Las manos del palestino Saddam Yaser están anudadas a un pequeño bolso negro que lleva cruzado al pecho. Lo aferra fuerte, mientras recorre el paseo que circunda la playa del Trampolín, donde mata el tiempo desde hace ya trece noches, cuando nadó hasta Ceuta. Si estos días pudieran definirse con verbos, los suyos serían esperar y proteger. Esperar a que las autoridades tramiten su solicitud de asilo y proteger los documentos que acreditan que ya ha comenzado el proceso. Le aterra perderlos, que se los roben, quedar abandonado en un limbo. “Sé que no soy mis papeles pero también que sin ellos no podré ser nada”, dice, conjugando siempre en futuro. En lo que hará cuando se resuelva si es o no apto para acogerse al derecho de asilo en España.. Seguir leyendo
Las manos del palestino Saddam Yaser están anudadas a un pequeño bolso negro que lleva cruzado al pecho. Lo aferra fuerte, mientras recorre el paseo que circunda la playa del Trampolín, donde mata el tiempo desde hace ya trece noches, cuando nadó hasta Ceuta. Si estos días pudieran definirse con verbos, los suyos serían esperar y proteger. Esperar a que las autoridades tramiten su solicitud de asilo y proteger los documentos que acreditan que ya ha comenzado el proceso. Le aterra perderlos, que se los roben, quedar abandonado en un limbo. “Sé que no soy mis papeles pero también que sin ellos no podré ser nada”, dice, conjugando siempre en futuro. En lo que hará cuando se resuelva si es o no apto para acogerse al derecho de asilo en España.. Lo es de acuerdo a las leyes, porque Saddam cumple los requisitos. Se lo explicaron allí mismo, sobre la arena de la playa en la que miles de migrantes como él han escrito en cartones la palabra “asilo” para que los ojos del mundo entiendan qué buscaban al echarse al mar. La semana pasada, abogadas voluntarias de la coordinadora de barrios acudieron a la costa y hablaron con él. Revisaron su pasaporte, su historia, le tramitaron gratuitamente una solicitud de protección internacional que de manera privada suele suponer unos honorarios desde 400 hasta 700 euros. Es la opción que ha escogido el también palestino Ahmed Awwad, de 23 años, de Ramala. Saddam y él se conocieron en Ceuta, y este último ha optado por pagar a un abogado privado 200 euros, la mayor parte del lo que trajo consigo en una bolsa estanca.. A Saddam le incomoda recibir ayuda, depender de ella, rechaza los ofrecimientos compasivos de comida o agua. A sus 36 años sabe cómo desenvolverse cuando tiene que apañárselas por sí mismo, que en su caso ha sido la mayor parte del tiempo desde que salió de su natal Hebrón. Ha atravesado media decena de países, hasta que llegó a Marruecos, siempre solo. Él no cruzó con las más de 70.000 personas que accedieron el jueves, lo hizo en la víspera. Se refugió en los montes de la ciudad y, a la noche siguiente, vio las mareas de gente entrando, temiéndose un colapso que ha sido peor de lo que imaginaba. “En cuanto vi la playa desbordada, el mar lleno de gente, pensé que ya no iba a tener ninguna opción”, cuenta. Se arruga en su pudor e insiste que no quiere “regalos” ni “favores”. Se considera privilegiado porque, además de árabe y hebreo, habla un inglés excelente y comprendió rápido cómo funcionaba el farragoso proceso para convertirle en refugiado político. “Está en vuestra Constitución, ¿verdad?”, pregunta. Concretamente, en el artículo 13, además de en los tratados internacionales. Pero ese conocimiento es infrecuente estos días en Ceuta. La mayoría de migrantes subsaharianos de Trampolín buscan incansables alguien que hable su idioma para desentrañar qué paso tienen que dar a continuación. De momento, solo tienen la guerra, la persecución política o el riesgo que corrían sus vidas en sus países de origen, y piensan que con eso no basta. Tienen derecho a asistencia letrada gratuita, pero no hay manos. Así que dejan pasar los días, esperando sobre un montón de nada.. No queda ya un sinónimo sin desgastar para describir lo que está ocurriendo: saturación, desbordamiento, sobrecarga… Lo repiten los letrados que acuden a ayudar a los migrantes para iniciar los trámites, que no pierden tiempo en protestar porque no les dan las manos para tramitar las solicitudes. Han detectado que el atasco no está ahí, sino justo después. El siguiente paso tras presentar la solicitud es la evaluación del caso, el triaje que lleva a cabo la Policía, donde evalúan a cada uno en una entrevista personal de acuerdo al reglamento europeo. Y de momento, no hay citas. “Hemos ofrecido enviar refuerzos de abogados, pero la situación está paralizada y mira que estamos presionando. Pero no vamos a mandarlos si no se empiezan a tramitar los expedientes que ya se han presentado porque no sirve de nada” denuncia el director general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Mauricio Valiente. Sin eso, el proceso de asilo no avanza, y los migrantes están desprotegidos ante lo que más temen: la expulsión en caliente. Ser devueltos a Marruecos aunque hayan presentadoo ya la solicitud de protección internacional, que es papel mojado si el proceso no sigue y no se abre el expediente de su caso.. El Ministerio del Interior está al tanto de la situación e insiste en que ha activado mecanismos extraordinarios para agilizar los expedientes desde la semana pasada. Fuentes internas explican que, de momento, se han rechazado unas 200 solicitudes, fundamentalmente de marroquíes que no cumplen las condiciones de protección internacional, y que hay “al menos una” que sí está cerca de lograr unarespuesta positiva: una mujer senegalesa cuya vida está en riesgo. Esta semana se activarán nuevas medidas para descongestionar la situación, pero hasta la fecha varias fuentes confirman que aún no hay ningún refugiado que esté cerca de serlo oficialmente. Las tramitaciones se quedan atascadas en el mismo punto y los migrantes siguen desprotegidos. El Delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, anunció que en el plazo de mes el Ejecutivo pondrá en funcionamiento un Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) en una nave de la ciudad para atender estas solicitudes, pero no se ha materializado.. Mientras, Saddam sigue atrincherado en sus dos verbos, esperar y proteger. Habla pausado, con un deje de esperanza muy sutil, pero suficiente. Quiere estudiar psicología cuando todo acabe, va chapurreando el español. Se las compone para no gastar paciencia y pasar desapercibido en la playa, habla poco con la gente, sobre todo ayuda a otros como intérprete improvisado cuando no comprenden lo que está pasando, que es casi todo el rato. Huye de las situaciones de tensión, cada vez más habituales tras días sin horizonte bajo un calor asfixiante. Cuando ocurren, se aleja discretamente del polvorín, hacia el monte, lejos del puesto fronterizo de El Tarajal. Por su aspecto, suelen confundirle con un marroquí y sabe que no es seguro acercarse por allí, porque aunque escasas, siguen produciéndose expulsiones. Está buscando dónde comprar una batería portátil para encender el teléfono y estar pendiente de lo que le diga la abogada sobre el asilo, pero colecciona fracasos. No hay noticias y tampoco baterías que pueda comprar. La mayoría de los comercios de electrónica están en la zona céntrica de la ciudad, donde la policía patrulla para que los migrantes no accedan a sus calles, y si logra escabullir el control, muchos vendedores tampoco quieren dejarle pasar. En las inmediaciones de la Plaza de África algunos cierran con llave y abren en función de a fisonomía del cliente. Así que de momento no hay noticias. Saddam regresa a su limbo y espera. Y protege lo poco que tiene. Cabe en un bolso negro.
Más de 2.000 refugiados están a la espera de que se resuelva su demanda de protección internacional
