Un vecino de La Puebla de Valverde, en el sur de Teruel, se encontró mientras paseaba un día de octubre una escena macabra: cuatro gatos aparentemente abatidos y tirados cerca del centro del pueblo. El hombre no dejó pasar este hallazgo y avisó a la patrulla de la Guardia Civil más cercana. Los agentes comprobaron que, a simple vista, se podía decir que habían muerto por arma de fuego. Tampoco ellos dejaron pasar el asunto. Lejos de eso, comenzó en ese punto una concienzuda investigación que incluyó análisis de la escena del crimen, estudio de las balas en el laboratorio de criminalística y autopsia de las víctimas. Se puso en marcha todo el mecanismo necesario para dar con el autor del gaticidio.Seguir leyendo
Un vecino de La Puebla de Valverde, en el sur de Teruel, se encontró mientras paseaba un día de octubre una escena macabra: cuatro gatos aparentemente abatidos y tirados cerca del centro del pueblo. El hombre no dejó pasar este hallazgo y avisó a la patrulla de la Guardia Civil más cercana. Los agentes comprobaron que, a simple vista, se podía decir que habían muerto por arma de fuego. Tampoco ellos dejaron pasar el asunto. Lejos de eso, comenzó en ese punto una concienzuda investigación que incluyó análisis de la escena del crimen, estudio de las balas en el laboratorio de criminalística y autopsia de las víctimas. Se puso en marcha todo el mecanismo necesario para dar con el autor del gaticidio.La Puebla de Valverde, al sur de Teruel, es uno de esos municipios en los que el naranja de las tejas destaca en medio del páramo que lo rodea. Tiene menos de 500 vecinos censados y vive, sobre todo, de la industria cárnica y de la estación de esquí de Javalambre que se ubica a 14 kilómetros. Curiosamente, visto desde arriba, La Puebla de Valverde tiene forma de un gato que olisquea el terreno.El caso cayó en manos del Seprona del municipio vecino de Mora de Rubielos. Esta es la unidad de la Guardia Civil dedicada a la protección del medio ambiente y los animales. “Lo primero fue enviar los cuerpos de los gatos a Zaragoza para que les hicieran una necropsia, que no es otra cosa que una autopsia de animales”, indica el sargento Soler, perteneciente al Seprona de la Comandancia de Teruel. Sobre esa mesa de análisis, los veterinarios confirmaron que habían fallecido por arma de fuego, no por balines o perdigones. Este indicio puso sobre la pista a los investigadores de que el autor de los disparos debía de ser alguien con licencia. Casi con toda seguridad, alguien que se dedicara a la caza.Esos disparos iban a ser la clave para dar con el asesino de los gatos. “Las señales que dejan las armas en las balas son únicas, cada arma deja una especie de huella de identidad, no hay lugar a error”, indica el sargento. Los agentes analizaron con detenimiento la escena del crimen, donde habían hallado a los animales, y también los alrededores de la zona. En esta inspección ocular, igual que la que se haría en un robo con fuerza o en un homicidio, los guardias civiles hallaron los casquillos de arma que había acabado con los felinos. Esas pruebas fueron almacenadas y etiquetadas y viajaron, por carretera, hasta el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil en Barcelona, el que le corresponde a las investigaciones de Teruel. No se escatimó en medios para dar con el que había disparado a los gatos, que eran callejeros y no pertenecían a nadie. “A algunos les puede parecer un delito menor, pero nosotros lo investigamos con todo el abanico de opciones que teníamos, no hubo límite”, señala el sargento Soler. Según la ley de Bienestar Animal, el Ayuntamiento es el encargado de velar por la protección de los ejemplares
La Guardia Civil encuentra al responsable de disparar y matar a cuatro ejemplares callejeros en un pueblo de Teruel gracias al análisis de las balas y la necropsia felina
