Los ocho episodios de la miniserie de ‘Star Wars: Visions Presenta’ de Disney+ abren el camino a una nueva Orden Jedi
Desde hace un tiempo existe un hastío generalizado hacia exitosas sagas como Marvel o DC, en parte por la sobreexplotación de las franquicias en el streaming, el cine y la televisión. Del mismo modo le ocurre a Star Wars. Basta mirar los pobres datos en taquilla de ‘The Mandalorian and Grogu’ en comparación con el resto de películas de la colección. Sin embargo, los cortos de ‘Star Wars: Visions’ lanzados en 2021 surgieron como un respiro para volver a recuperar parte de la magia que un día fascinó a varias generaciones y, en este contexto, aterrizan en Disney+ los ocho episodios de ‘La Jedi número 9’. El anime es una secuela de ‘Jedi número 9’ y ‘Jedi número 9: Hija de la esperanza’, cortos del primer y tercer volumen de la antología, respectivamente, que sirvieron para presentar nuevos personajes.. Firmada bajo la dirección de Shunsuke Tada y la supervisión de Kenji Kamiyama, la propuesta se mantiene alejada del canon oficial y se sitúa en un futuro muy lejano. Esta desconexión de la cronología sagrada supone una bocanada de aire fresco al darle a sus creadores el lienzo en blanco necesario para reinterpretar la mitología espacial sin ataduras, aunque, irónicamente, la sombra del esquema clásico siga proyectándose sobre cada fotograma.. La ficción arranca con esa ya inconfundible estrofa deslizándose sobre el manto estrellado para advertirnos de un nuevo status quo. La era de los Jedi y los Sith ha concluido, las viejas glorias son ceniza y la galaxia se desangra bajo el yugo de señores de la guerra. En este escenario desolado, el margrave Juro intenta reconstruir la mítica Orden con una menguante comunidad de aprendices, mientras un despiadado general enmascarado, Nawaam, conquista mundos al calor de una amenazante superarma propulsada por cristales Kyber.. En esta lucha de guerrillas la historia sigue a la joven Lah Kara que ya conocimos en los anteriores cortos. En esta ocasión, el viaje de la protagonista retoma sin tapujos la senda del mítico «camino del héroe» que en su día recorriera el propio Luke Skywalker. La narración no tiene prisa en dibujarla como una sabia guerrera; al contrario, la expone torpe e ingenua en la primera parte de la historia. Para resaltar esa evolución a fuego lento, los primeros capítulos pecan quizás de retratarla excesivamente infantilizada, un peaje narrativo algo cargante que busca forzar un contraste radical con la madurez que adquirirá tras los momentos más oscuros de la trama y el intento de salvar a su padre, atrapado por Nawaam.. «Un Jedi ha de tomar decisiones difíciles y hacerlo no resulta nada fácil», le recuerdan a la protagonista en el ecuador de su periplo, sintetizando el verdadero motor de la serie.. Por otro lado, el anime logra distinguirse con su aproximación a la Fuerza y la mística del sable de luz, que nace de una interpretación errónea del propio Kamiyama. De niño creía que las hojas cambiaban de color según las emociones de su portador, lo que se convierte en el mayor acierto visual y narrativo del guion. La espada pasa a ser una extensión del alma y muta al rojo carmesí cuando un personaje está dominado por la ira o alcanza una deslumbrante luz plateada al rozar el estado de vacuidad.. Esta dualidad cromática camina de la mano de la deconstrucción moral que plantea la miniserie. El antagonista, Nawaam, que viste a lo Darth Vader, no se le puede comparar con el mítico villano absoluto. Su figura lanza al espectador una pregunta incómoda pero fascinante: ¿Acaso no matan también los Jedi en nombre de una supuesta justicia? Al cuestionar si la paz absoluta puede alcanzarse sin abrazar una cierta cuota de sombra, la ficción logra elevar el nivel del debate por encima de la media del género.. En el apartado técnico, la producción regala momentos visualmente arrebatadores. A ratos roza un realismo cinematográfico que contrasta de forma armónica con la expresividad del dibujo clásico del anime. Asimismo, las secuencias de combate se suceden sin tregua en episodios de ritmo vertiginoso que se consumen en un suspiro.. ‘La Jedi número 9’ de ‘Star Wars: Visions Presenta’ agradará a los amantes de la acción y la animación japonesa. Puede que no revolucione los cimientos de la franquicia ni suponga el terremoto narrativo que muchos fans maduros demandan a gritos, pero su audacia para mirar a los ojos a la mitología Jedi sin devoción ciega le otorga una identidad propia.
Desde hace un tiempo existe un hastío generalizado hacia exitosas sagas como Marvel o DC, en parte por la sobreexplotación de las franquicias en el streaming, el cine y la televisión. Del mismo modo le ocurre a Star Wars. Basta mirar los pobres datos en taquilla de ‘The Mandalorian and Grogu’ en comparación con el resto de películas de la colección. Sin embargo, los cortos de ‘Star Wars: Visions’ lanzados en 2021 surgieron como un respiro para volver a recuperar parte de la magia que un día fascinó a varias generaciones y, en este contexto, aterrizan en Disney+ los ocho episodios de ‘La Jedi número 9’. El anime es una secuela de ‘Jedi número 9’ y ‘Jedi número 9: Hija de la esperanza’, cortos del primer y tercer volumen de la antología, respectivamente, que sirvieron para presentar nuevos personajes.. Firmada bajo la dirección de Shunsuke Tada y la supervisión de Kenji Kamiyama, la propuesta se mantiene alejada del canon oficial y se sitúa en un futuro muy lejano. Esta desconexión de la cronología sagrada supone una bocanada de aire fresco al darle a sus creadores el lienzo en blanco necesario para reinterpretar la mitología espacial sin ataduras, aunque, irónicamente, la sombra del esquema clásico siga proyectándose sobre cada fotograma.. La ficción arranca con esa ya inconfundible estrofa deslizándose sobre el manto estrellado para advertirnos de un nuevo status quo. La era de los Jedi y los Sith ha concluido, las viejas glorias son ceniza y la galaxia se desangra bajo el yugo de señores de la guerra. En este escenario desolado, el margrave Juro intenta reconstruir la mítica Orden con una menguante comunidad de aprendices, mientras un despiadado general enmascarado, Nawaam, conquista mundos al calor de una amenazante superarma propulsada por cristales Kyber.. En esta lucha de guerrillas la historia sigue a la joven Lah Kara que ya conocimos en los anteriores cortos. En esta ocasión, el viaje de la protagonista retoma sin tapujos la senda del mítico «camino del héroe» que en su día recorriera el propio Luke Skywalker. La narración no tiene prisa en dibujarla como una sabia guerrera; al contrario, la expone torpe e ingenua en la primera parte de la historia. Para resaltar esa evolución a fuego lento, los primeros capítulos pecan quizás de retratarla excesivamente infantilizada, un peaje narrativo algo cargante que busca forzar un contraste radical con la madurez que adquirirá tras los momentos más oscuros de la trama y el intento de salvar a su padre, atrapado por Nawaam.. «Un Jedi ha de tomar decisiones difíciles y hacerlo no resulta nada fácil», le recuerdan a la protagonista en el ecuador de su periplo, sintetizando el verdadero motor de la serie.. Por otro lado, el anime logra distinguirse con su aproximación a la Fuerza y la mística del sable de luz, que nace de una interpretación errónea del propio Kamiyama. De niño creía que las hojas cambiaban de color según las emociones de su portador, lo que se convierte en el mayor acierto visual y narrativo del guion. La espada pasa a ser una extensión del alma y muta al rojo carmesí cuando un personaje está dominado por la ira o alcanza una deslumbrante luz plateada al rozar el estado de vacuidad.. Esta dualidad cromática camina de la mano de la deconstrucción moral que plantea la miniserie. El antagonista, Nawaam, que viste a lo Darth Vader, no se le puede comparar con el mítico villano absoluto. Su figura lanza al espectador una pregunta incómoda pero fascinante: ¿Acaso no matan también los Jedi en nombre de una supuesta justicia? Al cuestionar si la paz absoluta puede alcanzarse sin abrazar una cierta cuota de sombra, la ficción logra elevar el nivel del debate por encima de la media del género.. En el apartado técnico, la producción regala momentos visualmente arrebatadores. A ratos roza un realismo cinematográfico que contrasta de forma armónica con la expresividad del dibujo clásico del anime. Asimismo, las secuencias de combate se suceden sin tregua en episodios de ritmo vertiginoso que se consumen en un suspiro.. ‘La Jedi número 9’ de ‘Star Wars: Visions Presenta’ agradará a los amantes de la acción y la animación japonesa. Puede que no revolucione los cimientos de la franquicia ni suponga el terremoto narrativo que muchos fans maduros demandan a gritos, pero su audacia para mirar a los ojos a la mitología Jedi sin devoción ciega le otorga una identidad propia.
