Una de dos. O este gobierno es más desastre de lo que sabíamos, o lo que está ocurriendo en Ceuta obedece a una forma de actuar con vistas a tomar decisiones de fuerza mayor cuando la situación esté fuera de control. Lo primero no es imposible, sino lo normal en un Ejecutivo que derrapa cada vez que tiene que gestionar algo, llámese pandemia, Dana, incendios o apagón. A Sánchez y sus ministros no les ha llevado Dios por el camino del buen hacer sino por el de la ineptitud, de manera que cualquier problema menor lo agravan hasta el extremo de convertirlo en imposible. No de otra forma se explican los brazos cruzados tras la riada de Valencia o ante los montes ardiendo. Claro que una cosa es hacerlo mal y otra no hacer nada. Se pueden cometer errores, pero cuando se trata de inacción, o es ineptitud suprema o es que hay algo tras esa manera de actuar incomprensible.. Admitiendo que el Gobierno pudiera haberse visto desbordado el día de la avalancha, la no reacción posterior y una pasividad extrema, han convertido Ceuta en un lugar inhabitable, con inmigrantes descontrolados, playas hacinadas llenas de excrementos, grupos armados con palos, azadas, tijeras, sierras o cristales, bandas que agreden a pedradas a militares, acoso a los vecinos, violaciones, peleas y permisividad ante unos invasores que parecen aumentar en vez de reducirse. El jefe del Mando Único acusa de racista a los ceutíes, igual que la ministra de Sanidad, mientras Defensa pelea con Interior y Sánchez sigue en Babia, ahora ordenando al Rey que visite Ceuta, cuando antes le decía lo contrario.. Tal es la acumulación de despropósitos, que abundan las interpretaciones sobre un comportamiento tan incalificable como inconcebible. La primera, que nuestro presidente hubiera alcanzado ya algún tipo de compromiso para que, en vista del caos y la ingobernabilidad de la ciudad, se llegue a una solución de soberanía compartida por España y Marruecos, o bien una salida a la andorrana, tierra tan querida por Pedro: estatus de ciudad independiente con jefatura de Estado bicéfala y simultánea. Paz por cosoberanía sería la fórmula. Para llegar a ese acuerdo, con el visto bueno de USA y la UE, la situación debe empeorar aún más. En ello estarían algunas de las presuntas ONG financiadas por Soros, el amigo de Sánchez, según denuncia la diputada socialista marroquí Nabila Mounib. De manera que estando todo tan mal, una salida de cosoberanía sería bien acogida por las partes para evitar males mayores. Y si la situación se pone ingobernable, igual Sánchez «no tiene más remedio» que declarar el estado de Alarma, de Excepción o de Sitio. Algo que debió hacer el día de la avalancha, para actuar con garantías devolviendo a los invasores. Como no lo hizo, la situación empeora. Si empeora aún más, la declaración de uno de los tres tipos de Estado de excepcionalidad estaría justificada, con una consecuencia «fortuita»: no se puede disolver el Parlamento mientras estén en vigor, según el artículo 116 de la Constitución. Sin elecciones, tendríamos Sánchez para rato.. Algo que está ya en los mentideros y va a ser denunciado en muchas de las manifestaciones convocadas para mañana en España en apoyo y auxilio de Ceuta para reivindicar su españolidad incuestionable con gritos como «no estáis solos, Ceuta no se vende».
La co-soberanía es el precio que pretenden para la paz en la ciudad
Una de dos. O este gobierno es más desastre de lo que sabíamos, o lo que está ocurriendo en Ceuta obedece a una forma de actuar con vistas a tomar decisiones de fuerza mayor cuando la situación esté fuera de control. Lo primero no es imposible, sino lo normal en un Ejecutivo que derrapa cada vez que tiene que gestionar algo, llámese pandemia, Dana, incendios o apagón. A Sánchez y sus ministros no les ha llevado Dios por el camino del buen hacer sino por el de la ineptitud, de manera que cualquier problema menor lo agravan hasta el extremo de convertirlo en imposible. No de otra forma se explican los brazos cruzados tras la riada de Valencia o ante los montes ardiendo. Claro que una cosa es hacerlo mal y otra no hacer nada. Se pueden cometer errores, pero cuando se trata de inacción, o es ineptitud suprema o es que hay algo tras esa manera de actuar incomprensible.. Admitiendo que el Gobierno pudiera haberse visto desbordado el día de la avalancha, la no reacción posterior y una pasividad extrema, han convertido Ceuta en un lugar inhabitable, con inmigrantes descontrolados, playas hacinadas llenas de excrementos, grupos armados con palos, azadas, tijeras, sierras o cristales, bandas que agreden a pedradas a militares, acoso a los vecinos, violaciones, peleas y permisividad ante unos invasores que parecen aumentar en vez de reducirse. El jefe del Mando Único acusa de racista a los ceutíes, igual que la ministra de Sanidad, mientras Defensa pelea con Interior y Sánchez sigue en Babia, ahora ordenando al Rey que visite Ceuta, cuando antes le decía lo contrario.. Tal es la acumulación de despropósitos, que abundan las interpretaciones sobre un comportamiento tan incalificable como inconcebible. La primera, que nuestro presidente hubiera alcanzado ya algún tipo de compromiso para que, en vista del caos y la ingobernabilidad de la ciudad, se llegue a una solución de soberanía compartida por España y Marruecos, o bien una salida a la andorrana, tierra tan querida por Pedro: estatus de ciudad independiente con jefatura de Estado bicéfala y simultánea. Paz por cosoberanía sería la fórmula. Para llegar a ese acuerdo, con el visto bueno de USA y la UE, la situación debe empeorar aún más. En ello estarían algunas de las presuntas ONG financiadas por Soros, el amigo de Sánchez, según denuncia la diputada socialista marroquí Nabila Mounib. De manera que estando todo tan mal, una salida de cosoberanía sería bien acogida por las partes para evitar males mayores. Y si la situación se pone ingobernable, igual Sánchez «no tiene más remedio» que declarar el estado de Alarma, de Excepción o de Sitio. Algo que debió hacer el día de la avalancha, para actuar con garantías devolviendo a los invasores. Como no lo hizo, la situación empeora. Si empeora aún más, la declaración de uno de los tres tipos de Estado de excepcionalidad estaría justificada, con una consecuencia «fortuita»: no se puede disolver el Parlamento mientras estén en vigor, según el artículo 116 de la Constitución. Sin elecciones, tendríamos Sánchez para rato.. Algo que está ya en los mentideros y va a ser denunciado en muchas de las manifestaciones convocadas para mañana en España en apoyo y auxilio de Ceuta para reivindicar su españolidad incuestionable con gritos como «no estáis solos, Ceuta no se vende».
