Se ha puesto de moda la recomendación de una playlist, o, dicho en castellano, una lista de reproducción. Sin querer formar parte de esta fruslería, me permitiría recomendar únicamente tres canciones. Tres temas conocidos por todos que, escuchados hoy, ofrecen una inquietante banda sonora de la actual coyuntura española: «Resistiré», del Dúo Dinámico; «La vida sigue igual», de Julio Iglesias; y «Mi querida España», de Cecilia.. «Resistiré»: difícil encontrar una canción que describa mejor la política instalada durante los últimos años. Resistir se ha convertido en objetivo, método y casi en programa de gobierno. Resistir a las derrotas parlamentarias, a las contradicciones de los socios, a las investigaciones judiciales, a las condenas judiciales y al desgaste inevitable de una legislatura sostenida sobre equilibrios cada vez más complejos. Pero gobernar no puede consistir únicamente en sobrevivir. La legitimidad de las urnas permite gobernar, pero no concede inmunidad frente a la crítica. También los ciudadanos parecen condenados a resistir: resistir el incremento del coste de la vida, la dificultad de acceso a una vivienda, la presión fiscal, el deterioro de determinados servicios públicos y una política convertida demasiadas veces en una sucesión interminable de polémicas. Resistimos, ciertamente, pero esto no puede transformarse en resignación.. «La vida sigue igual», de Julio Iglesias: el título contiene ya toda una teoría política. Se anuncian cambios históricos, transformaciones profundas y nuevas etapas, pero demasiadas cosas permanecen inquietantemente parecidas. Cambian los responsables políticos, los lemas y las campañas de comunicación, mientras los problemas estructurales continúan esperando soluciones. También cambian los escándalos, aunque el mecanismo de respuesta empieza a resultar previsible. Primero se niega la relevancia del asunto; después se cuestiona a quien lo denuncia; finalmente se construye un relato destinado a convertir el problema político o judicial en una controversia sobre las intenciones de quien lo investiga. Y así, entre argumentarios y titulares, la vida sigue igual. Pero Ceuta vuelve periódicamente a recordarnos que la inmigración irregular, la seguridad de nuestras fronteras y la relación con Marruecos requieren previsión, firmeza y una auténtica política de Estado. Hay materias que no admiten frivolidad ni propaganda porque afectan directamente a la soberanía, a la seguridad y a la dignidad de las personas.. «Mi querida España», de Cecilia: quizá sea la más importante de las tres porque su mirada crítica no nace del desprecio, sino del afecto. Se puede querer profundamente a España y, precisamente por ello, señalar aquello que funciona mal. Patriotismo no es adhesión al gobierno de turno, sino a España, y tampoco silencio ante sus errores. Una nación democrática se fortalece cuando sus ciudadanos mantienen la capacidad de exigir, discrepar y reclamar responsabilidad. España continúa siendo un gran proyecto común, pero necesita recuperar la confianza en sus instituciones, el valor de la palabra dada y una cierta idea de límite en el ejercicio del poder. Ninguna mayoría parlamentaria convierte en conveniente todo aquello que jurídicamente resulte posible. La última canción nos invita a mirar el futuro con ilusión, pero sin ingenuidad.. La democracia es el mecanismo que permite corregir el rumbo mediante la voz de la ciudadanía. Por eso, entre sombrillas y canciones del verano, conviene recordar que el pueblo no es únicamente el público de esta playlist. También es quien decide cuándo cambiar de canción.
Tres temas que, escuchados hoy, ofrecen una inquietante banda sonora de la actual coyuntura española
Se ha puesto de moda la recomendación de una playlist, o, dicho en castellano, una lista de reproducción. Sin querer formar parte de esta fruslería, me permitiría recomendar únicamente tres canciones. Tres temas conocidos por todos que, escuchados hoy, ofrecen una inquietante banda sonora de la actual coyuntura española: «Resistiré», del Dúo Dinámico; «La vida sigue igual», de Julio Iglesias; y «Mi querida España», de Cecilia.. «Resistiré»: difícil encontrar una canción que describa mejor la política instalada durante los últimos años. Resistir se ha convertido en objetivo, método y casi en programa de gobierno. Resistir a las derrotas parlamentarias, a las contradicciones de los socios, a las investigaciones judiciales, a las condenas judiciales y al desgaste inevitable de una legislatura sostenida sobre equilibrios cada vez más complejos. Pero gobernar no puede consistir únicamente en sobrevivir. La legitimidad de las urnas permite gobernar, pero no concede inmunidad frente a la crítica. También los ciudadanos parecen condenados a resistir: resistir el incremento del coste de la vida, la dificultad de acceso a una vivienda, la presión fiscal, el deterioro de determinados servicios públicos y una política convertida demasiadas veces en una sucesión interminable de polémicas. Resistimos, ciertamente, pero esto no puede transformarse en resignación.. «La vida sigue igual», de Julio Iglesias: el título contiene ya toda una teoría política. Se anuncian cambios históricos, transformaciones profundas y nuevas etapas, pero demasiadas cosas permanecen inquietantemente parecidas. Cambian los responsables políticos, los lemas y las campañas de comunicación, mientras los problemas estructurales continúan esperando soluciones. También cambian los escándalos, aunque el mecanismo de respuesta empieza a resultar previsible. Primero se niega la relevancia del asunto; después se cuestiona a quien lo denuncia; finalmente se construye un relato destinado a convertir el problema político o judicial en una controversia sobre las intenciones de quien lo investiga. Y así, entre argumentarios y titulares, la vida sigue igual. Pero Ceuta vuelve periódicamente a recordarnos que la inmigración irregular, la seguridad de nuestras fronteras y la relación con Marruecos requieren previsión, firmeza y una auténtica política de Estado. Hay materias que no admiten frivolidad ni propaganda porque afectan directamente a la soberanía, a la seguridad y a la dignidad de las personas.. «Mi querida España», de Cecilia: quizá sea la más importante de las tres porque su mirada crítica no nace del desprecio, sino del afecto. Se puede querer profundamente a España y, precisamente por ello, señalar aquello que funciona mal. Patriotismo no es adhesión al gobierno de turno, sino a España, y tampoco silencio ante sus errores. Una nación democrática se fortalece cuando sus ciudadanos mantienen la capacidad de exigir, discrepar y reclamar responsabilidad. España continúa siendo un gran proyecto común, pero necesita recuperar la confianza en sus instituciones, el valor de la palabra dada y una cierta idea de límite en el ejercicio del poder. Ninguna mayoría parlamentaria convierte en conveniente todo aquello que jurídicamente resulte posible. La última canción nos invita a mirar el futuro con ilusión, pero sin ingenuidad.. La democracia es el mecanismo que permite corregir el rumbo mediante la voz de la ciudadanía. Por eso, entre sombrillas y canciones del verano, conviene recordar que el pueblo no es únicamente el público de esta playlist. También es quien decide cuándo cambiar de canción.
