La localidad fronteriza de Estonia ha vivido siglos de invasiones y tensiones geopolíticas. Y así continúa, entre la amenaza de una ofensiva rusa a gran escala y la normalidad
Un día soleado de verano en la ciudad estonia de Narva, la vida transcurre ante los ojos con aparente normalidad. Las calles se llenan de gente Grupos de personas esperan en las paradas de autobús, pequeños comercios reciben y despiden a sus clientes. A primera hora de la tarde, los jardineros podan la frondosa vegetación a la entrada de su museo, un castillo del siglo XIII construido por los daneses en la orilla occidental del río Narva, donde un puñado de visitantes se empapan de la agitada historia de este enclave, en el confín de la Unión Europea, separado de Rusia por apenas 101 metros de cauce fluvial, y marcado por continuas batallas, invasiones, asedios y tensiones geopolíticas desde su fundación. Y así continúa.. Desde la independencia de Estonia en 1991, tras más de cinco décadas bajo el dominio de la URSS, la amenaza de una posible invasión rusa de Narva (en el noreste) nunca ha desaparecido del todo, ni siquiera tras la adhesión del país báltico a la OTAN en 2004. Por el contrario, ese riesgo se ha intensificado en los últimos años, especialmente desde el inicio de la guerra a gran escala en Ucrania en febrero de 2022.. Informes de inteligencia, expertos y analistas advierten de que el Kremlin está midiendo, incidente a incidente, con su guerra híbrida de drones, desinformación y ataques cibernéticos, cuánto está dispuesta la Alianza Atlántica a tolerar antes de responder con algo mucho más serio que una condena o un comunicado.. Polonia es el principal escenario de estos episodios en el flanco este de la OTAN, sobre todo, de incursiones de drones en su espacio aéreo. Sin embargo, el nombre de la remota Narva, de algo más de 51.400 habitantes, de los que el 96% son rusohablantes, siempre sale a relucir cuando se trata de probables objetivos geográficamente vulnerables a una invasión rusa a mayor escala en territorio de la Alianza.. El último capítulo de la convulsa historia de Narva no está escrito. O puede que sí. “En apenas una noche, Rusia se ha apoderado de dos ciudades estonias y ha pillado de sorpresa a todos los miembros de la OTAN”. El ensayo de política-ficción Si Rusia ganara. Un escenario más que probable (ed. Península), de Carlo Masala, imagina que en 2028 —después de una paz humillante para Ucrania, que pierde el territorio ocupado y queda excluida de la OTAN— Rusia lanza sus tropas sobre Narva con el pretexto de la defensa de los derechos de sus vecinos, en su mayoría rusohablantes. Algo similar se inventó John Carlin en las páginas de El País Semanal en 2017, que fechaba una posible invasión de Narva en un 9 de mayo de 2020, inspirado por un libro en el que un general británico planteaba un panorama similar.. Los esfuerzos de las autoridades estonias se concentran en que esta crónica de una invasión anunciada se quede en una ficción.. La cuestión es cómo evitar que el enemigo cruce el río y tome Narva. “No solo se trata de una defensa militar, sino también social. Más del 90% de la población es de etnia rusa, y se trata de una ciudad bajo la influencia industrial y mediática de Rusia”, explica el coronel Tarmo Kundla, comandante de la Primera Brigada de Infantería, con base en la ciudad de Tapa, encargada de defender Narva en caso de ataque.. La demografía es un reto, y no solo por la permeabilidad de la propaganda entre una mayoría que habla ruso. Un tercio de la población tiene nacionalidad rusa. “Pero que sea un reto no significa que sea un problema”, matiza Kundla. “Confiamos en que la mayoría de la población no estaría en nuestra contra”.. Las autoridades estonias no creen que los vecinos aceptasen ni facilitasen una invasión rusa. La mayoría quiere vivir en paz y no creen que Rusia vaya a bombardear sus casas; la situación es de convivencia tranquila, aseveran distintas fuentes de los ministerios de Exteriores y de Defensa.. Esta confianza en su seguridad se apoya en un buen paquete de medidas que Estonia implementa para blindarse ante la amenaza rusa y evitar una escalada que no desea. Desde imponer el estonio como único idioma en el sistema público de educación hasta elevar al 5% del PIB el gasto en defensa. En Narva, cortar los tentáculos de la influencia del Kremlin comienza por bloquear la puerta de entrada: el Puente de la Amistad, que a la vez une y separa la UE de Rusia.. Un grupo de expertos y periodistas visita el punto fronterizo entre Narva e Ivángorod el pasado 15 de junio.. “Solo cruza gente a pie”, especifica un agente de inmigración en el punto fronterizo, un entramado de edificios y vallas que dirige a los viandantes en dos direcciones: Narva o la ciudad rusa de Ivángorod, en el margen oriental del río.. Por aquí solían pasar a diario unas 5.000 personas sin restricciones de horario, pero la pandemia de covid primero y la guerra en Ucrania después han limitado la movilidad. Hoy cruzan unas 1.500 hacia ambos lados en un horario de 07.00 a 23.00. “Durante la noche es ilegal”, explica el policía, que recuerda el caso de un joven alemán al que obligaron a saltar la valla a las tres de la madrugada. “Para medir nuestra reacción”, comenta. “Por supuesto vimos que le habían forzado y le acogimos”, termina la historia ante un grupo de expertos y periodistas de medios internacionales, entre ellos EL PAÍS, invitados por el Ministerio de Exteriores de Estonia para conocer el contexto en la primera línea de la guerra híbrida de Rusia en Europa.. El año pasado, apenas se produjeron una decena de cruces ilegales y solo uno fue un caso criminal por contrabando. “Peticionarios de asilo entran uno o dos al mes. Nadie quiere venirse a Estonia, esa es la verdad. Prefieren ir a Alemania”, considera el policía. La mayoría, dice, cruzan para visitar a familiares o amigos. También van de compras.. “Narva, como ciudad fronteriza, estaba conectada con su vecino oriental no solo por los puentes que cruzan el río, sino también a través del turismo, el comercio y grandes proyectos de cooperación transfronteriza financiados por la Unión Europea, para infraestructuras y también para fortalecer los lazos culturales y las conexiones cotidianas entre las comunidades de ambos lados”, recuerda la directora del Museo de Narva, Maria Smorzhevskikh-Smirnova. “En 2022, la frontera entre nuestros dos países volvió a convertirse en una frontera existencial: una línea entre la guerra y la paz, entre la democracia y la dictadura”.. Un hombre cruza el puente desde Narva hacia la ciudad rusa de Ivángorod, separadas por un río.. Esa división es hoy un puente repleto de concertinas, hileras de bloques de hormigón y vallas metálicas. Unos postes rojos marcan donde acaba Estonia ―la UE y la OTAN― y empieza Rusia. Este es el escudo para amortiguar un primer golpe militar.. La posibilidad de que se produzca no es una exageración infundada. El 9 de junio de 2022, durante un encuentro con jóvenes emprendedores y científicos en Moscú, el presidente ruso, Vladímir Putin, comparó su ofensiva sobre Ucrania con la época de Pedro I el Grande, quien, según dijo, no había “conquistado” territorios como Narva, sino que los había “recuperado”, en referencia al asedio y la toma de la ciudad en 1704.. Sus palabras exactas fueron: “¿Por qué fue allí [a Narva]? Recuperó y aseguró ese territorio”. Y añadió: “También nosotros tenemos que recuperar y asegurar”. Las alarmas se encendieron en Estonia y proteger Narva se convirtió en una prioridad.. Casi un año después, Putin movió ficha. Pero en vez de llevar 45.000 soldados como hizo Pedro I, el Kremlin optó por organizar un macrofestival de música y propaganda en Ivángorod (de unos 10.000 habitantes). Lo hizo el 9 de mayo de 2023, para conmemorar el Día de la Victoria y contraprogramar los fastos que tradicionalmente celebra Narva por el Día de Europa. Ambos aluden al fin de la II Guerra Mundial.. Desde entonces, cada año, a los pies del castillo medieval del siglo XV en la orilla rusa, se instalan unas enormes pantallas dispuestas hacia el río para que puedan verse desde la orilla estonia, donde una gran afluencia de público rusohablante acude en parte para asistir al festival musical y en parte por curiosidad. Del otro lado llegan mensajes como “¡Estamos orgullosos, la victoria es nuestra!”.. Un cartel que llama a Vladímir Putin criminal de guerra, colgado de un muro del castillo de Narva, en Estonia, el 9 de mayo. Sergei Grits (AP). Ese mismo día, desde 2023 también, Smorzhevskikh-Smirnova cuelga un gran cartel en el muro del castillo con el mensaje “Putin, criminal de guerra” bajo el rostro del líder ruso ensangrentado, bien visible desde el margen ruso del río. A su lado penden, como siempre, dos banderas de Estonia, dos de la UE y dos de Ucrania.. Para la directora del Museo de Narva, la memoria es imprescindible. “Decir la verdad contra la manipulación de la historia no es una opción, es esencial. Es una forma de resistencia”, opina. “Nuestra pancarta llama a las cosas por su nombre: una guerra es una guerra, y un criminal de guerra es un criminal de guerra. Al hacerlo, expresamos nuestra solidaridad con el pueblo de Ucrania y reafirmamos los valores sobre los que se construye Europa: el respeto por la vida humana, el derecho internacional y la soberanía nacional”.. Por decir esa verdad, señala, en 2025 fue condenada en rebeldía a diez años de prisión en Rusia y fue incluida en una lista internacional de personas buscadas, por “difundir falsificaciones de guerra” y “rehabilitar el nazismo”, según la sentencia. “Naturalmente, no tengo ninguna intención de viajar a países donde pudiera ser detenida y extraditada a Rusia”, anota.. Además, ha sufrido acoso, sobre todo en las redes. En su teléfono muestra una foto trucada de su pancarta con la cara de su madre, una maestra de origen ruso, con el mensaje “perdón por mi hija”. Pero también ha recibido apoyos y se muestra orgullosa de que su acción haya “suscitado un debate más amplio sobre el papel de los museos en la sociedad contemporánea”. Ella lo tiene claro: “Las instituciones culturales tienen la responsabilidad de proteger la verdad histórica, fomentar un diálogo público abierto y defender los valores democráticos cuando estos se encuentran amenazados”.. Smorzhevskikh-Smirnova cree que la reacción de las autoridades rusas ante la pancarta “solo confirmó hasta qué punto consideran amenazante la verdad”. “La historia nos enseña que las dictaduras nunca son eternas, tarde o temprano quedan expuestas, deben rendir cuentas y finalmente se derrumban”, dice.. Para Irene Käosaar, directora del instituto estatal de secundaria de Narva, el reto en esta ciudad es que es muy permeable a la propaganda e información en ruso. De ahí que sea una firme defensora de la ley para imponer el estonio en todos los niveles del sistema público educativo para 2029 (en la actualidad se ofrece también en ruso hasta la secundaria incluida). “La juventud vive en una dualidad informativa y política, pero creo que ven su futuro en la UE, en Estonia, y quieren tener una buena educación y tiene que ser en estonio”, esgrime.. “La vida en Narva es normal 364 días al año”, confirma Smorzhevskikh-Smirnova, pese a las tensiones cotidianas en una ciudad en la primera línea de la guerra híbrida de Rusia. Pero si ese único día raro se convirtiera en uno de los que cambian la historia, en el inicio de una invasión rusa, la directora del Museo de Narva cree que sus vecinos, “por muy rusos que sean, nunca estarían a favor de alguien que les bombardease”.
Un día soleado de verano en la ciudad estonia de Narva, la vida transcurre ante los ojos con aparente normalidad. Las calles se llenan de gente Grupos de personas esperan en las paradas de autobús, pequeños comercios reciben y despiden a sus clientes. A primera hora de la tarde, los jardineros podan la frondosa vegetación a la entrada de su museo, un castillo del siglo XIII construido por los daneses en la orilla occidental del río Narva, donde un puñado de visitantes se empapan de la agitada historia de este enclave, en el confín de la Unión Europea, separado de Rusia por apenas 101 metros de cauce fluvial, y marcado por continuas batallas, invasiones, asedios y tensiones geopolíticas desde su fundación. Y así continúa.. Seguir leyendo
