el motu proprio «Traditionis Custodes».Pero no va a ser así. En una entrevista a la revista católica británica «The Tablet», el cardenal prefecto para el Dicasterio del Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Arthur Roche, se ha expresado con determinación: «No, el Papa León no va a cambiar ‘Traditionis Custodes’. Eso sí, admite que es un tema muy complejo», pero también «muy importante porque la eucaristía es un sacramento de la unidad: es el lugar donde todos deberíamos poder estar juntos para celebrar la misa». «Si empieza a dividirnos, algo anda muy mal», deja caer este purpurado inglés.En julio de 2021, el Papa argentino promulgó este «Custodios de la Tradición» en el que limitó la celebración de la eucaristía al estilo preconciliar. Así, determinó que los obispos locales no solo tenían «exclusiva competencia» para autorizar el uso del misal de 1962, sino que tenían que detallar de manera pormenorizada en qué templos podía llevarse a cabo, vigilar que las lecturas se proclamen en las lenguas nativas, nombrar un sacerdote que tutele estos ritos y no permitir la creación de nuevas comunidades para que se expandiera este tipo de actos. Francisco acotó al máximo esta práctica, remarcando que los libros litúrgicos «en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II», son «la única expresión de la ‘lex orandi’ del Rito Romano».Jorge Mario Bergoglio acotaba el margen de maniobra de estos grupos tridentinos después de los guiños hacia ellos que habían mantenido tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI. El Papa Ratzinger intentó calmarles en 2007 con la carta «Summorum Pontificum» que eliminó el permiso del obispo para que un cura pudiera celebrar la misa antigua, daba alas para que comunidades religiosas también pudieran usarlo e, incluso, se podían utilizar libros litúrgicos preconciliares para algunos sacramentos como el bautismo, el matrimonio, la penitencia o la extrema unción.Pero, de poco sirvió este gesto. A través de varios informes, Francisco constató que estos movimientos anclados en el pasado estarían utilizando la liturgia como arma arrojadiza para «construir oposiciones que hieren a la Iglesia y obstaculizan su camino, exponiéndola al riesgo de la división». León XIV lo ha sufrido en primera persona al tener que excomulgar hace un mes a la cúpula de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, conocidos como lefebvrianos. La consagración de cuatro obispos saltándose a la torera e
