Últimos seis capítulos de la ficción de los hermanos Caballero ‘Muertos S.L.’, comprada por Netflix en el verano de 2025, cuyo desenlace ya se encuentra disponible
Incluso en la más desoladora de las sevillanas, su ritmo alegre, marcado por la majestuosa guitarra española y por la gran voz de quienes las cantan, convierte a la ‘Sevillana del adiós’ en una de las composiciones más reconocidas de la música española. Nosotros, con ‘Muertos S.L.’, también hemos perdido un amigo y nuestra guitarra también llora, porque la Funeraria Torregrosa dice adiós. Netflix ha decidido poner punto final a la serie de los hermanos Caballero con su cuarta temporada, una decisión llamativa después de hacerse con ella apenas un año después de su llegada a Movistar Plus. Y aunque la despedida tenga ese punto amargo que acompaña a cualquier adiós, hay algo reconfortante. ‘Muertos S.L.’ se marcha dejando detrás una de las propuestas más ingeniosas y divertidas de la televisión española reciente.. ‘Muertos S.L.’ es, sin duda, uno de los mejores proyectos de Alberto y Laura Caballero, lo que son palabras mayores teniendo en cuenta que estos dos creadores son las mentes detrás de dos de las series más totémicas de la televisión española, ‘Aquí no hay quien viva’ y ‘La que se avecina’. Ambas siguen vigentes dos décadas después de sus respectivos estrenos y, de hecho, la serie de los vecinos de Mirador de Montepinar (ahora instalados en la calle Contubernio) continúa estrenando capítulos inéditos tanto en Prime Video como en Mediaset, habiendo superado ya la barrera de los 200 episodios.. ‘Muertos S.L.’ se ha quedado lejos de semejante cifra astronómica, cerrando su historia con cuatro temporadas y 26 capítulos. Los seis últimos, que conforman esta temporada final, ya están disponibles en Netflix. En ellos, el ingenio del equipo de guionistas y de dirección vuelve a convertir los pensamientos más intrusivos en uno de los humores más finos, absurdos y divertidos de toda la filmografía de los hermanos Caballero. La serie se devora como pipas en una tarde de verano, al fresco y con los amigos, casi sin darse cuenta de que el paquete se ha terminado hasta que solo quedan las migas. Y quizá por eso resulta todavía más desolador saber que ya no volveremos a saber nada más de la familia de la Funeraria Torregrosa. La guitarra sigue sonando, el ritmo continúa siendo alegre, pero esta vez la sevillana sí es la del adiós.. Si algo vuelve a demostrar esta cuarta temporada es que ‘Muertos S.L.’ ha encontrado en sus personajes su mayor fortaleza. Salva Reina, Aitziber Garmendia, Gerard B. Fillmore, Lorea Intxausti, Manolo Cal y, especialmente, Diego Martín continúan exprimiendo cada gesto, mirada y silencio para convertirlos en parte del chiste. Martín vuelve a ser uno de los grandes protagonistas de la función gracias a ese ‘yonqui’ del emprendimiento que se ha ganado por derecho propio un lugar entre los personajes más reconocibles de la ficción de los hermanos Caballero. A su alrededor, el equipo de guionistas mantiene intacta su capacidad para disparar contra las contradicciones de la sociedad actual sin perder nunca el sentido del humor: precariedad, relaciones laborales, micromachismos, salud mental o las miserias del mundo empresarial vuelven a pasar por el particular tanatorio de Torregrosa. Todo ello bajo la dirección de Laura Caballero, que continúa haciendo de la funeraria una suerte de Dunder Mifflin española, con un reparto perfectamente engrasado y una puesta en escena que sabe encontrar la comicidad incluso en los momentos más absurdos. Y, por supuesto, las escenas postcréditos vuelven a funcionar como ese último remate que demuestra que en Torregrosa hasta el último minuto tiene algo que enterrar.. Mención especial merece Ascen López, fallecida pocas semanas antes del estreno de esta cuarta temporada y que siempre permanecerá en el recuerdo como la entrañable Nieves. Pero si hay alguien que vuelve a estar inmenso es Carlos Areces, convertido en la particular encarnación de Sísifo de la funeraria Torregrosa. Cada vez que Dámaso está a punto de alcanzar su ansiado puesto de director, algo se interpone en su camino y le obliga a volver a empezar, condenado a empujar una y otra vez la misma piedra cuesta arriba. Primero fue Amaia Salamanca, cuya presencia en esta temporada se reduce a un par de apariciones y cuya trama parecía destinada a tener mucho más recorrido si la serie hubiera continuado, como también la de las hijas de Nieves, interpretadas por Bárbara Santa-Cruz y Lucía Quintana. Esta vez, sin embargo, la piedra que Dámaso debe empujar eternamente tiene forma de agenda 2030 de Chemi, una peculiar ocurrencia que termina llevándole a la cárcel de la Oca y devolviéndole, una vez más, a la casilla de salida.. El problema llega cuando la serie tiene que cerrar de golpe una historia que, evidentemente, estaba pensada para continuar. Su desenlace es tan abrupto que lo mejor es dejar que cada espectador lo interprete por sí mismo, porque resulta evidente que no estaba previsto. Dámaso debía enfrentarse a un juicio contra la Funeraria Torregrosa y ese conflicto queda suspendido en el aire, condenado a existir únicamente en nuestra imaginación. Quizá nunca sepamos cómo habría terminado, ni qué nuevas desgracias habrían caído sobre él, pero sí podemos lamentar que una de las mejores creaciones cómicas de Carlos Areces se quede sin el desenlace que merecía. Tendremos que imaginarlo en nuestras cabezas, aunque jamás conseguiremos resolverlo con la misma brillantez que los hermanos Caballero y el equipo detrás de una de las mejores series de comedia de nuestro país en el último lustro. Ahora solo queda disfrutar de estos últimos seis episodios y, como ocurre con ‘Aquí no hay quien viva’ o ‘La que se avecina’, disfrutar en bucle de todos los capítulos de ‘Muertos S.L.’.
Incluso en la más desoladora de las sevillanas, su ritmo alegre, marcado por la majestuosa guitarra española y por la gran voz de quienes las cantan, convierte a la ‘Sevillana del adiós’ en una de las composiciones más reconocidas de la música española. Nosotros, con ‘Muertos S.L.’, también hemos perdido un amigo y nuestra guitarra también llora, porque la Funeraria Torregrosa dice adiós. Netflix ha decidido poner punto final a la serie de los hermanos Caballero con su cuarta temporada, una decisión llamativa después de hacerse con ella apenas un año después de su llegada a Movistar Plus. Y aunque la despedida tenga ese punto amargo que acompaña a cualquier adiós, hay algo reconfortante. ‘Muertos S.L.’ se marcha dejando detrás una de las propuestas más ingeniosas y divertidas de la televisión española reciente.. ‘Muertos S.L.’ es, sin duda, uno de los mejores proyectos de Alberto y Laura Caballero, lo que son palabras mayores teniendo en cuenta que estos dos creadores son las mentes detrás de dos de las series más totémicas de la televisión española, ‘Aquí no hay quien viva’ y ‘La que se avecina’. Ambas siguen vigentes dos décadas después de sus respectivos estrenos y, de hecho, la serie de los vecinos de Mirador de Montepinar (ahora instalados en la calle Contubernio) continúa estrenando capítulos inéditos tanto en Prime Video como en Mediaset, habiendo superado ya la barrera de los 200 episodios.. ‘Muertos S.L.’ se ha quedado lejos de semejante cifra astronómica, cerrando su historia con cuatro temporadas y 26 capítulos. Los seis últimos, que conforman esta temporada final, ya están disponibles en Netflix. En ellos, el ingenio del equipo de guionistas y de dirección vuelve a convertir los pensamientos más intrusivos en uno de los humores más finos, absurdos y divertidos de toda la filmografía de los hermanos Caballero. La serie se devora como pipas en una tarde de verano, al fresco y con los amigos, casi sin darse cuenta de que el paquete se ha terminado hasta que solo quedan las migas. Y quizá por eso resulta todavía más desolador saber que ya no volveremos a saber nada más de la familia de la Funeraria Torregrosa. La guitarra sigue sonando, el ritmo continúa siendo alegre, pero esta vez la sevillana sí es la del adiós.. Si algo vuelve a demostrar esta cuarta temporada es que ‘Muertos S.L.’ ha encontrado en sus personajes su mayor fortaleza. Salva Reina, Aitziber Garmendia, Gerard B. Fillmore, Lorea Intxausti, Manolo Cal y, especialmente, Diego Martín continúan exprimiendo cada gesto, mirada y silencio para convertirlos en parte del chiste. Martín vuelve a ser uno de los grandes protagonistas de la función gracias a ese ‘yonqui’ del emprendimiento que se ha ganado por derecho propio un lugar entre los personajes más reconocibles de la ficción de los hermanos Caballero. A su alrededor, el equipo de guionistas mantiene intacta su capacidad para disparar contra las contradicciones de la sociedad actual sin perder nunca el sentido del humor: precariedad, relaciones laborales, micromachismos, salud mental o las miserias del mundo empresarial vuelven a pasar por el particular tanatorio de Torregrosa. Todo ello bajo la dirección de Laura Caballero, que continúa haciendo de la funeraria una suerte de Dunder Mifflin española, con un reparto perfectamente engrasado y una puesta en escena que sabe encontrar la comicidad incluso en los momentos más absurdos. Y, por supuesto, las escenas postcréditos vuelven a funcionar como ese último remate que demuestra que en Torregrosa hasta el último minuto tiene algo que enterrar.. Mención especial merece Ascen López, fallecida pocas semanas antes del estreno de esta cuarta temporada y que siempre permanecerá en el recuerdo como la entrañable Nieves. Pero si hay alguien que vuelve a estar inmenso es Carlos Areces, convertido en la particular encarnación de Sísifo de la funeraria Torregrosa. Cada vez que Dámaso está a punto de alcanzar su ansiado puesto de director, algo se interpone en su camino y le obliga a volver a empezar, condenado a empujar una y otra vez la misma piedra cuesta arriba. Primero fue Amaia Salamanca, cuya presencia en esta temporada se reduce a un par de apariciones y cuya trama parecía destinada a tener mucho más recorrido si la serie hubiera continuado, como también la de las hijas de Nieves, interpretadas por Bárbara Santa-Cruz y Lucía Quintana. Esta vez, sin embargo, la piedra que Dámaso debe empujar eternamente tiene forma de agenda 2030 de Chemi, una peculiar ocurrencia que termina llevándole a la cárcel de la Oca y devolviéndole, una vez más, a la casilla de salida.. El problema llega cuando la serie tiene que cerrar de golpe una historia que, evidentemente, estaba pensada para continuar. Su desenlace es tan abrupto que lo mejor es dejar que cada espectador lo interprete por sí mismo, porque resulta evidente que no estaba previsto. Dámaso debía enfrentarse a un juicio contra la Funeraria Torregrosa y ese conflicto queda suspendido en el aire, condenado a existir únicamente en nuestra imaginación. Quizá nunca sepamos cómo habría terminado, ni qué nuevas desgracias habrían caído sobre él, pero sí podemos lamentar que una de las mejores creaciones cómicas de Carlos Areces se quede sin el desenlace que merecía. Tendremos que imaginarlo en nuestras cabezas, aunque jamás conseguiremos resolverlo con la misma brillantez que los hermanos Caballero y el equipo detrás de una de las mejores series de comedia de nuestro país en el último lustro. Ahora solo queda disfrutar de estos últimos seis episodios y, como ocurre con ‘Aquí no hay quien viva’ o ‘La que se avecina’, disfrutar en bucle de todos los capítulos de ‘Muertos S.L.’.
