Las palabras pronunciadas ayer por Antonio Garamendi en la Asamblea General de la CEOE deberían hacernos reflexionar a todos los ciudadanos que estamos preocupados por el futuro de España. Mientras el país afronta desafíos decisivos en materia de competitividad, productividad, envejecimiento demográfico y sostenibilidad del empleo, el Gobierno sigue a lo suyo, centrado en la supervivencia política y olvidándose de la gestión y solución de los problemas reales que nos acechan. La ausencia de Presupuestos Generales del Estado desde hace tres ejercicios, los continuos escándalos que afectan al Gobierno, al PSOE y al propio Pedro Sánchez y la creciente tensión institucional –con los socios con la nariz tapada y abandonando el barco poco a poco– proyectan una imagen de incertidumbre que perjudica la confianza de inversores, empresas y trabajadores. La estabilidad institucional es una condición indispensable para el crecimiento económico, y cuando esta se deteriora, las consecuencias terminan afectando al conjunto de la sociedad. Especialmente preocupante resulta la denuncia de la patronal contra Yolanda Díaz. Las acusaciones de inseguridad jurídica, exceso regulatorio e intervencionismo constante en la negociación colectiva reflejan una forma de gobernar que solo genera desconfianza en la empresa privada. La política laboral impulsada desde el Ministerio de Trabajo ha estado marcada por una creciente carga normativa que dificulta la planificación empresarial y reduce la capacidad de adaptación de las compañías a un entorno económico cada vez más competitivo. Conviene recordar que son los empresarios quienes arriesgan capital, crean riqueza, impulsan la innovación y generan la inmensa mayoría de los puestos de trabajo. España necesita menos confrontación ideológica y más colaboración entre administraciones, trabajadores y empresarios. A ver si Díaz se entera después de tantos años en el poder.
España necesita menos confrontación ideológica y más colaboración entre administraciones, trabajadores y empresarios. A ver si Díaz se entera después de tantos años en el poder
Las palabras pronunciadas ayer por Antonio Garamendi en la Asamblea General de la CEOE deberían hacernos reflexionar a todos los ciudadanos que estamos preocupados por el futuro de España. Mientras el país afronta desafíos decisivos en materia de competitividad, productividad, envejecimiento demográfico y sostenibilidad del empleo, el Gobierno sigue a lo suyo, centrado en la supervivencia política y olvidándose de la gestión y solución de los problemas reales que nos acechan. La ausencia de Presupuestos Generales del Estado desde hace tres ejercicios, los continuos escándalos que afectan al Gobierno, al PSOE y al propio Pedro Sánchez y la creciente tensión institucional –con los socios con la nariz tapada y abandonando el barco poco a poco– proyectan una imagen de incertidumbre que perjudica la confianza de inversores, empresas y trabajadores. La estabilidad institucional es una condición indispensable para el crecimiento económico, y cuando esta se deteriora, las consecuencias terminan afectando al conjunto de la sociedad. Especialmente preocupante resulta la denuncia de la patronal contra Yolanda Díaz. Las acusaciones de inseguridad jurídica, exceso regulatorio e intervencionismo constante en la negociación colectiva reflejan una forma de gobernar que solo genera desconfianza en la empresa privada. La política laboral impulsada desde el Ministerio de Trabajo ha estado marcada por una creciente carga normativa que dificulta la planificación empresarial y reduce la capacidad de adaptación de las compañías a un entorno económico cada vez más competitivo. Conviene recordar que son los empresarios quienes arriesgan capital, crean riqueza, impulsan la innovación y generan la inmensa mayoría de los puestos de trabajo. España necesita menos confrontación ideológica y más colaboración entre administraciones, trabajadores y empresarios. A ver si Díaz se entera después de tantos años en el poder.
