Perdonar no es olvidar, es elegir vivir sin odio, liberarse del peso del rencor y seguir caminando con el corazón pleno y en paz. Pero la memoria permanece; olvidar sería una injusticia. Al ver Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo, vuelven a mi mente y a mi corazón aquellos días de julio de 1997 en los que toda España contuvo la respiración. Fueron 48 horas de angustia, de unidad y de esperanza, seguidas de un dolor inmenso que nos marcó para siempre. Miguel Ángel Blanco se convirtió en un símbolo de la libertad y de la dignidad frente al terror. Y su recuerdo, como el de todas las víctimas del terrorismo, nos invita a no olvidar el precio que tantas personas pagaron por defender la convivencia y la democracia. Se trata de justicia y de respeto hacia quienes ya no están. Ningún proyecto político puede construirse sobre el odio y la violencia, y mucho menos tener las manos manchadas de sangre. Quienes vivimos minuto a minuto aquella crónica de una muerte anunciada, temblamos al escuchar el cruel final. Que nuestra Constitución y la memoria de tantas personas inocentes, de tantos niños asesinados y de tanto sufrimiento y terror, impidan que los asesinatos puedan tener algún rédito político. Por fin perdimos el miedo y cientos de miles de personas nos concentramos en plazas de toda España al grito de «Miguel Ángel no estás solo». Sin embargo, cayó en el olvido hasta que este documental, que ojalá vean los jóvenes, recuerda lo que pasó. Ciertamente el perdón no cambia el pasado, pero mejora infinitamente el presente y el futuro. Sin embargo, una sociedad desmemoriada es, como hemos comprobado, extremadamente manipulable. Que este documental sirva para que las nuevas generaciones conozcan nuestra trágica historia y no vuelva a repetirse. El domingo España volverá a estar unida, afortunadamente no por un atentado, sino por la ilusión de ver ganar a nuestra selección.
Una sociedad desmemoriada es, como hemos comprobado, extremadamente manipulable
Perdonar no es olvidar, es elegir vivir sin odio, liberarse del peso del rencor y seguir caminando con el corazón pleno y en paz. Pero la memoria permanece; olvidar sería una injusticia.Al ver Miguel Ángel Blanco: Las 48 horas que lo cambiaron todo, vuelven a mi mente y a mi corazón aquellos días de julio de 1997 en los que toda España contuvo la respiración. Fueron 48 horas de angustia, de unidad y de esperanza, seguidas de un dolor inmenso que nos marcó para siempre.Miguel Ángel Blanco se convirtió en un símbolo de la libertad y de la dignidad frente al terror. Y su recuerdo, como el de todas las víctimas del terrorismo, nos invita a no olvidar el precio que tantas personas pagaron por defender la convivencia y la democracia.Se trata de justicia y de respeto hacia quienes ya no están. Ningún proyecto político puede construirse sobre el odio y la violencia, y mucho menos tener las manos manchadas de sangre.Quienes vivimos minuto a minuto aquella crónica de una muerte anunciada, temblamos al escuchar el cruel final. Que nuestra Constitución y la memoria de tantas personas inocentes, de tantos niños asesinados y de tanto sufrimiento y terror, impidan que los asesinatos puedan tener algún rédito político.Por fin perdimos el miedo y cientos de miles de personas nos concentramos en plazas de toda España al grito de «Miguel Ángel no estás solo».Sin embargo, cayó en el olvido hasta que este documental, que ojalá vean los jóvenes, recuerda lo que pasó.Ciertamente el perdón no cambia el pasado, pero mejora infinitamente el presente y el futuro. Sin embargo, una sociedad desmemoriada es, como hemos comprobado, extremadamente manipulable. Que este documental sirva para que las nuevas generaciones conozcan nuestra trágica historia y no vuelva a repetirse.El domingo España volverá a estar unida, afortunadamente no por un atentado, sino por la ilusión de ver ganar a nuestra selección.
