Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) inicia su novela La saga/fuga de J.B., puro realismo mágico galáico-español, con la «Balada incompleta y probablemente apócrifa del santo cuerpo iluminado» y un verso enigmático: «no lo sabemos, no, no lo sabemos». Tampoco sabemos cuándo Pedro Sánchez convocará las próximas elecciones. Puede ser el próximo otoño, al principio de la primavera siguiente, en verano, como la última vez, o en el otoño de 2027. Entonces ya podrán votar nada menos que 500.000 nuevos nacionalizados españoles, como ayer anunciaba en el diario El País el ministro Ángel Víctor Torres. No parece casual. Hasta que el presidente decida la fecha, el paisaje político se construye –realismo mágico– sobre rumores, relatos cruzados, memorias inciertas y una verdad inestable alrededor de la Moncloa, pero también del PP de Núñez Feijóo, de los enredos de la izquierda más extrema y de los «indepes». Tampoco se puede olvidar a Abascal, ni lo que escribió Max Weber (1864-1920): «Vive de la política como profesión quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos; vive para la política quien no se halla en este caso». Nadie se ha atrevido a colocar en uno y otro sitio a muchos protagonistas de la política española. Pedro Sánchez puede cambiar de opinión si detecta una circunstancia favorable, y es muy hábil en eso. Los colaboradores más cercanos del presidente creen que, si no surge esa opción, lo más probable es que las elecciones vuelvan a ser en pleno verano de 2027 o incluso, si hay justificación, por peregrina que sea, en otoño del año próximo. Hay varios elementos que barajan los estrategas sanchistas. Francia, que esta noche se juega con España el pase a la final del Mundial, tiene un papel relevante. La segunda vuelta de las presidenciales galas se celebrará el 2 de mayo del 27. Una victoria de Marine Le Pen facilitará a Sánchez alimentar el espantajo de la extrema derecha y reclamar que España puede ser el último bastión europeo en su contra. Luego habrá autonómicas y municipales. El sueño sanchista es que Isabel Díaz Ayuso pierda la mayoría absoluta y deba gobernar con Vox. Además, y no es lo menos importante, 5,8 millones de españoles están dispuestos a votar a Sánchez aunque muchos de ellos creen que conocía los casos de corrupción a su alrededor. Son muchos, y también están los que anuncia el ministro Torres. Quieren un pasaporte español, pero podrán votar cuando haya elecciones, aunque todavía «no lo sabemos, no, no lo sabemos», que decía Torrente Ballester.
El sueño sanchista es que Isabel Díaz Ayuso pierda la mayoría absoluta y deba gobernar con Vox
Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) inicia su novela La saga/fuga de J.B., puro realismo mágico galáico-español, con la «Balada incompleta y probablemente apócrifa del santo cuerpo iluminado» y un verso enigmático: «no lo sabemos, no, no lo sabemos». Tampoco sabemos cuándo Pedro Sánchez convocará las próximas elecciones. Puede ser el próximo otoño, al principio de la primavera siguiente, en verano, como la última vez, o en el otoño de 2027. Entonces ya podrán votar nada menos que 500.000 nuevos nacionalizados españoles, como ayer anunciaba en el diario El País el ministro Ángel Víctor Torres. No parece casual. Hasta que el presidente decida la fecha, el paisaje político se construye –realismo mágico– sobre rumores, relatos cruzados, memorias inciertas y una verdad inestable alrededor de la Moncloa, pero también del PP de Núñez Feijóo, de los enredos de la izquierda más extrema y de los «indepes». Tampoco se puede olvidar a Abascal, ni lo que escribió Max Weber (1864-1920): «Vive de la política como profesión quien trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos; vive para la política quien no se halla en este caso». Nadie se ha atrevido a colocar en uno y otro sitio a muchos protagonistas de la política española.Pedro Sánchez puede cambiar de opinión si detecta una circunstancia favorable, y es muy hábil en eso. Los colaboradores más cercanos del presidente creen que, si no surge esa opción, lo más probable es que las elecciones vuelvan a ser en pleno verano de 2027 o incluso, si hay justificación, por peregrina que sea, en otoño del año próximo. Hay varios elementos que barajan los estrategas sanchistas. Francia, que esta noche se juega con España el pase a la final del Mundial, tiene un papel relevante. La segunda vuelta de las presidenciales galas se celebrará el 2 de mayo del 27. Una victoria de Marine Le Pen facilitará a Sánchez alimentar el espantajo de la extrema derecha y reclamar que España puede ser el último bastión europeo en su contra. Luego habrá autonómicas y municipales. El sueño sanchista es que Isabel Díaz Ayuso pierda la mayoría absoluta y deba gobernar con Vox. Además, y no es lo menos importante, 5,8 millones de españoles están dispuestos a votar a Sánchez aunque muchos de ellos creen que conocía los casos de corrupción a su alrededor. Son muchos, y también están los que anuncia el ministro Torres. Quieren un pasaporte español, pero podrán votar cuando haya elecciones, aunque todavía «no lo sabemos, no, no lo sabemos», que decía Torrente Ballester.
