Hace 90 años que unos indeseables asesinaron a Lorca; meses después, otros desalmados fusilaron a Muñoz Seca. Otros tantos cayeron de un lado u otro del río. Es cierto que la obra que dejó el poeta de Granada es la más honda de todos los artistas que perecieron en la Guerra Civil, pero si sintiéramos pena solo por los buenos escritores, la mayoría de los que publican estarían en el olvido que seremos. ¿Vale más la vida de un escritor que la de un campesino de 1936? Digo: Lorca es un poeta cumbre, pero a veces parece que fuera el único mártir de aquella contienda resucitada. A Lorca se le reivindica por ser una presa de los fascistas que puntuaba en el melladero y por ser, además, homosexual. Algunos se han inventado que le dijeron: «Esto por maricón». Como marica extrovertido, era más explícito Luis Cernuda, más desinhibido, más guapo, tal vez más valiente, y un poeta gigante. O Aleixandre, que eligió España antes que el exilio, manteniendo su cama caliente cuando lastimosa y clandestinamente tocaba. En el 48 le escribe al también poeta Carlos Bousoño, su amante: «¡Qué verdadera mística es el amor! ¿Te acuerdas de aquellas horas, en el cuarto, mirándonos, besándote, sonriéndonos, fundiéndonos?». Se llevó el premio Nobel. Aunque no quiero imaginar lo que debe ser una relación amorosa entre dos poetas. A ver quién muere antes en la escritura, hablándose como se escribe. Ahí sí que habría que replantearse el exilio.. Lorca, Lorquita, se impone a los demás por ser rojo, maricón y un bello cadáver que nadie encuentra, lo que acrecienta una leyenda morbosa que permanecerá siempre latente. Lorca es el gran poeta y sus circunstancias. Todo dramaturgo que se precie, sobre todo si es gay, ha de dar su visión de «La casa de Bernarda Alba» y, cómo no, de «El público». A veces, viendo la cartelera, pareciera que no hay otro autor al que reivindicar. Lorquita está todo el tiempo saliendo del armario, como si viviera en una de Jardiel Poncela, nuestro Lubitsch.. Noventa años después seguimos igual, sacando al poeta en procesión, tanto el que se mezcla con el pueblo y los gitanos como con el inexpugnable elitista que clamaba contra «las maricas de las ciudades, de carne tumefacta y pensamiento inmundo». Lorca, son unos versos descomunales, pero eso que cuentas habría que revisarlo porque se contradice con tu propio cuerpo. Dentro de noventa años estaremos devorándote mientras los otros muertos te miran con envidia corrompida.
Digo: Lorca es un poeta cumbre, pero a veces parece que fuera el único mártir de aquella contienda resucitada
Hace 90 años que unos indeseables asesinaron a Lorca; meses después, otros desalmados fusilaron a Muñoz Seca. Otros tantos cayeron de un lado u otro del río. Es cierto que la obra que dejó el poeta de Granada es la más honda de todos los artistas que perecieron en la Guerra Civil, pero si sintiéramos pena solo por los buenos escritores, la mayoría de los que publican estarían en el olvido que seremos. ¿Vale más la vida de un escritor que la de un campesino de 1936? Digo: Lorca es un poeta cumbre, pero a veces parece que fuera el único mártir de aquella contienda resucitada. A Lorca se le reivindica por ser una presa de los fascistas que puntuaba en el melladero y por ser, además, homosexual. Algunos se han inventado que le dijeron: «Esto por maricón». Como marica extrovertido, era más explícito Luis Cernuda, más desinhibido, más guapo, tal vez más valiente, y un poeta gigante. O Aleixandre, que eligió España antes que el exilio, manteniendo su cama caliente cuando lastimosa y clandestinamente tocaba. En el 48 le escribe al también poeta Carlos Bousoño, su amante: «¡Qué verdadera mística es el amor! ¿Te acuerdas de aquellas horas, en el cuarto, mirándonos, besándote, sonriéndonos, fundiéndonos?». Se llevó el premio Nobel. Aunque no quiero imaginar lo que debe ser una relación amorosa entre dos poetas. A ver quién muere antes en la escritura, hablándose como se escribe. Ahí sí que habría que replantearse el exilio.. Lorca, Lorquita, se impone a los demás por ser rojo, maricón y un bello cadáver que nadie encuentra, lo que acrecienta una leyenda morbosa que permanecerá siempre latente. Lorca es el gran poeta y sus circunstancias. Todo dramaturgo que se precie, sobre todo si es gay, ha de dar su visión de «La casa de Bernarda Alba» y, cómo no, de «El público». A veces, viendo la cartelera, pareciera que no hay otro autor al que reivindicar. Lorquita está todo el tiempo saliendo del armario, como si viviera en una de Jardiel Poncela, nuestro Lubitsch.. Noventa años después seguimos igual, sacando al poeta en procesión, tanto el que se mezcla con el pueblo y los gitanos como con el inexpugnable elitista que clamaba contra «las maricas de las ciudades, de carne tumefacta y pensamiento inmundo». Lorca, son unos versos descomunales, pero eso que cuentas habría que revisarlo porque se contradice con tu propio cuerpo. Dentro de noventa años estaremos devorándote mientras los otros muertos te miran con envidia corrompida.
