En los últimos meses se ha difundido a través de redes sociales una práctica que promete proteger a las personas de intentos de robo de datos a través de sus tarjetas físicas. Se trata de envolver documentos que poseen tecnología NFC/RFID, como el Documento Nacional de Identidad (DNI) u otras tarjetas ‘contactless‘ en papel de aluminio. Aunque sí es cierto que pueda bloquear o dificultar comunicaciones con los chip, no es tan efectivo como se piensa.
El problema es que mucha gente mezcla varias ideas distintas sobre cómo funciona el DNI electrónico español y se deja llevar por el pánico generalizado. El DNI actual lleva un chip NFC parecido al de las tarjetas ‘contactless‘, pero para leer datos útiles no basta normalmente con acercar un móvil cualquiera y «robar toda la información». El chip está protegido criptográficamente y requiere autenticación. Además, la información más sensible no suele estar expuesta libremente.
El escenario apocalíptico donde los criminales pasean con el metro analizando y secuestrando DNIs indiscriminadamente sin tener que sustraerlos de las carteras es inverosímil y difícil de imaginar más allá de las imágenes alarmistas que se pintan en internet. Sin embargo, tiene un trasfondo real. Existen ciertos identificadores técnicos que, con equipos especializados y vulnerabilidades concretas, podían intentar extraer información si hubiese fallos de implementación. Pero no es necesario caer en la paranoia social.
¿Para qué sirve envolver el DNI en papel de aluminio?
En la práctica, envolver el DNI en aluminio sí reduce prácticamente a cero cualquier lectura accidental o no autorizada, como si fuera una especie de «jaula de Faraday» en miniatura. Técnicamente funciona, pero el punto es que la protección es contra un riesgo que, para la mayoría de personas, es muy bajo o casi inexistente. Es muy similar a usar una funda metálica para tarjetas ‘contactless‘ como las que se venden en el mercado.
No es que resulte completamente inútil, pero la mayor parte de las veces esto responde más a ansiedad tecnológica o a modas virales que a una amenaza cotidiana real. De hecho, el NFC del DNI tiene un alcance muy corto, por lo que normalmente para que los lectores funcionen deben estar a pocos centímetros. Aunque mucha gente imagina que el chip «emite» constantemente información al exterior, como si fuera una baliza inalámbrica, en realidad es un chip pasivo.
Si alguien quiere quedarse tranquilo, existen multitud de fundas RFID hechas expresamente para portar documentos y tarjetas. Envolver la documentación en papel de aluminio es una versión casera, poco ergonómica y no muy fiable a medio-largo plazo. Para la mayoría de personas, los riesgos reales suelen ser otros muchísimo más mundanos, como perder físicamente el DNI, hacer fotos donde se vea el número, subir documentos a webs falsas, phishing, reutilizar contraseñas, etc.
Por eso, conviene no dejarse llevar por modas alarmistas ni por mensajes virales que exageran riesgos tecnológicos muy poco probables en la vida cotidiana. Como ocurre con muchas cuestiones relacionadas con la ciberseguridad, el equilibrio suele estar en informarse bien, entender cómo funciona realmente la tecnología y evitar tanto la despreocupación absoluta como la paranoia innecesaria.
En los últimos meses se ha difundido a través de redes sociales una práctica que promete proteger a las personas de intentos de robo de datos a través de sus tarjetas físicas. Se trata de envolver documentos que poseen tecnología NFC/RFID, como el Documento Nacional de Identidad (DNI) u otras tarjetas ‘contactless’ en papel de aluminio. Aunque sí es cierto que pueda bloquear o dificultar comunicaciones con los chip, no es tan efectivo como se piensa.. El problema es que mucha gente mezcla varias ideas distintas sobre cómo funciona el DNI electrónico español y se deja llevar por el pánico generalizado. El DNI actual lleva un chip NFC parecido al de las tarjetas ‘contactless’, pero para leer datos útiles no basta normalmente con acercar un móvil cualquiera y «robar toda la información». El chip está protegido criptográficamente y requiere autenticación. Además, la información más sensible no suele estar expuesta libremente.. El escenario apocalíptico donde los criminales pasean con el metro analizando y secuestrando DNIs indiscriminadamente sin tener que sustraerlos de las carteras es inverosímil y difícil de imaginar más allá de las imágenes alarmistas que se pintan en internet. Sin embargo, tiene un trasfondo real. Existen ciertos identificadores técnicos que, con equipos especializados y vulnerabilidades concretas, podían intentar extraer información si hubiese fallos de implementación. Pero no es necesario caer en la paranoia social.. ¿Para qué sirve envolver el DNI en papel de aluminio?. En la práctica, envolver el DNI en aluminio sí reduce prácticamente a cero cualquier lectura accidental o no autorizada, como si fuera una especie de «jaula de Faraday» en miniatura. Técnicamente funciona, pero el punto es que la protección es contra un riesgo que, para la mayoría de personas, es muy bajo o casi inexistente. Es muy similar a usar una funda metálica para tarjetas ‘contactless’ como las que se venden en el mercado.. No es que resulte completamente inútil, pero la mayor parte de las veces esto responde más a ansiedad tecnológica o a modas virales que a una amenaza cotidiana real. De hecho, el NFC del DNI tiene un alcance muy corto, por lo que normalmente para que los lectores funcionen deben estar a pocos centímetros. Aunque mucha gente imagina que el chip «emite» constantemente información al exterior, como si fuera una baliza inalámbrica, en realidad es un chip pasivo.. Si alguien quiere quedarse tranquilo, existen multitud de fundas RFID hechas expresamente para portar documentos y tarjetas. Envolver la documentación en papel de aluminio es una versión casera, poco ergonómica y no muy fiable a medio-largo plazo. Para la mayoría de personas, los riesgos reales suelen ser otros muchísimo más mundanos, como perder físicamente el DNI, hacer fotos donde se vea el número, subir documentos a webs falsas, phishing, reutilizar contraseñas, etc.. Por eso, conviene no dejarse llevar por modas alarmistas ni por mensajes virales que exageran riesgos tecnológicos muy poco probables en la vida cotidiana. Como ocurre con muchas cuestiones relacionadas con la ciberseguridad, el equilibrio suele estar en informarse bien, entender cómo funciona realmente la tecnología y evitar tanto la despreocupación absoluta como la paranoia innecesaria.
Esta práctica se ha puesto de moda a través de redes sociales porque supuestamente evitaría ciertas conductas criminales
En los últimos meses se ha difundido a través de redes sociales una práctica que promete proteger a las personas de intentos de robo de datos a través de sus tarjetas físicas. Se trata de envolver documentos que poseen tecnología NFC/RFID, como el Documento Nacional de Identidad (DNI) u otras tarjetas ‘contactless’ en papel de aluminio. Aunque sí es cierto que pueda bloquear o dificultar comunicaciones con los chip, no es tan efectivo como se piensa.. El problema es que mucha gente mezcla varias ideas distintas sobre cómo funciona el DNI electrónico español y se deja llevar por el pánico generalizado. El DNI actual lleva un chip NFC parecido al de las tarjetas ‘contactless’, pero para leer datos útiles no basta normalmente con acercar un móvil cualquiera y «robar toda la información». El chip está protegido criptográficamente y requiere autenticación. Además, la información más sensible no suele estar expuesta libremente.. El escenario apocalíptico donde los criminales pasean con el metro analizando y secuestrando DNIs indiscriminadamente sin tener que sustraerlos de las carteras es inverosímil y difícil de imaginar más allá de las imágenes alarmistas que se pintan en internet. Sin embargo, tiene un trasfondo real. Existen ciertos identificadores técnicos que, con equipos especializados y vulnerabilidades concretas, podían intentar extraer información si hubiese fallos de implementación. Pero no es necesario caer en la paranoia social.. En la práctica, envolver el DNI en aluminio sí reduce prácticamente a cero cualquier lectura accidental o no autorizada, como si fuera una especie de «jaula de Faraday» en miniatura. Técnicamente funciona, pero el punto es que la protección es contra un riesgo que, para la mayoría de personas, es muy bajo o casi inexistente. Es muy similar a usar una funda metálica para tarjetas ‘contactless’ como las que se venden en el mercado.. No es que resulte completamente inútil, pero la mayor parte de las veces esto responde más a ansiedad tecnológica o a modas virales que a una amenaza cotidiana real. De hecho, el NFC del DNI tiene un alcance muy corto, por lo que normalmente para que los lectores funcionen deben estar a pocos centímetros. Aunque mucha gente imagina que el chip «emite» constantemente información al exterior, como si fuera una baliza inalámbrica, en realidad es un chip pasivo.. Si alguien quiere quedarse tranquilo, existen multitud de fundas RFID hechas expresamente para portar documentos y tarjetas. Envolver la documentación en papel de aluminio es una versión casera, poco ergonómica y no muy fiable a medio-largo plazo. Para la mayoría de personas, los riesgos reales suelen ser otros muchísimo más mundanos, como perder físicamente el DNI, hacer fotos donde se vea el número, subir documentos a webs falsas, phishing, reutilizar contraseñas, etc.. Por eso, conviene no dejarse llevar por modas alarmistas ni por mensajes virales que exageran riesgos tecnológicos muy poco probables en la vida cotidiana. Como ocurre con muchas cuestiones relacionadas con la ciberseguridad, el equilibrio suele estar en informarse bien, entender cómo funciona realmente la tecnología y evitar tanto la despreocupación absoluta como la paranoia innecesaria.
